Editorial

La desinflación, motor del consumo

El descenso parcial de los precios iniciado en los últimos meses de 2013 se ha mantenido prácticamente hasta ahora, y se ha intensificado en septiembre con una bajada adicional de los carburantes y de la tarifa de la luz. En concreto, tras la caída de septiembre la tasa interanual del Indice de Precios es negativa del 0,9%, quebrando de momento una tendencia hacia la normalización aparecida en junio y julio. No se trata, ni mucho menos, de un episodio de deflación, puesto que para ello el descenso tiene que ser, además de prolongado, generalizado en todas las rúbricas del índice, en todos los grupos de la cesta. Pero si es una desinflación pronunciada que tiene mucho que ver con el proceso de ajuste de la demanda de los particulares y las empresas por la presión de la crisis, y que ha aliviado en muy buena parte el fenómeno contractivo que se ha producido en paralelo en los costes de producción, especialmente el de carácter laboral.

Curiosamente, la tendencia de los precios entró en variaciones interanuales negativas prácticamente a la par que comenzaba a recuperarse el consumo de los hogares, medido a través del indice de ventas del comercio minorista. Y no es una casualidad. El descenso de los precios y su condición de durabilidad ha generado un fenómeno inmediato de recomposición de la renta disponible de las familias, que ha permitido una reacción casi mimética en la demanda de bienes y servicios, que a su vez ha estimulado las ventas de las empresas, y estas, el incremento de las contrataciones laborales.

La renta disponible de los hogares se ha incrementado en los últimos años, ya desde 2013, pero en los meses transcurridos de este año su avance es algo superior al 4%, pues los salarios en convenio avanzan en torno al 0,7%, el empleo a tasas del 3% y la desinflación añade cerca de otras seis décimas de poder de compra adicional. A ello se pueden añadir otro tipo de circunstancias que han puesto en el bolsillo de la gente cada vez más recursos, y muy buena parte de ellos de carácter permanente. La bajada de los precios ha sido acompañada de una reducción del petróleo muy intensa, con un reflejo directo en la factura de los carburantes, y de un descenso de los impuestos en 2015.

Los aspectos circunstanciales de este fenómeno virtuoso no estarán siempre ante los agentes económicos. Pero una parte importante de ellos sí depende de los propios agentes, especialmente los que tienen que ver con los costes productivos internos. Deben seguir bajo control porque ello contribuirá a mantener también bajo control los precios. Y debe proseguir la desindexación de la economía para que todo coste adicional esté financiado por la productividad y no dañe la renta de los particulares ni frene la recuperación de la demanda, que ha consolidado crecimientos notables en los últimos dos años.

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