Editorial

Empieza la normalización monetaria

Estados Unidos pone el punto final a los tipos de interés en el 0%, tras siete años largos en esas tasas, en una decisión de la Reserva Federal que supone un punto de inflexión en la política de expansión monetaria aplicada en la primera economía del mundo para combatir la recesión, y que ha sido exportada, con diferentes grados de intensidad y calendario, al resto del mundo. La decisión del comité de mercado abierto de la Reserva Federal presidido por Janet Yellen consiste en elevar la banda de tipos directores establecida entre el 0% y el 0,25% hasta otra que oscilará del 0,25% al 0,50%. La solidez del crecimiento norteamericano contrastada durante varios años, el repunte de una inflación que se acerca al 2% interanual y una tasa de desempleo que se encuentra en los mínimos del 5% justifican sobradamente una decisión que los mercados financieros daban por descontada por la convicción mostrada en las últimas señales enviadas por Yellen. Si su primera intención era haber subido el precio del dinero al final de la primavera de este año, accedió a retrasarla ante la debilidad de la economía china y otros emergentes y ante el riesgo de trasvase de capitales que pudiese dañar en exceso el crecimiento mundial.

Desde luego que los fundamentales de la economía norteamericana dejaban poco margen a la laxitud monetaria, y seguramente la decisión de ayer debería haberse producido antes. Pero la condición global de la economía ha aconsejado estirar las inyecciones de dinero y su gratuidad hasta tales niveles para no provocar efectos no deseados en otras economías que están muy desacompasadas tanto en la potencia de los instrumentos monetarios como en la reacción de la actividad y la inflación. En todo caso, la subida no es en absoluto neutral y movimiento de capitales habrá, por la simple atracción que sobre el dinero ejercen divisas seguras que disponen de un plus de remuneración sobre las consideradas más débiles. Además, las empresas con la deuda dolarizada tendrán una subida de sus costes.

La Reserva Federal tiene que tener siempre en cuenta tales efectos colaterales, pero no puede abstraerse de la marcha de la economía para la que gobierna. Debe, en todo caso, marcar una senda pausada de subida de los tipos y enviar señales explícitas de cuál será la envergadura de las alzas con antelación suficiente para que el mercado financiero tome sus decisiones con la mayor de las certezas. En tanto, Europa, a su ritmo. Está inmersa en un vasto programa de compra de deuda que se prolongará hasta la primavera de 2017, y los tipos seguirán en el cero hasta bastante más allá de tal fecha, puesto que la actividad se mueve muy lenta y la inflación, también. Pero la subida en EE UU puede acelerar la normalización en la zona euro, puesto que el euro se debilitará más rápido y contribuirá al anhelado crecimiento y a la generación no menos anhelada de inflación.

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