Editorial

Tsipras busca una salida de su propia trampa

El inexperto aprendiz de brujo que dirige los destinos de Grecia está literalmente atrapado en una trampa que él mismo ha tendido. Con Grecia en el más absoluto limbo financiero, consideración amable para evitar el término de país moroso o en default de facto tras haber impagado al FMI los 1.600 millones de euros que debía reintegrar el martes y estar vencido el programa de protección de la Unión Europea (segundo rescate), Alexis Tsipras mantiene vivo un referéndum de dudosas garantías democráticas, pese a conocer que puede ser para él, como lo fue para Yorgos Papandreu en 2011, un simple anuncio frustrado, su tumba política.

La presión de una parte de su Gobierno le llevó a intentar un acuerdo in extremis el pasado martes fundamentado en un tercer rescate, que fue rechazado por Europa por considerar que no se puede negociar con alguien que ha roto previamente el diálogo y ha puesto un arma tan disuasoria como un referéndum sobre la mesa. Lo intentó de nuevo ayer, con una carta a los dirigentes europeos en la que aceptaba básicamente la propuesta planteada por el Eurogrupo el viernes, y sobre la que ha pedido a los griegos que voten no en la consulta del domingo. Tal era el giro del Gobierno griego en la mañana de ayer –en la que solo cuestionaba detalles menores de la propuesta fiscal– que llegó a hablarse de la suspensión de la consulta, incluso de mantenerla pero cambiar la petición gubernamental del voto, hasta que se comprobó que Europa sigue firme: la negociación debe esperar hasta que se solvente el referéndum, porque lo que es blanco hoy, bien podría ser gris mañana, y por qué no negro. Tsipras da la sensación de no controlar la situación: las encuestas no le garantizan la victoria el domingo y sus desairados socios han apostado porque se macere políticamente más en la salsa que él mismo ha condimentado.

Pero el referéndum parece haberse convertido ya en un simple trámite para Tsipras, mientras que es una prueba para una Europa que considera que si se están solventando los intereses de todos los europeos, deben votar todos. El presidente griego mantiene el no en la consulta, pero sobre una propuesta que, como ha recordado el ministro de Finanzas alemán, no está sobre la mesa y sería de imposible aplicación, puesto que es imposible prorrogar un rescate ya vencido. Además, Merkel no dispone ya de mandato para negociar con Grecia, pues el que tenía concedido por el Parlamento germano venció también en la medianoche del martes. Un trámite, el referéndum, que ha perdido valor también porque nadie, ni Grecia ni sus socios, estiman que un rechazo a la citada propuesta deba interpretarse como un no a Europa.

La situación ha llegado a un punto en el que no cabe otra cosa que esperar hasta el lunes y volver a la negociación, y utilizar en ella todos los movimientos que durante estos días de zozobra se han manejado. La relación que Tsipras dice aceptar en su carta de ayer debe ser considerada como base de un tercer rescate que debe ser inminente porque Grecia está, hay que repetirlo, en el limbo financiero: insersa en un default provisional, desasistida financieramente por la caducidad del segundo rescate, con un corralito bancario de una semana cada vez más tenso y con los pensionistas a las puertas de los bancos, y en las manos del BCE, que dosifica a su antojo la liquidez de la que la banca puede disponer.

Los miembros del Eurogrupo hasta ahora han analizado cada propuesta griega, aunque han terminado ratificando la posición que individualizadamente han marcado los líderes políticos europeos, encabezados por los alemanes. Desde el lunes se negociará un tercer programa de asistencia (tercer rescate), pero no debe partirse de cero, puesto que el Gobierno griego ha mostrado ya disposición a aceptar exigencias claves de los acreedores, y podría recibir a cambio, no solo las entregas de dinero pendientes, sino un programa de inversión muy voluminoso para sacar a Grecia de la crisis. Si no arranca el crecimiento, será muy poco creíble la posibilidad de recomposición de la deuda griega, que tiene dimensiones de impagable. Debe afrontarse también entonces la demandada reestructuración de los créditos, sea en plazos, coste y cantidades. Hay que empezar a poner una solución duradera al problema, no parches coyunturales.

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