Editorial

VW, transparencia hasta el final

La salida de Martin Winterkorn de la presidencia del grupo Volkswagen, una dimisión que solo adelanta la destitución que se daba por segura, da medida del calado del escándalo del fraude cometido por el gigante automovilístico que acababa de arrebatarle a Toyota el liderazgo mundial por ventas. El comité ejecutivo del consejo de supervisión de la compañía ya ha advertido de “más consecuencias personales” derivadas de la manipulación de las emisiones de CO2 en sus coches en EE UU, un trucaje que reconoce además en 11 millones de sus vehículos en todo el mundo. La investigación interna va a “gran velocidad”, tanta seguramente como agilidad le faltó para detectar el fraude. Es una buena señal que no se pierda tiempo y, como ya se ha hecho en otros paíes, se inicien acciones penales contra los responsables. Porque entre las muchas aristas de este enorme engaño, entre las que destaca el coste “inconmensurable” en imagen y confianza para la compañía, no es la menor el impacto en términos de credibilidad para la prestigiosa industria alemana. De hecho, el ministro de Economía y vicecanciller, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, ya ha pedido no culpabilizar a toda la industria. Transparencia total sobre el caso y confianza en sí mismos, como en las inversiones anunciadas, son dos pilares básicos para superar la crisis.

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