Secretos de despacho

Jorge Badía: “Los hombres no piden la reducción de jornada”

Jorge Badía ocupa desde hace un año un elegante y sobrio despacho, libre de papeles.

Jorge Solana, en su despacho de Cuatrecasas, en Madrid
Jorge Solana, en su despacho de Cuatrecasas, en Madrid

Hace un año que se mudó a Madrid, todo un descubrimiento para este barcelonés, que desde entonces ocupa el cargo de socio director del despacho de abogados Cuatrecasas, Gonçalves Pereira. Jorge Badía, de 53 años, lleva cerca de tres décadas ejerciendo como abogado en este bufete, al que califica como una gran escuela de la vida, “con valores éticos, con un ambiente de meritocracia y de apuesta por el talento”.

Alguien le dijo un día, cuando empezaba, que si quería podía llegar a ser socio del despacho. Ese era uno de los objetivos, pero no el único:“Aprendí a amar el Derecho y mi profesión”. En la familia de Badía no había antecedentes de letrados, oficio que ha ido descubriendo a medida que se sofisticaba esta disciplina. “Ha variado mucho, antes no había especialización. Empecé en la práctica de litigación y arbitraje. De hecho fui uno de los que la puso en marcha”, explica en su elegante despacho, de la calle Almagro de Madrid.

El espacio, vecino del que ocupa el presidente, Rafael Fontana, es sobrio, decorado, como el resto de las estancias de los responsables y socios del despacho, en tonos oscuros y con vistas a una terraza, frondosa en vegetación.

Cree que la clave de la abogacía se encuentra en el talento, “es la base de este negocio, que requiere de esfuerzo, de sacrificio y de horas de trabajo, ya que aquí no dejamos las máquinas tejiendo por la noche”, explica. Desde su puesto, intenta fomentar el trabajo en equipo, la colaboración entre todos y sobre todo apostar porque los jóvenes abogados puedan desarrollar una carrera profesional dentro del despacho. “Aquí no se viene a hacer un trabajo, se viene a hacer carrera”. Y añade que recientemente se han nombrado a ocho nuevos socios en destinos cada vez más distantes, en Londres, México y Colombia.

“Esta casa ofrece un mundo de oportunidades y estamos haciendo un esfuerzo y tenemos planes para que las mujeres también puedan desarrollar una carrera de éxito”. Reconoce que este es una de las prioridades de Cuatrecasas en estos momentos. “Mi generación no tuvo esa necesidad por la conciliación, ya que ponía el trabajo en el centro de sus vidas, pero ahora si queremos atraer el talento bueno tenemos que implantar medidas y acabar con rémoras del pasado”. Y recuerda que en el despacho tienen en marcha el programa Mujer y Talento, con el fin de ofrecer las herramientas necesarias para poder superar este hándicap que culturalmente está arraigado también en las mujeres. “Tenemos también una iniciativa de reducción de jornada, a la que se acogen solo mujeres, que tienen una reducción salarial y facturan lo mismo que aquellos que no la tienen. Trabajaban lo mismo que los hombres en menos horas”. El problema, añade, es que “los hombres no cogen la reducción de jornada”.

Jorge Badía no tiene papeles en su despacho, es más, asegura que es un defensor de la filosofía paperless. “Somos consumidores de papel pero es un tema de hacer el trabajo de forma más efectiva”. Siempre va acompañado de su inseparable iPad y define su función como socio director, como la de un coordinador de energías individuales. Su gran reto es continuar con la internacionalización del despacho, además de ocuparse de los nuevos proyectos, “y dedicarle tiempo a escuchar y a ser inspirador, porque aquí lo de dar órdenes no sirve de nada”.

Una brújula como compromiso

Jorge Badía: “Los hombres no piden la reducción de jornada”

Dice que su puesto es de igual a igual que el del resto del equipo de socios. “Tengo que inspirarles porque dirijo a profesionales que son libres, son socios de la casa y no puedo enmendarles cuestiones técnicas a abogados que trabajan 16 horas al día”, afirma Jorge Badía.

Reconoce que los sillones que tiene en el despacho son los de un confesor, donde escucha todas las peticiones y sugerencias que le llegan. El espacio no tiene un exceso de elementos decorativos. “Tengo las cosas justas, despejado de cosas que me distraigan, pero lo que más valoro es la terraza que tengo, desde la que descubro el paso de las estaciones a través de las plantas”. En la estancia hay dos piezas de arte, una pintura de Jordi Fulla y una fotografía de Luis Asín, procedentes de la colección del despacho de abogados.

Asegura que detesta los excesos, y si son en decoración todavía más. Entre los objetos a los que tiene más aprecio se encuentra una brújula, que le regalaron cuando tomó posesión de su nuevo cargo como socio director. “Me comprometí a escuchar a los socios, siempre en interés del despacho”.

El mar es otra de sus pasiones, y mucho más ahora que lo tiene en la distancia. “En Madrid no lo tengo pero he descubierto un cielo espectacular”. Su jornada laboral está marcada por los constantes viajes a las oficinas internacionales de Cuatrecasas, Gonçalves, Pereira en Nueva York y Londres. En breve, viajará a Shanghái.