El futbolista Balotelli debe cumplir unas exigentes normas

¿Puede un peinado decidirse por contrato?

Las cláusulas de buen comportamiento son usuales en los acuerdos laborales que firman los altos cargos directivos

Mario Balotelli, delantero del ACMilan, antes de un partido del pasado fin de semana
Mario Balotelli, delantero del ACMilan, antes de un partido del pasado fin de semana

El club de fútbol del AC Milan anunciaba la semana pasada el fichaje del delantero italiano Mario Balotelli. Los medios del país se hacían entonces eco de las condiciones que el histórico club ha plasmado en el contrato del futbolista, que ha protagonizado más incidentes extradeportivos que goles en los últimos años:prohibido fumar, ir a discotecas, reducir el consumo de alcohol, acabar con las salidas de tono en las redes sociales, fin a la impuntualidad en los entrenamientos e incluso no lucir peinados extravagantes o vestimentas demasiado llamativas. Si el jugador se salta alguna norma, el club podrá rescindir su contrato de manera unilateral.

Una situación llevada al extremo, dado el historial del díscolo delantero, pero que pone sobre la mesa si una compañía puede vincular un contrato de trabajo al comportamiento personal fuera de la oficina. “A nivel empresarial, hay que diferenciar entre los altos ejecutivos y el resto de empleados”, afirma Rubén Agote, socio de derecho laboral de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, y también especialista en derecho deportivo. “El alto ejecutivo, como un consejero delegado, también es la imagen de una empresa, y la marcha del negocio es más sensible a su comportamiento”, explica. Por ello, suele ser “usual”, continúa Argote, “que en su contrato se contengan determinadas pautas de compromiso y de mantener en tu vida personal un comportamiento acorde con el puesto que vas a ocupar”.

Un exceso de cláusulas puede ser un problema para cerrar una contratación

Unas pautas que, en todo caso, no llegan al nivel de concreción de las fijadas con el nuevo delantero milanista, ya que, como explica Agote, tal grado de detalle no es habitual en la cultura de redacción de contratos en España, a diferencia, por ejemplo, de la tradición anglosajona:“suelen ser reglas genéricas. Se habla de no tener comportamientos que repercutan en la imagen de la empresa”. Porque, añade el especialista, la ley no permite prohibir comportamientos que no influyan en el rendimiento, aunque en el caso de la alta dirección, “el sentido común y el respeto mutuo, son importantes. Y que la gente firme contratos con los que se sienta a gusto”.

En este punto, Pepe Medina, headhunter y presidente de Odgers Berndtson en España, cree que los excesos en la redacción de este tipo de cláusulas en un contrato pueden ser un freno a la llegada del perfil que se desea:“Si yo invito a alguien a venir a mi empresa, y le planteo todo tipo de cláusulas, lo más seguro es que rechace mi oferta. En estos casos hace falta que los abogados de ambas partes tengan cierta flexibilidad”. Aún así, Medina cree que “no se le pueden poner puertas al campo, y quien no se comporta siempre va a encontrar algún resquicio. Un lapsus es una sospecha, pero dos son una evidencia”.

Otras condiciones

Las cláusulas de modulación de comportamiento, como las llama el socio de Cuatrecasas, son usuales, pero identifica otras cuatro que son más recurrentes en la redacción de contratos. La primera, la que determina el salario: “por una parte, la parte fija, y por otra la variable, donde se estipulan objetivos, o derechos sobre acciones”. Otra habitual es la cláusula de terminación, que detalla las condiciones indemnizatorias en caso de rescisión del acuerdo, y que la ley “deja a voluntad de las partes”, recuerda Agote. Otra condición es la que fija la exclusividad en la prestación de los servicios, que impide al contratado cualquier relación con otra empresa. Y por último, el pacto de no competencia postcontractual, que obliga a no trabajar en una empresa del mismo sector en un máximo de dos años.

Un talento en bruto que afronta su última oportunidad

Balotelli, en un entrenamiento con la selección italiana
Balotelli, en un entrenamiento con la selección italiana

Solo tiene 25 años, pero Mario Balotelli se enfrenta a la que puede ser su última oportunidad en el fútbol de alto nivel. Considerado hace años como uno de los delanteros de mayor potencial del mundo, por su calidad técnica y su fuerza física, y titular de la selección italiana en el último Mundial de Brasil, la gestión de su carrera ha estado ligada a sus dificultades para contener, tanto en el terreno de juego como fuera de él, su especial personalidad. Desde que comenzó su carrera profesional, debutando con el Inter con 18 años, ha pasado por el Manchester City, ACMilan, Liverpool, y de vuelta al Milan. En total, ha generado cerca de 60 millones de euros en traspasos, pese a que su rendimiento siempre ha estado por debajo de lo esperado.

El Milan apuesta de nuevo por su talento, pero prefiere guardarse las espaldas ante posibles nuevos escándalos, como fotografías en discotecas a altas horas de la madrugada, multas de aparcamiento o, como en 2011, el incendio de su casa tras encender unos fuegos artificiales en su interior. “En el deporte profesional son habituales las limitaciones en los contratos, y llegan a su propio ocio”, explica el socio de laboral de Cuatrecasas Rubén Agote: “Tienen prohibido esquiar, o practicar surf, porque tienen un riesgo para su integridad física y, por tanto, para su trabajo”. El caso de Super Mario, como se le apoda, va un paso más allá de lo que hasta ahora era habitual.

Normas