Un paraíso natural declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco

Delta del Danubio, un viaje digno de National Geographic

Más de 3.000 kilómetros de agua, aves, peces y plantas pueblan el Amazonas de Europa.

Caballos salvajes en la ribera del Danubio.
Caballos salvajes en la ribera del Danubio.

Ocurre desde el minuto uno. Poner un pie en Rumanía rompe cualquier esquema preconcebido, pero aún más en el delta del Danubio. Seguramente, porque hemos forjado una idea errónea de sus gentes, al ser el colectivo de inmigrantes más numeroso en España, algunos gitanos, pero también del concepto país, por cierto, uno de los que cuenta con más historia a sus espaldas y el mayor potencial turístico de Europa.

Además del interés que siempre despierta el castillo de Drácula, en Transilvania, y el morbo de descubrir un país otrora comunista, la también conocida como Dacia recibe cada vez más viajeros que quieren visitar el delta del Danubio, el tercero más grande del mundo tras el Amazonas y el Nilo.

Un paraíso natural, casi virgen, de silencio y sosiego, cuyo río recorre unos 3.000 kilómetros, atraviesa 10 países y está habitado por más de 300 especies de aves, 1.200 tipos de plantas y, por su puesto, una innumerable variedad de peces. No hace falta explicar por qué este Amazonas europeo está declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco.

A partir de Galati hasta la desembocadura, en Rumanía ya todo tiene que ver con el agua. De hecho, en esta rumbosa ciudad a orillas del Danubio, lindante con Ucrania, se encuentra el mayor puerto del país y un astillero con más de cien años de historia.

Alojarse en algún hotel en el mismo Danubio es lo más aconsejable para explorar el humedal en barco y conocer la cultura en torno al agua

Es una buena opción alojarse en el Hotel Vega –asomado en primera fila al Danubio–, visitar el único Museo de Arte Contemporáneo del país, alguno de sus teatros, pero sobre todo pasear por la ciudad salpicada de palacetes, con cierto aire decadente, que recuerdan a La Habana. Sin olvidar los aledaños del río, con chiringuitos que invitan a comer o sosegarse. 

Para llegar a Tulcea, conocida como la puerta del Danubio y donde el río se abre en tres brazos de agua, hay que coger el ferry para cruzar el río, si se opta por el coche. Por el camino, el visitante ya se topará con monasterios ortodoxos, muchos de ellos habitados por monjes que aún crían gallinas a la antigua usanza, beben agua del pozo y siembran lo que llegará a su mesa.

Parar en cualquiera de los pueblos del trayecto a tomar un refresco también ayudará a tener un primer contacto con la amabilidad y la sencillez de sus gentes, tremendamente religiosas.
Adentrarse en las entrañas de este impresionante humedal ya obliga a ir en barco.

Lo ideal es alojarse en alguno de los hoteles que hay en la ribera del río. No basta una excursión de unas horas. Y aunque aún no está desarrollado para el turismo, hay hoteles rodeados de agua que facilitan las rutas por la multitud de lagos y canales que enlazan los brazos del Danubio.

El Hotel Paradise Delta House, todo de madera y junco, en Mila, un pueblo de pescadores en el corazón del Danubio, es una buena elección. Wifi, piscina al aire libre, pero sobre todo las habitaciones, tipo ático, ofrecen la sensación de estar suspendido en el río y permiten contemplar los serenos atardeceres.

Vista del Hotel Paradise Delta House.
Vista del Hotel Paradise Delta House.

Gastronomía

La ciorba (sopa de pescado), pero también la carpa, la perca, el arenque o el esturión, cocinados de diversas formas (fritos, a la plancha, etc.) son los platos imprescindibles del hotel y la zona, donde el pueblo de Sulina destaca por sus albóndigas de pescado, quesos locales y vinos como el Muscat o el Faro. Raro es el canal y la hora donde no hay pescadores que cocinan allí mismo los peces recién capturados.

Además del sosiego, reconocido solo por quien lo ha sentido, nenúfares del tamaño de un mesa, pelícanos, cormoranes, garzas, cisnes, martinetes o gansos salvajes son algunas de las especies que avistaremos en estado puro hasta la desembocadura, donde impacta el choque del agua salada y dulce, el fuerte oleaje de mar y las corrientes del río y, ante todo, la inmensidad del mar Negro.

Imponentes las playas cercanas, en tamaño nos trasladan al Caribe, pero de ribera y que nos recuerdan al Amazonas. También es aconsejable acercarse a Leta, un pueblo habitado por rusos, que nos transportará varios siglos atrás.

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