El Foco

Prudencia y firmeza

La pendiente griega se agrava definitivamente. Elevar, imponer la solución a nivel político y no técnico y financiero como ha pretendido inútil, pero también cínicamente el Gobierno heleno de Tsipras, al tiempo que unilateralmente plantea un referéndum nacional, conduce inevitablemente a la ruptura, al final del diálogo y a una toma de postura por parte de Europa enérgica y a la vez contundente, pero siempre bien calibrada y mensurada. Ha llegado el momento de proteger y blindar el euro, la zona euro y por tanto, la Unión Europea. Frialdad, pero sentido común en Bruselas. Ya no es hora de buscar y señalar culpables. Todo se ha hecho mal desde el primer momento. Desde el inicio de los rescates, pues varios han sido estos. La prórroga ya no conduce a ningún lugar. Es hora de la cirugía, pero esta, sin un diagnóstico claro y preciso y donde al mismo tiempo se tenga en cuenta el postoperatorio, sería inútil y a peor. Sin ánimo ninguno de ir más allá de lo que no se debe ir. Hoy más que nunca, la Unión debe ser firme, política y financieramente. Cortocircuitar posibles contagios y, sobre todo, proteger la onda que puede llegar a países mediterráneos y que han sufrido la crisis de modo especialmente virulento. Subirán las primas de riesgo, pero pueden frenarse las consecuencias más graves.

Cortocircuitar posibles contagios y proteger la onda que puede llegar a países mediterráneos

Esta vez queda manifiesto que la intransigencia y la imposibilidad de diálogo tiene un rostro y tiene unas aptitudes. Grecia y su Gobierno. La paciencia se ha agotado. El ceder y transigir, el seguir inyectando más y más liquidez tiene que tener un límite, una línea roja. Y ha llegado. La gota que ha colmado el vaso, la arrogancia y desprecio hacia Europa al convocar, legítimamente sí, un referéndum que pone en la picota y en la frontalidad de choque al pueblo griego y al resto de la Unión. El cántaro acaba de quebrar como lo hace todo atisbo de confianza. La herida está abierta y conviene cauterizarla con energía y decisión. Pero sin que ello suponga que la Unión entierre ni empuje aún más a Grecia al abismo y la pendiente que sus pésimos Gobiernos y la mentira han llevado al país a la deriva y al desastre en los últimos años.

Los próximos días, ya no horas, serán cruciales. Default o no, suspensión de pagos o no, el país y su situación económica están abocados a una crisis de proporciones mayúsculas. Sería un error cortar de golpe la liquidez de emergencia hacia los bancos griegos. Quién lo sufriría serían directamente los ciudadanos, los mismos que han tratado de recuperar sus ahorros y que en las dos últimas semanas han sido retirados y por quienes han podido, sobre todo empresarios, sacados fuera del país miles de millones de euros. Grecia está sobre un alambre muy fino donde todo puede pasar. Un alambre que la irresponsabilidad de Tsipras puede acabar rompiendo. El despropósito, el insulto a los socios, las acusaciones al Fondo Monetario –a quien acusó de responsabilidad criminal después de haber prestado miles de millones de euros–, no tienen sentido ni tampoco fundamento. Cuanta más paciencia, más apertura, más dinero ha ido o se ha concedido, ha envuelto en un bucle de irresponsabilidad y deslealtad pasmoso. Campo de cultivo idóneo para la demagogia y el populismo vacuo y torticero de algunos.

Mañana martes expira el plazo. No habrá prórroga al rescate. Grecia no podrá pagar. Todo se precipita. La crisis del euro cobra un nuevo y dramático capítulo que requiere más que nunca pensar en interés propio y de la zona euro. Barreras, cortafuegos y blindajes. De lo contrario el riesgo de arrastre y zozobra sería enorme.

La huída hacia el referéndum es una afrenta hacia los socios de la Unión, que han sido despreciados

Hoy se sabe a ciencia cierta que Grecia y su economía no estaban preparadas para entrar y que se menospreció, incluso por la Unión, el riesgo de entrada en el euro. Pagamos aquellas consecuencias de arrogancia y vanidad en la que vivía Europa. Grecia se encamina hacia un control férreo de capitales. Corralito o no, no lo habrá, la económica helena sufre un revés durísimo y multiplicado exponencialmente. Un país sin inversiones, sin seguridad económica ni jurídica, sin liquidez, con la deuda y el déficit en una situación extremadamente insoportable, sin confianza ninguna en su Gobierno es un hervidero.

La huida del Gobierno hacia el referéndum solo es una jugada política y una afrenta a los socios de la Unión, que han sido despreciados. La huida de la supervivencia en clave nacional. Un sí o un no pueden condicionar el futuro inmediato, pero inevitablemente el fracaso enésimo de un Gobierno que jugó con el fuego de la crisis y el rescate y la dureza de los recortes de Samaras y los que se anunciaba para ser un dragón en la corte de Camelot. La realidad ha dado de bruces a las fantasías. El enroque puede salirle muy caro a Grecia, también a la Unión Europea.

Las lecciones de Grecia son amargas para Europa. Hace tres años en CincoDías escribíamos: “¿Quién es capaz de prestar dinero a Grecia en un momento en el que el vendaval se desboca por la vaporosidad de sus políticos y donde lo previsible ya es necesidad? Los bancos aprueban una quita de algo más del 53%, ¿pero quién asumirá las pérdidas?, ¿acaso los bancos? Mercados voraces, insaciables, sin rostro ni regulación estricta. Pero las personas y los ciudadanos están, deberían estarlo, antes que las estructuras y el hambre especulativo de entes y entelequias que arrodillan a Gobiernos y hunden en la miseria a los ciudadanos a causa del mal gobierno. Entre bambalinas, la ambigüedad jurídica y económica de los credit default swap en los que ni siquiera está claro que se podrían exigir como indemnización en caso de quiebra forzosa y necesaria y no de un quita voluntaria…”

Abel Veiga es profesor de Derecho en Icade

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