Editorial

La importancia de las décimas en el déficit

El debate político ha sido siempre rico en sorprendentes paradojas, pero más rico si el contexto es preelectoral, como es ahora el caso. El asunto devorado ahora en tertulias, ruedas de prensa y apuntillas urgentes es el informe de la Comisión Europea sobre las opciones de cumplimiento que tiene el presupuesto elaborado por el Gobierno, en tramitación ya en el Senado, y los riesgos de incumplimiento del déficit fiscal para este año y el próximo. El comisario de Finanzas de la Unión, el socialista francés Pierre Moscovici, estima que este año habrá una desviación de tres décimas en el saldo fiscal español y de siete en 2016. El Gobierno replica que sí cumplirá los objetivos del 4,2% del PIBy del 2,8% comprometidos para los dos años y la oposición política acusa al Ejecutivo de engañar al país con unos presupuestos electoralistas que deberán ser revisados por quien gobierne en 2016.

Si el Gobierno adelantó la tramitación presupuestaria para imprimirle contenido electoral, detalle innegable, la demanda de la oposición reclamando al Ejecutivo que se pliegue a los dictados de la Comisión (reducción de gasto) es un envenenado asidero político, que de ejecutarse se convertiría, paradójicamente, en el peor argumento de cualquiera que reclame más gasto y censure los recortes.

Pero más allá del rifirrafe político, al que se han apuntado todos los grupos, lo que importa es cumplir el déficit porque esa es la mejor garantía de estabilidad financiera del país y de que la financiación, necesariamente exterior para quien precisa de más de 200.000 millones de euros de los mercados externos cada año, está garantizada. El Gobierno, a diferencia de la oposición socialista, tiene buen expediente en materia de rigor fiscal, con desviaciones únicamente de décimas en los últimos años, yendo incluso más allá de la exigencia comunitaria en ocasiones. Las décimas tienen la importancia nominal que cada cual quiera darle, pero en realidad tienen la que le otorguen quienes ponen sus recursos para financiar al Estado y a sus comunidades autónomas.

Bruselas argumenta la dificultad para cumplir este año y el que viene, pero tomando como escenario de cálculo una previsión de crecimiento (la de primavera) ya superada y que si tiene el reflejo que el Gobierno dice en la recaudación, permitirá que el saldo fiscal se acerque más al objetivo de lo que la Comisión Europea estima. Quienes financian al país, y quienes sirven de referencia a quienes financian al país, parecen dar más crédito al acreditado escenario gubernamental que a los augurios escépticos y recurrentes de Bruselas. Las agencias de rating han mejorado este mismo mes la calificación de España, y ayer, sin ir más lejos, el Tesoro colocó sus emisiones de deuda a mejores precios que antes de la advertencia de Moscovici, incluso con algunos plazos en tasas negativas.

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