Editorial

Un déficit fiscal de los ingresos

España tiene el déficit fiscal más abultado de Europa, con la única excepción de Grecia, con un 5% de su PIB. Un desequilibrio que tiene una explicación puntual en un comportamiento poco generoso de los ingresos y un gasto público tendente a la expansión de un año plagado de eventos electorales. Pero un vistazo más profundo a la posición que España ocupa en materia de ingresos y de gastos en Europa permite concluir que el problema español es fundamentalmente de ingresos. Es, de los 28 países de la Unión, el quinto con peor porcentaje de ingresos fiscales sobre su PIB, solo superado por países del Este europeo con Estados de bienestar nacientes, o por Irlanda, país con la actividad empresarial cuasi desfiscalizada.
Este déficit de ingresos (captura el 38,2% del PIB en impuestos, frente al 46,6% de la eurozona) solo es explicable por una presión fiscal individual baja o una laxitud extrema en la conciencia fiscal de los contribuyentes, acompañada con un pobre sistema fiscalizador, o una combinación de las tres. Independientemente de que el tamaño del Estado (el gasto) pueda ser revisado para adaptarlo a las posibilidades reales de los contribuyentes, los Gobiernos deben extremar el celo en la gestión tributaria, y decirle a las administrados qué impuestos deben pagar para sostener determinado nivel de servicios.