El futuro de la economía europea

El 63% de las ventas exteriores de la UE va a otro país vecino

Los presidentes de España e Italia, Mariano Rajoy y Mateo Renzi; la canciller alemana Angela Merkel, el primer ministro británico David Cameron y el presidente francés, Francois Hollande.
Los presidentes de España e Italia, Mariano Rajoy y Mateo Renzi; la canciller alemana Angela Merkel, el primer ministro británico David Cameron y el presidente francés, Francois Hollande. Reuters

Las empresas españolas destinaron en 2015 más de la mitad de sus ventas de bienes a la zona euro y cerca del 65% a naciones integradas en la Unión Europa. Los porcentajes de las importaciones fueron levemente inferiores, pero también revelan un gran grado de dependencia comercial de los socios comunitarios. Esas cifras se han mantenido prácticamente inalterables en los últimos seis años y muestran el papel de la UE como refugio de las compañías españolas tanto en los ciclos recesivos como los expansivos.

Los planes puestos en marcha por los Ejecutivos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy para diversificar el destino de los intercambios comerciales hacia América, Asia y África no han surtido los efectos deseados y los porcentajes apenas han variado desde 2008. Un fenómeno similar a lo acontecido en el resto de grandes países de la UE (Alemania, Francia, Italia, Holanda y Reino Unido, en menor medida) que revela que la endogamia comercial no era patrimonio de España y se ha extendido en el resto de países europeos.

Un informe elaborado por Eurostat, la oficina estadística comunitaria, analiza los intercambios comerciales de los 28 países de la UE (exportaciones e importaciones) y los clasifica en función de los tres primeros países a los que vende o compra bienes. Y las conclusiones son evidentes. El 63% de las exportaciones se destinan a países vecinos. Catorce naciones, la mitad de las que conforman la UE, (Bélgica, República Checa, Estonia, España, Croacia, Chipre, Luxemburgo, Hungría, Holanda, Polonia, Portugal, Rumanía, Eslovenia y Eslovaquia) tienen a tres países europeos como sus tres principales socios comerciales. Entre ellas está España que destina el 34% de sus exportaciones a Francia, Alemania y Reino Unido. A continuación hay otro grupo de doce países (Bulgaria, Dinamarca, Alemania, Irlanda, Grecia, Francia, Italia, Letonia, Lituania, Malta, Austria y Finlandia) que tienen a un país de fuera de la UE entre sus tres principales socios. Finalmente hay dos países (Suecia y Reino Unido), que tienen a dos países de fuera de la UE entre sus tres principales compradores. Noruega y EE UU, en el caso sueco, y y EE UU y Suiza en el de los británicos.

Irlanda es el país que más beneficio obtiene de sus relaciones con socios comerciales extracomunitarios. El 24% de sus ventas al exterior se destinan a EE UU, gracias en gran medida a una política impositiva mucho más laxa para las empresas, lo que favorece la implantación de filiales para posteriormente vender al país de origen.

Otra conclusión que se desprende del informe es la dependencia de muchas economías europeas de la demanda procedente de Alemania, ya que es el primer comprador de 16 países europeos, entre ellos España. De esta manera, la mayor o menor debilidad económica de Alemania condiciona de manera específica la evolución de las ventas al exterior de muchos países europeos. Especialmente elevado es el porcentaje de República Checa, con un 32% del total de sus exportaciones, o de Austria, con un 29%.

En el lado de las importaciones, los porcentajes son muy similares y muestran también la dependencia europea de la locomotora alemana, que es el primer proveedor de 17 países. Especialmente significativos son los porcentajes de Austria y Portugal, dos países de la zona euro, que compran a Alemania el 42% y el 32% de los bienes que importan.

Unos porcentajes que abocan a todas esas naciones a un aislamiento del resto del mundo. Por un lado, los planes de ajuste (menos gasto y más impuestos como norma general) van a reducir el crecimiento ya de por sí magro (el PIB europeo no ha crecido más del 2% desde 2007) y la demanda interna va ir decreciendo a medida que la población vaya envejeciendo como consecuencia de las bajas tasas de natalidad. Las últimas proyecciones de población de la Comisión Europea abundan en ese sentido: Alemania perderá cinco millones de habitantes en los próximos veinte años y el porcentaje de población de la UE por encima de los 65 años se duplicará en 2060 será del 30% frente al 17,4% actual.

En el otro lado, surgen los emergentes de Asia y América con poblaciones jóvenes, con crecimientos del PIB muy por encima de la media de la UE y con tratados de libertad comercial que profundizan en el aislamiento de Europa respecto al resto de países. El Tratado Transpacífico, firmado el pasado 4 de febrero, supone el acuerdo de liberalización comercial más importante entre catorce países (EE UU, Japón, Vietnam, Perú, México, Malasia, Canadá, Australia, Singapur, Nueva Zelanda, Chile y Brunei) y ha desplazado el centro de gravedad de la economía mundial desde el Atlántico, que unía Europa y América, al Pacífico, que une América y Asia.

El 'Brexit' y las elecciones en EE UU amenazan al TTIP

El negociador jefe de la UE para el TTIP, Ignacio García Bercero
El negociador jefe de la UE para el TTIP, Ignacio García Bercero Zuma Press

La dependencia comercial que se han creado los países europeos y el Tratado Transpacífico, que liberaliza los intercambios entre doce naciones americanas y asiáticas obligará a las delegaciones de la UE y de EE UU a acelerar las negociaciones para que el tratado de libre comercio que pretende derribar las barreras arancelarias y no arancelarias que impiden los intercambios en sectores estratégicos como alimentación y automoción entre en vigor lo antes posible

La duodécima ronda de negociación entre ambas delegaciones se cerró a finales de marzo con avances en algunos sectores (automoción, química, cosméticos, ingenieros, tecnología de la información, dispositivos médicos, pesticidas, medicamentos y textil). En las conclusiones, el negociador jefe de la delegación europea, Ignacio García Bercero, dejaba claro que los plazos iban según lo previsto. “Estamos preparados para concluir nuestras negociaciones a finales de 2016, toda vez que hemos comprobado que estamos de acuerdo en lo sustancial”, aseguró en su discurso.

En el horizonte a corto y medio plazo, sin embargo, subsisten los obstáculos políticos. En el lado europeo, Reino Unido se prepara para el referéndum que puede dictar su salida de la Unión Europea. Si finalmente se produce, España e Italia perderían al principal valedor de la liberalización comercial con EEUU y el eje formado por Alemania y Francia, más contrario al TTIP, ganaría fuerza.

En el lado de EEUU, las elecciones se celebrarán en noviembre y los dos candidatos que encabezan las listas para representar a demócratas y republicanos (Hillary Clinton y Donald Trump) se han mostrado contrarios al TTIP. La comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmstrom, ya descuenta que será el nuevo presidente de EE UU el que tendrá que aprobar el acuerdo de libertad comercial.

La celebración de unas elecciones en EE UU y el rechazo que tanto el candidato repúblicano Donald Trump como la demócrata Hillary Clinton han mostrado al futuro tratado de libre comercio entre EE UU y la UE, conocido como TTIP, le augura un difícil futuro que profundizará en ese aislamiento del crecimiento mundial.