Coloca 90 millones de títulos en unaoperación 'forward'

ACS sale de Iberdrola con ventas a futuro de un 1,4%

La constructora se blinda ante posibles bajadas de Iberdrola mientras ejecuta la desinversión

Florentino Pérez e Ignacio Sánchez Galán, presidentes de ACS e Iberdrola, respectivamente.
Florentino Pérez e Ignacio Sánchez Galán, presidentes de ACS e Iberdrola, respectivamente.

ACS ha comunicado a la CNMV una sofisticada operación de derivados cuyo doble objetivo es saldar su participación en Iberdrola, en la que entró en 2006 y donde disputó una sonada batalla con el presidente, Ignacio Sánchez Galán, y blindarse ante posibles bajadas en Bolsa de la participada mientras se cierra la desinversión.

El grupo que preside Florentino Pérez ha declarado que el pasado viernes realizó una venta forward de 89,98 millones de acciones, que representan el 1,4% del capital de la eléctrica. El precio tasado es de 6,02 euros por título, frente al cierre de 5,8 euros de Iberdrola en la jornada de hoy. A la espera de que sea ejecutada la operación, el grupo de infraestructuras no tendrá que deteriorar el valor de su participación si Iberdrola baja de ese nivel. De este modo pone a salvo sus resultados ante posibles oscilaciones del valor.

En una segunda operación, ACS ha contratado la adquisición de otras tantas opciones sobre acciones de Iberdrola a dos entidades financieras. Un total de 52,9 millones de opciones vencen en el último trimestre de 2018 y el comprador elige cuándo ejecuta la adquisición (opción de compra americana). El otro paquete, de 37,09 millones de opciones, tiene como fecha de vencimiento el segundo trimestre de 2019 y, de igual modo, ACS disfruta de una opción de compra americana.

El saldo de estas ventas "arroja un beneficio aproximado antes de impuestos de 95 millones de euros", según cita ACS en una nota remitida al regulador bursátil.

El segundo paso está íntimamente relacionado con el primero. Dentro de su compleja estructura de participación en Iberdrola, ACS mantiene los citados 90 millones de acciones pignoradas en los bonos canjeables de 2013 y 2014 y que iban a ser entregadas a los bonistas en el momento de su redención. Se trataba de una fórmula de venta a futuro que dejaba abierta la fórmula de pago: la constructora podía elegir si cierra su relación con los bonistas utilizando la caja o las citadas acciones. Ahora se decanta por pagar con caja el precio pactado de una media de 6 euros más un máximo del 30% de revalorización si esta llega a darse, con lo que el compromiso máximo es de 7,8 euros. La adquisición de opciones de compra cubre precisamente el escenario de revalorización, en el que ACS debía entregar las acciones más un máximo de 1,8 euros por título.

La venta forward se producirá cuando las 90 millones de acciones sean despignoradas una vez que los bonistas reclamen la redención de sus títulos o estos venzan.

La relación entre accionista y participada se convirtió en todo un choque de trenes prácticamente desde el primer momento ante la sistemática negativa a que ACS entrara en el consejo de administración. La constructora llegó a alcanzar el 20% del capital del gigante eléctrico, en el que escaló a partir de la venta de Unión Fenosa. Su entrada coincidió con el momento de máxima efervescencia en el sector español de infraestructuras: Sacyr se convirtió en el primer accionista de Repsol; ACS tomaba idéntico papel en Iberdrola, y Acciona se hizo con el control de Endesa junto a la italiana Enel. La apuesta por el sector energético, especialmente por la toma de posiciones en el capital de cotizadas y la promoción de renovables, terminó pasando factura.


La batalla que duró una década

En septiembre de 2006, en pleno boom financiero, ACS tomó un 12% de Iberdrola, al parecer, por invitación del propio presidente de la eléctrica, Ignacio Galán. El grupo de Florentino Pérez seguía así los pasos de otras constructoras que salieron en defensa de las energéticas nacionales que, como Endesa (que sufrió tres opas y acabó en manos de Enel), eran asediadas por inversores extranjeros con acceso a dinero barato. Tal fue el caso de Acciona con Endesa o Sacyr con Repsol.

Pero lo que pareció una entrada amistosa se convirtió en una de las más cruentas batallas empresariales habidas en España. En una primera fase, Galán cerró las puertas del consejo de Iberdrola a ACS alegando que el control que ejercía a la sazón sobre Unión Fenosa, en la que tenía un 45%, le impedía, por tener ambas eléctricas la consideración de operador dominante, tener representación en ambos órganos de gobierno.

Sin embargo, aunque nunca logró el ansiado sillón en el consejo de Iberdrola, al que tenía derecho por su 12% (un 6,67% directamente y el resto en derivados) mantuvo por cuatro años los derechos políticos en las juntas generales. De hecho, en connivencia con el entonces presidente de Sacyr, Luis del Rivero, que aspiraba al control de Repsol, Florentino Pérez logró del Gobierno de Zapatero en 2009 una importante modificación de la Ley de Sociedades Anónimas:eliminar el límite de los derechos de voto, hasta entonces, situado en un 10%. Una medida conocida como la enmienda Florentino.

Aquella junta de 2010
La salida de Fenosa en 2009, que vendió a Gas Natural, permitió a ACS librarse de la traba que le impedía estar en el consejo de Iberdrola y reforzarse en su capital, cuyo paquete amplió hasta casi el 20% (casi todo mediante apalancamiento).

La aplicación de la enmienda Florentino le permitiría ejercer sus derechos de voto en la junta por la totalidad de sus acciones y, a través de ella, acceder al consejo. Además, ACS buscó y logró el apoyo de la francesa EDF, que llegó a adquirir en derivados un 3% de la eléctrica española, como paso previo a una alianza con la constructora para controlar Iberdrola. EDF quedó liada en la maraña judicial tejida por Galán y no tardó en abandonar.

La batalla llegó a su zénit en 2010 en Bilbao, cuando en la multitudinaria y politizada junta de accionistas de marzo, su consejo expulsó al vocal nombrado por ACS y le prohibió el ejercicio de los derechos de voto. José María Loizaga, nombrado por representación proporcional, apenas ocupó su cargo media hora. La medida se justificó en que los estatutos de Iberdrola (modificados varias veces ad hoc) impedían ejercer el voto a un rival (aunque ya se había ido de Fenosa, ACStenía activos de renovables e ingeniería, se argumentó). La expansión del grupo en aquellos años, con la compra de Scottish Power y la estadounidense Energy East, que le dio mayor tamaño, y reiteradas ampliaciones de capital se consideraron también parte del blindaje contra ACS. Además, Galán logró que el PP derogara la polémica enmienda.

La historia se completó con una sucesión de pleitos entre Bilbao y Madrid (jueces locales fueron acusados de favorecer a la eléctrica), que ya han decaído. Y la crisis económica hizo el resto:ACS comenzó su retirada entre 2011 y 2012 cuando optó por el control de la alemana Hochtief.