El lunes de los fondos

La prudencia impera al encarar las inversiones

Panel informativo en la Bolsa española. EFEArchivo
Panel informativo en la Bolsa española. EFE/Archivo EFE

El pasado mes de abril registró toda una batería de datos que en apariencia apuntarían a una cierta estabilización de la coyuntura económica global pero, bajo la superficie, la supuesta mejora sigue todavía ausente. Buena parte del mejor tono al que aluden muchos analistas se encuentra en realidad relacionado con la continuación de la mejora en la evolución de los mercados financieros, como índices bursátiles y primas de riesgo, respecto a los mínimos de mediados del pasado febrero.

Sin embargo, tanto indicadores de consumo como de producción industrial, como de resultados corporativos apuntan a una clara y continuada fragilidad de la economía mundial. Así mismo, los indicadores adelantados de actividad a nivel global siguen sin dar muestras claras de darse la vuelta respecto a su tendencia descendente.

Una excelente referencia del verdadero tono global a corto plazo es el índice compuesto de actividad PMI Manufacturero Global de JP Morgan, elaborado en conjunción con Markit.
Este índice mide los cambios en la actividad manufacturera global de un mes a otro. La agregación de resultados está basada en encuestas con la obtención de datos reales y proyecciones entre un amplia muestra de grandes empresas de todo el mundo.

Un valor por encima de 50 indica expansión mientras que por debajo de 50 señala contracción de la actividad. Pues bien, en abril los resultados fueron pobres por no decir paupérrimos (un 50,1), en el límite entre expansión y recesión y el segundo peor dato en cinco años, por lo que la “recuperación” desde luego ni está ni se le espera a corto plazo.

¿Es posible una recuperación económica sin la del sector manufacturero? Esta es una pregunta del todo relevante ya que está muy extendido el argumento, en particular en referencia a las economías desarrolladas, con Estados Unidos a la cabeza, de que el sector industrial hoy en día tiene un peso menor en la composición del Producto Interior Bruto (PIB).

Así, se aduce que el sector servicios viene pesando en las economías desarrolladas del orden de más de dos terceras partes del total por lo que, mientras este muestre cierto dinamismo o al menos resista, no importa demasiado que el sector industrial esté rondando la recesión.

Existe bastante literatura sobre el tema. Entre ella, un libro del año 1987 pero plenamente actual, escrito por Stephen Cohen, titulado “Las Manufacturas Importan: El Mito de la Sociedad Post Industrial”. En este interesante libro se expone con detalle cómo la producción industrial está mucho más relacionada con el sector servicios de lo que nos pudiéramos imaginar y por tanto con el conjunto de lo que es una economía moderna.

No obstante, más allá de disquisiciones teóricas, el índice ISM Manufacturero de Estados Unidos, quizás el índice de actividad agregado más conocido y más longevo, pone de manifiesto que no ha habido recuperación económica que no haya venido precedida o acompañada de una recuperación del índice Manufacturero ISM. Por ello, entre otras cosas, mientras no veamos un rebote sostenido de dicho índice tenderemos a ser escépticos sobre la posibilidad de una recuperación real inminente.

Durante buena parte del mes de abril el rebote alcista que comenzó a mediados de febrero tuvo cierta continuidad aunque en los últimos días del mes y primeros de este mes de mayo ha comenzado una corrección que se extiende a prácticamente todos los índices bursátiles y de bonos de riesgo.

Nuestra visión del mes pasado y desde el otoño de 2015 no ha cambiado y la temporada de publicación de resultados empresariales, correspondiente al primer trimestre de 2016, pone de relieve la debilidad del sector corporativo.

Si bien en Estados Unidos los resultados hasta la fecha son un poco mejores que los de las últimas estimaciones, la realidad es que los beneficios están siendo del orden del 5%-7% inferiores a los del mismo trimestre de hace un año.

Además, hay que resaltar que son muy inferiores (doble dígito amplio) a los que las propias compañías y el consenso de analistas pronosticaban hace un año, lo que puede llevar a hacernos una idea del estrés financiero al que comienzan a estar sometidas algunas empresas que esperaban (y habían planificado su producción y negocios consecuentemente) mayores niveles de actividad.

El mercado de bonos de alta calidad también estaría indicando cierto escepticismo sobre el “rally” de los dos últimos meses ya que los rendimientos siguen contenidos así como los diferenciales entre el segmento corto y largo de las curvas de tipos.

Los desarrollos del mes de abril no cambian nuestra visión de los meses anteriores con respecto al posicionamiento prudente que sería recomendable en las carteras de inversión en estos momentos. Desde un punto de vista táctico, los indicadores macro y de mercados que manejamos refuerzan el mensaje de que la visibilidad es escasa y las expectativas de alzas sostenidas en la mayor parte de activos de riesgo limitadas.