Editorial

Estabilidad para que el empleo siga creciendo

El balance del año que acaba de finalizar, en términos de empleo, arroja un saldo de más de medio millón de nuevos cotizantes a la Seguridad Social, una cifra que equivale a la creación de 1.460 empleos de media al día. El dato constituye el mayor incremento de ocupación registrado en España desde el año 2006, hace casi diez años y antes de que la tormenta de la crisis barriera la economía y se llevara por delante de forma masiva miles de empresas y sus puestos de trabajo. Durante el año pasado, el paro disminuyó en España en más de 354.000 personas, la mayor caída de la serie histórica, que asciende a 15 años. El saldo de los dos últimos ejercicios, que coinciden con el inicio de la recuperación, arroja la creación de casi un millón de empleos. A lo largo del año pasado, el ritmo de creación de puestos de trabajo en España se incrementó respecto al de 2014, al modo de un motor que arranca y va aumentando poco a poco su aceleración.

Pese a todo ello, nuestro país sigue contando con una bolsa de paro integrada por más de cuatro millones de personas, la mitad de las cuales recibe algún tipo de prestación social. Se trata de la ingente masa de desempleados que ha dejado tras de sí la recesión; un serio reto que el sistema deberá afrontar a lo largo de los próximos años. De momento, el perfil de los yacimientos de empleo en España incluye mayoritariamente al sector servicios –ocho de cada diez nuevos puestos se crean allí–, mientras que el resto corresponden a la industria y a la construcción. Dentro de los servicios, la hostelería lideró el año pasado la generación de puestos de trabajo, seguida por el sector de la información y el de las comunicaciones. Tras ellos, se sitúan el transporte y el almacenamiento, las actividades administrativas y el comercio. En el extremo contrario se halla el sector público, que ha destruido algo más de 13.000 empleos el año pasado como parte del proceso de ajuste que ha llevado a cabo en los últimos años.

Si el balance cuantitativo constituye un éxito, al cualitativo le queda todavía mucha tarea pendiente. La radiografía de la contratación en España es, de momento, la que corresponde a un país que se halla inmerso en un proceso de recuperación económica. El ritmo de creación de contratos temporales durante el año pasado aumentó el doble que el de los indefinidos. Durante todo ese ejercicio, la economía española suscribió 1,6 millones de contratos, un 15% más que el año anterior. Pese a ese sólido impulso, no hay duda de que nuestra economía debe ir acompasando el crecimiento de la actividad a la mejora de las condiciones y la estabilidad del empleo. En ese sentido, la titánica tarea que tiene España por delante para los próximos años no es solo, con ser importante, la de crear empleos suficientes como para cicatrizar las graves heridas que ha dejado la crisis, sino también conseguir que esos nuevos puestos de trabajo ganen en estabilidad y pierdan en precariedad. Se trata de una prioridad tanto desde el punto de vista social como desde el económico. No en vano, el consumo de las familias, que ha levantado la cabeza tras largos años de anemia, ha vuelto a ejercer su papel natural de dinamizador de la actividad.

No hay recetas mágicas para conseguir ese objetivo. Únicamente reformas pragmáticas y realistas. España ha abordado ya algunas en la última legislatura –es el caso de la reforma laboral–, pero tiene por delante todavía la aprobación de grandes modificaciones legislativas que permitan liberalizar y modernizar aún más la economía y establecer un modelo más resistente a los ciclos económicos. El primer requisito para llevar a cabo esa tarea es algo de lo que España carece actualmente: consenso y estabilidad políticas. En esa línea, Mariano Rajoy pidió ayer, sin respuesta favorable, el apoyo del PSOE –también el de Ciudadanos– para liderar un Ejecutivo que ponga en marcha “algunas de las grandes reformas que necesita España”. También CEOE ha hecho un llamamiento a la cohesión y ha recordado que la recuperación debe consolidarse todavía y que es necesario “un ejercicio de responsabilidad” para dotar a España cuanto antes de un Gobierno estable capaz de pilotar el crecimiento.