Editorial

La volatilidad marca la inversión del nuevo curso

Una vez guardadas las sombrillas que hayan sobrevivido al verano, la tarea más inmediata de los inversores será tomarle el pulso a un escenario que ha cambiado notablemente tras el periodo estival. Y lo ha hecho sobre todo en lo que se refiere al aumento de las incertidumbres, las incógnitas a despejar y los temores a superar. China, la segunda economía mundial, cuya desaceleración ya preocupaba los últimos meses a los inversores, sorprendió al mercado a comienzos de agosto con devaluaciones de su divisa destinadas a recuperar sus exportaciones. El movimiento sobre el yuan hizo reaparecer el fantasma de una guerra de divisas, conmocionó a las empresas con presencia importante en el gigante asiático y, sobre todo, ha introducido una agitación en las Bolsas internacionales como no se veía en mucho tiempo, tras la ola gestada en los propios mercados chinos, que por momentos ha llevado el pánico a los mercados.

A diferencia de las fuertes caídas de la Bolsa en China de principios de verano, las ventas de la segunda quincena de agosto perjudicaron a las divisas, las materias primas y a otras Bolsas. Y es que habían cambiado dos cosas: la amenaza por las devaluaciones y unas intervenciones ineficaces. Estas últimas se intensificaron tras el lunes negro del 24 de agosto, pero no despejan la duda sobre la capacidad de las autoridades chinas para gestionar sus mercados –no se olvide que la Bolsa china está operando con una especie de corralito que limita su actividad– y para reactivar su economía y mantenerla en un crecimiento sostenible.

Las turbulencias en el gigante asiático son la fuente de mayor inquietud para los inversores, sobre todo por lo que significan de ralentización del crecimiento de una economía que ejerce de motor de las emergentes y activadora del precio de las materias primas, con el petróleo a la cabeza. La espiral bajista del crudo, derivada en gran parte, pero no solo, de la desaceleración del crecimiento de China, sumada a la del resto de materias primas, supone serios nubarrones para las economías emergentes, entre las que las dificultades de Brasil toman cada vez más cuerpo. El pavor a un frenazo global es tan global como lo sería el propio frenazo. De manera que los inversores tendrán que vigilar también con sumo cuidado a los mercados emergentes.

Pero hay más focos de atención prioritaria para los inversores. La política monetaria de EE UU está entre los primeros, aunque bien es cierto que la mayoría de los expertos ya está convencida de que no se cumplirá el calendario no oficial que preveía la primera subida para septiembre. Una posibilidad animada desde el entorno de la propia Reserva Federal que ha vuelto a dar oxígeno a las Bolsas. En términos europeos, a pesar de la dimisión de Alexis Tsipras y del adelanto electoral, Grecia no deja de ser otra china en el zapato del buen discurrir europeo. La Unión, además, ha de resolver con urgencia el grave problema migratorio, y lo ha de hacer en los términos de sensibilidad social y solidaridad que siempre han caracterizado a la UE y hacerlos compatibles con la recuperación económica. De lo contrario, todos perderán.

Las elecciones nunca han fascinado a los inversores, siempre resistentes al cambio. Sin embargo, este tercer cuatrimestre deberán afrontar en España el efecto de dos importantes citas con las urnas, la catalana y las generales. A pesar de su trascendencia, y de que las encuestas añadirán episodios de inquietud, lo cierto es que este factor preocupa mucho menos que hace meses, cuando Podemos aparecía como primera fuerza en intención de voto. La mayor resistencia del statu quo bipartidista calma a los inversores, aunque todo indica que la geometría del poder sufrirá cambios. En el caso catalán, JP Morgan acaba de afirmar que “incluso en el escenario más dramático” Cataluña seguirá formando parte de España.Eso sí, con un nuevo marco de mayor autonomía política y fiscal.

En todo caso, y aunque nunca van a faltar nuevas incertidumbres que sumar a las señaladas, el mercado siempre le va a ofrecer a los inversores oportunidades para rentabilizar sus ahorros, incluso para aprovechar esa volatilidad de la que ya hablábamos en estas mismas páginas a principios de año y con la que deberán aprender a convivir también en el cuatrimestre que queda para acabar este.

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