Editorial

Administración de fincas y CNMC

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se está destacando por una intensa actividad y la continua apertura de nuevos frentes. Bienvenida sea esta si consigue el anhelado objetivo de mejorar la regulación e impulsar la sana competencia en la economía. Es lo deseable en su actual enfrentamiento con el Consejo General de Administradores de Fincas, con cuyos estatutos ha sido muy crítica la institución pública.

Estos, un colectivo de 15.500 profesionales, han acogido con estupor el informe de la CNMC que fulmina hasta cinco puntos de los nuevos estatutos e incide con especial fuerza en la colegiación obligatoria, requisito que siguen exigiendo los administradores de fincas para ejercer la profesión, y que el organismo de control insta a eliminar por considerarla una barrera a la competencia y una traba para una economía eficiente.

Lo cierto es que la demanda de estos profesionales es en este punto contraria a la doctrina de liberalización de los colegios no solo de Bruselas, sino también del FMI o de la OCDE. Un agrio escenario para cuya salida deben encontrar la mejor solución las partes, siempre salvaguardando la competencia, y que ya estaría resuelto si estuviese aprobada de una vez la ley de colegios profesionales, una de las tareas que deja pendiente el Gobierno saliente y que debe fijar las profesiones que por sus características sí requieren colegiación obligatoria.