El yihadismo ataca la capital de la UE

Velas en la Plaçe de la Bourse, Bruselas.
Velas en la Plaçe de la Bourse, Bruselas. Getty Images

La hidra de la yihad europea golpeó ayer en Bruselas, la ciudad que había utilizado hasta ahora como caldo de cultivo para reclutar combatientes para Siria y como retaguardia para preparar las recientes matanzas en varios lugares de Europa, en particular, la del pasado 13 de noviembre en París. La capital europea sufrió el peor atentado de su historia entre las ocho y las nueve de la mañana de un martes aparentemente anodino, en el que parte de la ciudad rodaba ya a un ralentí previo a las vacaciones de Pascua.

Dos ataques suicidas casi simultáneos dejaron un balance provisional de 34 muertos y casi 200 heridos. Según informaciones proporcionadas por el ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, cuatro personas de nacionalidad española están entre los heridos, aunque de acuerdo a los datos recabados, ninguno reviste gravedad.

Registros para encontrar al terrorista huido

Foto de la policía belga con el presunto terrorista huido.
Foto de la policía belga con el presunto terrorista huido. AFP

El fiscal federal de Bélgica, Frédéric Van Leew, informó ayer de que las fuerzas del orden habían empezado registros e interrogatorios en diversos puntos del país en busca de un hombre, que se sospecha que pudo ser el tercer terrorista del comando que atentó en el aeropuerto de Bruselas.

Además, las fuerzas de seguridad belgas encontraron un artefacto explosivo, productos químicos y una bandera del grupo terrorista Estado Islámico en el registro de una vivienda en el distrito bruselense de Schaerbeek, según informó la Fiscalía Federal de Bélgica en un comunicado.

La nota precisa que se trataba de “un artefacto explosivo con tornillos, entre otros elementos, así como productos químicos”. Las autoridades belgas señalaron que la investigación sigue abierta. Van Leew, que compareció ante la prensa junto al primer ministro, Charles Michel, señaló que la policía tiene una foto foto con tres hombres, sospechosos de ser los autores del ataque contra el aeropuerto.

“Dos, probablemente, cometieron un acto suicida. El tercero está siendo activamente buscado”, precisó Van Leew, que indicó que se realizan registros e interrogatorios en diversos puntos de Bélgica. Señaló también que “el departamento de lucha antiterrorista de la Fiscalía Federal ha abierto la investigación y se han nombrado tres fiscales especializados en terrorismo” para realizar las pesquisas, al tiempo que informó que las fiscalías de Bruselas y Vilvoorde han realizado ya varios interrogatorios.

Desde primera hora de la tarde de ayer se habían filtrado informaciones sobre operaciones antiterroristas en la zona cercana a la plaza Louise de Bruselas, cerca de la estación de metro Maelbeek donde se produjo uno de los atentados, y en los alrededores de la estación de Schaerbeek. El fiscal indicó que se está verificando la reivindicación de los atentados por parte del Estado Islámico y consideró que “es todavía demasiado pronto para establecer un vínculo formal con los atentados de París” del pasado 13 de noviembre.

El primero de los ataques que vivió la capital belga se dirigió contra el aeropuerto; habrían participado en él dos terroristas suicidas y un tercero que habría huido y que está siendo buscado. La policía encontró junto a un terrorista muerto un kalasnikov y un cinturón de explosivos sin explotar. El segundo ataque, una hora después, se produjo contra la estación de metro de Maelbeek, situada junto a las principales instituciones de la UE, y cometido también por un atacante suicida, según la policía.

La selección de los objetivos dejó claro que los atentados no iban dirigidos tanto contra Bruselas como capital de Bélgica como contra su condición de capital europea. Los 28 presidentes de Gobiernos de la UE, incluido el español, emitieron poco después un comunicado de condolencia en el que agradecieron al Gobierno y al pueblo belga “su generosidad al albergar las instituciones europeas”. Y ofrecieron su compromiso de “afrontar juntos esta amenaza”.

Durante la jornada de ayer, el presidente de la Comisión Europea, Jean- Claude Juncker, mantuvo conversaciones telefónicas con varios dirigentes europeos. Además del primer ministro belga, Charles Michel, Juncker conversó con la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande. El golpe al corazón de la UE sorprende al club en un momento especialmente delicado. La errática gestión de la crisis de los refugiados ha provocado un choque tremendo entre Alemania y el resto de socios; la crisis del euro sigue coleando y mantiene a uno de los socios, Grecia, con un corralito monetario, y dentro de tres meses, el primer ministro británico, David Cameron, celebrará su referéndum sobre la continuidad de Reino Unido en la UE, con los partidarios de la salida resaltando la creciente incapacidad de Bruselas para resolver las sucesivas crisis económicas o de seguridad.

