Tribuna

Creencias que hacen parecer torpe al inversor

Niegan los inversores la complejidad de la realidad e intentan tomar atajos injustificados con el fin de poder sacar alguna conclusión de la ingente cantidad de información de que disponemos?
Consideren las ventas de libros en papel, que uno podría suponer que son una causa perdida en la era de los libros digitales; sin embargo, las últimas estadísticas muestran que están aumentando. O las ventas récord de los discos de vinilo, que crecen espectacularmente en medio de una fiebre por lo vintage.
Parece que las creencias populares son a menudo erróneas y pueden prevalecer fácilmente, espoleadas por la opinión de personas en medios influyentes. Veamos algunos ejemplos:
l La tecnología es una apuesta segura. Para empezar, considérese el optimismo sobre los milagros de la tecnología, un acto de fe para personas por debajo de los 60 años. Sin embargo, como argumenta Martin Wolf en Foreign Affairs, los tecnooptimistas están simplemente equivocados. Los recientes avances son comparativamente pequeños con los de hace 100 años. Todos podríamos beneficiarnos si adoptásemos una perspectiva de más largo plazo sobre lo que podemos esperar de manera realista de la tecnología.
l La ética de Wall Street es la culpable de nuevo. ¿Pueden los inversores atribuir la mayoría de las cosas que van mal en la economía a la cuestionable ética de Wall Street? Solo de manera anecdótica la crisis financiera global puede ser atribuida a la avaricia de los profesionales financieros. Un estudio reciente del Journal of Business Ethics revela que los profesionales financieros no son menos éticos que la población media.
l Es fácil detectar a un mentiroso. Otra creencia popular tiene que ver con la facilidad de identificar comportamientos engañosos, una práctica que de acuerdo a los titulares de los periódicos es común en la industria financiera. Un informe reciente en el Journal of Behavioral Finance sugiere que los profesionales financieros creen que pueden identificar mentiras. Según los participantes del estudio, la gente poco fiable actúa de manera nerviosa y evitan el contacto visual, que es exactamente lo que uno esperaría. Sin embargo, parece ser que ningún estudio ha logrado identificar hasta la fecha ningún signo claro sobre la veracidad de dichos comportamientos.
l La beta inteligente es la reina. Las estrategias de betas inteligentes son transparentes, basadas en reglas y de bajo coste, ya que replican mecánicamente patrones estadísticos históricos asociados con estrategias que, una vez ajustadas al riesgo, produce rentabilidades elevadas. Aunque las estrategias beta inteligentes forman parte de una industria creciente de 300.000 millones de dólares y se integran en la gestión pasiva, tienen todavía un componente activo, ya que requieren reequilibrar las carteras cada cierto tiempo para capturar la exposición a los componentes de riesgo deseados.
A pesar de ser betas inteligentes, una fila de premios nobel nos dice que en realidad son torpes. Por citar solamente a dos, Eugene Fama y William Sharpe han condenado las betas inteligentes y a sus defensores. “¿Me estás diciendo que esto es bueno para todos porque tú y tus amigos sois realmente listos, que la gente que sigue estrategias pasivas son tontos y que la gente que infrapondera tus acciones favoritas son realmente tontos? Si tú y tus amigos vais a sobreponderar acciones value y mis amigos y yo vamos a tener fondos indexados, alguien en algún lugar va a infraponderar las acciones value. Si tú eres listo y yo tonto, entonces la gente en el otro lado de las posiciones debe ser realmente estúpida. Si tu historia es que has encontrado una forma de explotar la estupidez y estás en lo correcto, sugeriría que antes de que pase mucho tiempo, los inversores realmente tontos empezarán a escoger fondos indexados o a moverse en tu dirección, como también lo harán algunos de los fondos indexados. Si es así, tu ventaja disminuirá y eventualmente desaparecerá”.
Un defensor de los mercados eficientes argumentaría algo parecido, pero hay otros problemas técnicos con las betas inteligentes. Un equipo del EDHEC-Risk Institute y del ERI Scientific Beta ha evaluado la consistencia de los rendimientos de las estrategias beta inteligentes. Su investigación ha evaluado las causas de la falta de consistencia y ha sugerido algunas modificaciones. Sus conclusiones reiteran los peligros de la manipulación de datos (data mining) y de la falta de transparencia, recordándonos que el inversor debe estar preparado incluso con estrategias que parecen libres de toda distorsión.

Mark Harrison / Javier López Bernardo: Director de publicaciones de CFA Institute / Miembro de CFA Spain. Analista de inversiones en BrightGate Capital