Tribuna

Todo al servicio del empleo

La encuesta de población activa (EPA) aclaró ayer cuantas dudas existían sobre el grado de desaceleración de la actividad económica y del empleo en la segunda mitad del año. A falta del último trimestre, el crecimiento se ha resentido tímidamente, pero el empleo ha mantenido un ritmo de avance muy acelerado. En el mejor desempeño conocido para un tercer trimestre caracterizado por la actividad coyuntural, 182.200 personas encontraron empleo, mientras que el número de parados descendió en 298.200 como consecuencia del desánimo de 116.000 personas antes activas. Contabilizando los últimos cuatro trimestres, nada menos que 544.700 personas lograron encontrar trabajo, y una cantidad ligeramente superior abandonó las listas de desempleo. Tales cifras suponen crecimientos superiores al 3% en la ocupación, prácticamente similar al avance de la producción, y de mantenerse en los próximos años, que no será fácil, la economía española puede enjugar la gran purga que tanto en la riqueza como en su distribución vía empleo se produjo durante la crisis. Desde los mínimos cíclicos del mercado de trabajo, hace ahora dos años, España ha creado 1,098 millones de ocupados y ha sacado de las listas de parados a 1,42 millones de personas, muchas de ellas por el abandono del mercado funcional o físicamente.

Dado que la comparación con el inicio de la legislatura es políticamente inevitable, baste decir que los números son muy similares, y tanto la bolsa de desempleo como su tasa relativa son injustificables. Pero las tendencias de fondo del mercado de ahora y de hace cuatro años nada tienen que ver. El viaje al abismo que realizó la economía española todavía en 2012 y 2013 para poner en orden sus variables y sacudirse los excesos ha sido superado con creces y cada día parece menos imposible volver a los niveles de ocupación que el país tenía cuando explotó la tormenta: 20 millones de empleos. La fortaleza que muestra el mercado tiene consistencia, con mejoras notables en el empleo a tiempo completo, con un reparto equitativo de la nueva ocupación en todos los sectores, pero de forma intensa en la industria y los servicios, y con repuntes de la tasa de asalarización desconocidos desde hace muchos años.

Ahora solo falta tiempo para volver al punto de partida del inicio de la crisis. Y todo el mundo, nos referimos a quienes aspiran a gobernar desde enero próximo, debe tener claro que lo que funciona no se cambia, se refuerza. Que es necesario mantener el reformismo de los mercados de bienes y servicios y factores para ensanchar el crecimiento potencial y regenerar la base manufacturera de la economía, pues en ella está el cambio real de un modelo productivo más resistente a las crisis. Quien esté dispuesto a apostar por ello, que dé un paso al frente y lo explique porque tendrá algo que aportar al futuro del país.

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