Ayer, la primera consecuencia de los atentados fue el aislamiento de la capital europea, con la cancelación de todos los vuelos desde y hacia su principal aeropuerto (que hoy tiene previsto seguir cerrado), la suspensión de los trenes de alta velocidad que unen la ciudad con otras capitales y el refuerzo de los controles por carretera en los países fronterizos. Los acuerdos de Schengen, que suprimieron la fronteras a partir de 1995, parecen cada vez más un papel mojado.

Los atentados, además, vuelven a poner en duda la seguridad de la capital europea, como ya ocurrió el pasado mes de noviembre cuando la ciudad vivió durante cuatro días en estado de sitio ante el temor del Gobierno a un ataque suicida inminente que no llegó a producirse.

Esta vez no hubo tanta suerte. “Se ha producido lo que temíamos”, señaló el primer ministro belga, el liberal Charles Michel. Su Gobierno elevó de inmediato el nivel de alerta antiterrorista al máximo nivel (4 sobre 4), el transporte urbano se suspendió (primero, el metro, y después, autobuses y tranvías) y numerosos locales (bares, restaurantes, salas de conciertos) cerraron a lo largo del día.

Bruselas duda si abrir hoy los colegios y universidades o cerrarlos como hizo en noviembre. Las autoridades, sin embargo, intentan contener la psicosis de pánico para evitar medidas draconianas como las del año pasado, cuando Bruselas se convirtió en una ciudad fantasma, algo desconocido en Europa en tiempos de paz. “El objetivo es recuperar la normalidad desde este mismo miércoles”, señaló Rudi Vervoort, ministro presidente de la región de Bruselas.

La capital empezaba ahora a recuperarse del trauma del año pasado. Y el Gobierno belga recuperó parte del prestigio perdido la semana pasada, con una operación antiterrorista que se saldó el viernes con la detención de Salah Abdeslam, el único de los presuntos autores materiales de las matanzas de París que sigue con vida. Solo cuatro días después, un comando suicida ha vuelto a paralizar la capital europea y a hundirla en un círculo vicioso de miedo y medidas de seguridad que amenaza con deteriorar gravemente la convivencia en una ciudad con un importantísimo porcentaje de población musulmana.

Las autoridades investigan si el ataque fue una venganza por la detención de Abdeslam o, más bien, la culminación de un plan que ya estaba en marcha y que las redadas de las semanas pasadas (que dejaron un presunto terrorista muerto y tres detenidos) no lograron desbaratar.

El terror, en todo caso, se activó el martes a primera hora. Dos explosiones reventaron hacia las 8 de la mañana el vestíbulo de salidas de Zaventem, el aeropuerto de la capital europea por el que pasan 23,5 millones de pasajeros al año, a razón de unas 64.000 personas diarias de media.

“A esa hora, el aeropuerto está abarrotado porque coinciden muchísimas salidas y llegadas de los primeros vuelos de otras capitales europeas, más los de los vuelos transatlánticos nocturnos”, relata un empleado de la pista con más de 20 años de experiencia en la compañía.

Las deflagraciones, atribuidas al menos a un terrorista suicida, provocaron 14 muertos y más de 80 heridos. El sobretecho de la terminal se desplomó y las cristaleras estallaron, provocando escenas de pánico y dejando a numerosas personas tendidas entre los destrozos. Bruselas estaba reaccionando a esa tragedia cuando se produjo un segundo ataque, que reventó un convoy del metro a la altura de la estación de Maelbeek, en el que murieron 20 personas y otras 116 quedaron heridas.

Se trata de una parada sin demasiado tránsito, pero tremendamente simbólica porque es la más cercana al Parlamento Europeo y se encuentra a solo unos metros de la Comisión Europea y de la sede del Consejo Europeo, donde se celebran las cumbres europeas, la última el viernes pasado, el mismo día que fue detenido Abdeslam. El barrio europeo (apenas un kilómetro cuadrado por el que transitan a diario decenas de miles de funcionarios, políticos, lobbistas y periodistas) quedó inmediatamente bloqueado.

El Parlamento Europeo suspendió “todas las misiones, reuniones y visitas programadas” para ayer por la tarde y hoy, según anunció en un comunicado su presidente, Martin Schulz. La Comisión mantuvo, dentro de lo que cabe, su agenda, pero numerosos funcionarios se vieron obligados a cancelar encuentros o abandonar sus oficinas antes de la hora prevista. La ciudad se sumió en un caos de tráfico, incluso mayor de lo habitual, con numerosas personas vagando a la búsqueda de un medio de transporte para regresar a sus casas.

El cierre del aeropuerto de Bruselas se prolongará hasta mañana, por lo que los vuelos entre España y la capital belga seguirán cancelados a lo largo de este miércoles. Más de 60 vuelos desde y hacia la capital belga en aeropuertos españoles de Madrid, Barcelona, Alicante, Bilbao, Málaga, Valencia y Canarias estaban programados para este miércoles. La compañía española Iberia anuló ayer todos sus vuelos hacia Bruselas y desde el corazón comunitario de Europa. La red europea de trenes restableció parcialmente el tráfico