Editorial

El BCE necesita más aliados para triunfar

El presidente del Banco Central Europeo recordó el pasado 10 de marzo, tras poner en marcha el más ambicioso plan de estímulos monetarios a la economía que se recuerda, que precisa de la ayuda de los Gobiernos para consolidar el crecimiento en Europa y combatir la deflación. Se refería a la palanca fiscal que los países con mayores márgenes presupuestarios y por cuenta corriente tienen en sus manos, como Alemania, que durante varios años ha desoído tales llamadas, entre otras cuestiones porque la disposición germánica al gasto es bastante limitada. Pero ayer el consejero francés del BCE, Benoît Coeuré, fue más lejos: asegura que sin un compromiso de todos los Gobiernos de la zona euro para hacer un esfuerzo reformista similar al que se hizo cuando todos los países lograron converger en el euro no será posible consolidar el crecimiento en la zona. Este nuevo proceso de convergencia, que así lo llamó, tiene que se ser un esfuerzo concertado de políticas económicas y fiscales, que incluyan reformas muy ambiciosas para elevar la productividad, flexibilizar los entornos de los negocios, mejorar las infraestructuras públicas, impulsar la inversión y crear empleo.
Brent Coeuré lamentó algo que es conocido, cual es la falta de ambición de los países tras la entrada en el euro, que provocaron la vuelta a las divergencias en materia de inflación de costes laborales o de balanza de pagos, cuyos costes se pusieron de manifiesto durante los duros años de la crisis. Europa ha adoptado demasiado tarde las políticas monetarias expansivas, y la coincidencia temporal con el frenazo de la actividad en China no ayuda a su efectividad. Si el parón del gigante asiático se traduce en una nueva oleada de deflación mundial por apostar por producir aún con precios más bajos, Europa tendrá muy complicado generar la inflación necesaria para alejar definitivamente el fantasma de la deflación. Tiene razón el BCE cuando apuesta por un nuevo esfuerzo de convergencia económica, pero siempre que suponga que la zona se convierte en el auténtico motor del crecimiento en el mundo, fortaleciendo los motores tradicionales del desarrollo de su industria, y estimulando con programas ambiciosos de inversión pública, aquellos que tienen que ver con el futuro, como la educación, el conocimiento y la tecnología.
Si en paralelo la Unión Europea tiene que reforzar sus componentes políticos, que lo haga, pero no puede asistir impotente al deterioro de un proyecto único en el mundo que parece en manos de 28 voluntades, cuando más precisa es la existencia de una sola bien reforzada. El BCE está haciendo su trabajo, pero seguirá resultando estéril si no se cuenta con el compromiso de quienes tienen el resto de las herramientas en sus manos, tanto en materia fiscal como reformadora de los mercados de bienes y servicios, para hacer un gran espacio económico.