Editorial

Rigor fiscal y seguridad tras el ataque a París

Los mercados financieros esperaron expectantes el fin de semana para encajar la reacción supuestamente contractiva de los inversores a los ataques del terrorismo yihadista en París el pasado viernes. Sin embargo, con una naturalidad impropia de este tipo de situaciones, las Bolsas mantuvieron el tipo tras el nerviosismo inicial, la deuda no se inmutó de sus posiciones y permitió al Tesoro francés colocar emisiones a plazos cortos con tipos negativos y las materias primas encajaron la jornada como si de una simple transición se tratase. Tan solo las empresas ligadas al sector turístico registraron caídas apreciables, tanto las aerolíneas como las hoteleras. Una reacción tan racional tiene bastante que ver con la respuesta inmediata de las autoridades francesas en identificar a los terroristas, en responder con un ataque directo a las posiciones del Estado Islámico en Siria y al compromiso político tanto del G20 como de los socios europeos de estrechar la colaboración policial y el cerco a la financiación de los radicales.

Los ataques devastadores de París solo confirman que Europa sigue bajo el punto de mira de los radicales yihadistas, pero también que ha servido para activar una acción decidida contra el Estado Islámico por parte de los países occidentales que operan en la zona, como Francia o EE UU, además de Rusia o algunos Estados árabes, que esta vez podría ser definitiva, aunque la solución no se logrará en unos simples meses. Aunque el nivel de compromiso de EE UU parece limitado hasta que se produzca el relevo en la Casa Blanca dentro de un año largo, la necesidad de tomar decisiones de cirugía contra el origen del mal parece que puede precipitar actuaciones militares inmediatas. Puede también, ya lo ha hecho, reabrir el debate sobre el encaje de la inmigración masiva que durante los meses pasados ha presionado a Europa.

Pero sorprende también que pueda servir para revisar determinados pilares que se han mantenido incólumes en los últimos años sobre la política económica y fiscal de los socios europeos. El presidente francés, François Hollande, ha advertido que el incremento de la seguridad implica unos niveles de gasto que hacen imposible cumplir con el pacto de estabilidad y crecimiento para Francia, y sugiere que dado que la obligación de elevar los niveles de protección incumbe a todos los socios del euro, debería replantearse para todos el corsé del Pacto de Estabilidad. Puntualmente puede hacerse abstracción del rigor fiscal, porque la seguridad nacional es prioridad absoluta, y hacer frente a una amenaza como la que supone ahora el terror yihadista no es gratis. Pero los Gobiernos no pueden permitirse el lujo de abandonar eternamente el control de sus cuentas, porque en ello está la sostenibilidad del crecimiento de la economía y del empleo en un continente muy necesitado de ambas cosas.

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