Consejo de Ministros

El Gobierno autoriza la extinción de Rumasa

Miguel Boyer y Carlos Solchaga anuncian la expropiación de Rumasa, en 1983.
Miguel Boyer y Carlos Solchaga anuncian la expropiación de Rumasa, en 1983.

Fundada el 16 de marzo de 1961 por José María Ruiz Mateos y liquidada por el Gobierno central en noviembre de 2015, apenas dos meses después del fallecimiento del fundado. El Consejo de Ministros cerró en su reunión de ayer un episodio en la historia del capitalismo español al decidir la disolución de la sociedad, de titularidad pública desde el año 1983, cuando fue intervenida y expropiada por el Gobierno, entonces del PSOE.

La medida va más allá de la mera anécdota:la liquidación supondrá que los 161 millones de euros en activos que aún permanecían bajo el perímetro de la empresa pasan a poder de las arcas públicas. De esta cantidad, 157 millones son activos de deuda pública estatal que pasan a manos del propio Tesoro, como anunció ayer la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

“Se cierra por fin un capítulo”, ha subrayado en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. La sociedad, que forma parte del Estado desde 1983, se ha mantenido constituida para la tramitación de los pleitos judiciales, alrededor de 1.500, planteados en su mayoría por Ruiz Mateos. Todos ellos han sido favorables al Estado. Pese a ello, el jerezano siempre sostuvo que el caso Rumasa nunca se juzgó.

“Una vez enajenadas todas las sociedades y finalizados los contenciosos vamos a proceder a la liquidación y extinción de la sociedad”, explicó Santamaría. El año pasado registró unos beneficios de 153.000 euros, tenía nueve trabajadores en plantilla e ingresó 1,7 millones en concepto de los intereses de los valores que posee.

La empresa fue fundada en pleno desarrollismo franquista, en el año 1961, y registró un rápido crecimiento. Apenas 10 años más tarde ya era conocida como “el holding de la abeja”. José María Ruiz Mateos había empezado a trabajar en el negocio familiar de la exportación de jerez al Reino Unido.

Rumasa creció a medida que el franquismo abandonaba la autarquía y aplicaba una versión patria del capitalismo liberal, en la que Ruiz Mateos, sin pedigrí pero con excelentes contactos en la pujante tecnocracia del régimen (era miembro del Opus Dei) se movió como pez en el agua. A la muerte del dictador, comandaba el primer grupo empresarial de España, con hasta 18 fichas bancarias.

El icono de la abeja dentro de una celda hexagonal (que hoy está valorado en 0,01 euros, según la auditoría de la firma) estaba en marcas como Galerías Preciados o Loewe, bancos como el Atlántico, Banco de Jerez y Banca Masavéu, la cadena hotelera Hotasa y algunos inmuebles singulares como las Torres de Colón (Madrid). Los más de 45.000 empleados que tuvo Ruiz Mateos eran testigos de un peculiar estilo paternalista de gestión, caracterizado también por la opacidad, que Ruiz Mateos aplicó también décadas después en Nueva Rumasa.

Así, hasta el 22 de febrero de 1983. La mañana siguiente funcionarios del Gobierno se presentaban en la sede de la Torre de Colón para proceder a la exporpiaciónl. Días antes Miguel Boyer, ministro de Economía, había amenazado a la firma con enviar a los inspectores del Banco de España si no permitía una auditoría. El agujero patrimonial y la concentración de riesgos en la banca habían despertado las alarmas en las instituciones desde hacía varios años. El volumen del agujero (110.000 millones de pesetas) y el riesgo de los depositantes (el caso del Banco de Valladolid era reciente) explicaron la agresiva intervención.

Miguel Boyer, entonces ministro de Economía, se convirtió en enemigo público número uno para Ruiz Mateos, que huyó a Londres antes de regresar a España en 1984, convertido en caricatura de sí mismo en sus protestas.

El Estado vendió los activos (Galerías Preciados fue a parar al Corte Inglés, por ejemplo), pero aun así la expropiación supuso un quebranto para el Estado. Este año 2015 todavía se han enajeando activos, principalmente fincas.

Ruiz Mateos intentó refundar su emporio, apoyado en su carisma y en el dinero que logró esconder de la justicia. En Nueva Rumasa logró sumar más de un centenar de compañías, antes de entrar en un nuevo rosario de juicios, esta vez por el vaciamiento patrimonial del grupo y la estafa de los pagarés con los que financió su aventura.

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