Editorial

La recuperación acelera: queda mucho por hacer

La economía española crece ya como antes de la crisis gracias al consumo y la inversión, tal y como venían anunciando las autoridades económicas las últimas semanas y han confirmado los datos de la contabilidad nacional. El crecimiento del 1% en el segundo trimestre del año supone, aunque leve, una aceleración que lleva la tasa interanual al 3,1%, la más alta desde 2007, y anualizada equivale a un 4%. Este desempeño coloca el PIB español a la cabeza de las mejoras en Europa, como le gusta recordar al Gobierno, aunque conviene no olvidar que este fuerte crecimiento sigue a una también fuerte caída anterior, lo que significa que aún hay que recuperar el nivel de producto previo a la crisis. En términos de empleo, y en la misma línea que la EPA, este aumenta en términos anuales ligeramente por debajo del crecimiento del PIB, a ritmos del 2,9%, al tiempo que sube la productividad y bajan los costes laborales unitarios.

Son buenas noticias y el Ejecutivo ya se ha apresurado a explicar que esta evolución no se verá afectada por incertidumbres exógenas, como las llegadas desde China. Lo cierto es que el ritmo al alza de la economía y el empleo se están dando, además, en un contexto de ausencia de tensiones inflacionistas y de corrección del desequilibrio exterior con superávit en la balanza de pagos.

El consumo de los hogares y la inversión son los motores de este crecimiento, que viene impulsado por todos los componentes de la demanda y prácticamente todas las áreas de producción. El consumo de las familias completa nueve trimestres seguidos al alza y vuelve a ser impulsor principal de la recuperación. A este se ha unido con fuerza la inversión, que sube un 2,2%, acelerada por el tirón del 3,2% de los bienes de equipo, que duplica el del trimestre anterior. Son datos que dicen mucho de la confianza de ciudadanos y empresarios. Los primeros, porque están activando sus compras, y los segundos, porque siguen mejorando sus centros de producción de cara a nuevas mejoras en su negocio.

Con el sector exterior mostrando una aportación menos negativa al PIB y la demanda interna aumentando su contribución, la economía ha entrado en un crecimiento más equilibrado, acompañado de unas exportaciones recuperando altas tasas de crecimiento hasta cifras récord e importaciones a buen ritmo. El segundo trimestre aporta otra buena noticia por la mejora de la industria manufacturera, mientras la construcción, que desde principios de año ha vuelto a liderar la creación de empleo, confirma su avance y actividades como servicios a empresas y telecos destacan en dinamismo.

Esta aceleración, con niveles de crecimiento inéditos desde hace ocho años y un patrón más equilibrado, no debe, sin embargo, llevar a la autocomplacencia. Todo lo contrario, por mucho que los servicios de estudios ensalcen las medidas del Gobierno, igual que han hecho esta misma semana algunos de los tradicionalmente recalcitrantes críticos con la economía española, con una indisimulada satisfacción de Moncloa. Porque las incertidumbres, empezando por las políticas en forma de dos elecciones antes de fin de año, son grandes y los retos para la economía son aún más notables que lo conseguido.

Todavía queda mucho por hacer. Se deben eliminar los serios problemas estructurales que aquejan al mercado de trabajo, hay que favorecer las condiciones para que las pymes crezcan y se desarrollen, sobre todo en el exterior, y es necesario aumentar la baja productividad derivada del escaso tamaño de muchas empresas. También es necesario continuar con la reducción de los importantes niveles de apalancamiento privado, sin olvidar la urgente mejora de las finanzas públicas y el control del fuerte crecimiento de la deuda. El freno al gasto de las autonomías, su nuevo modelo de financiación y seguir el proceso de consolidación fiscal –y hacerlo de manera compatible con el elevado crecimiento– están también entre las obligaciones prioritarias para reducir las incertidumbres internas a medio plazo y ayudar al crecimiento potencial.

Y todo ello con el objetivo de crear empleo, la gran prioridad. Porque la economía española es ahora más fuerte, pero también lo son las tensiones internacionales que pueblan el escenario. Será preciso continuar con las reformas para fortalecer el crecimiento actual y convertirlo en sostenible.

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