Bruselas endurecerá el discurso para forzar a Atenas a un acuerdo

Grecia se asoma al ‘corralito’ tras fracasar las negociaciones con la UE

Las negociaciones entre la delegación griega y los acreedores han acabado sin acuerdo sobre en lo que ha sido el “último intento” de Bruselas para superar las diferencias.

Bruselas / Madrid
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, con el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, con el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis.

Otros dos días de negociaciones prácticamene para nada. Los representantes del gobierno griego y los de las instituciones europeas se han levantado de la mesa sin lograr encontrar un punto de encuentro. Ambas partes se habían marcado la noche del domingo como plazo para alcanzar siquiera un principio de acuerdo que permitiera enviar una señal de tranquilidad a inversores y ahorradores.

La ausencia de esa señal, según fuentes de la zona euro, podría desencandenar a partir de mañana una estampida de capitales en Grecia que, como medida extrema, obligaría al gobierno de Tsipras a decretar un ‘corralito’. Como paso previo, en caso de desacuerdo definitivo, Grecia podría cerrar de manera temporal los bancos, como hizo Chipre en 2013, antes de imponer un control de capitales que se prolongó durante dos años.

La Comisión Europea intentó relativizar las discrepancias y aseguró que la brecha para un acuerdo es de poco más de 2.000 millones de euros al año. “El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, está convencido de que si los griegos hacen un mayor esfuerzo en las reformas, se podía encontrar una solución antes de final de mes”.

Todo parece indicar que la paciencia se está agotando en Bruselas

Pero fuentes del gobierno griego no se mostraban tan complacientes y aseguraron tras el fallido encuentro que “no admitiremos ni una sola medida que acentúe la recesión y socave el crecimiento: el experimento ya se ha prolongado bastante”.

El gobierno griego calcula que las medidas reclamadas por la troika supondrían cada año un recorte de las pensiones de 1.800 millones de euros y un incremento impositivo, a través del IVA, de otros 1.800 millones de euros.

La suspensión de las negociaciones traslada el regateo a los ministros de Economía de la zona euro (Eurogrupo), que se reúnen el jueves en Luxemburgo.

Atenas afronta el próximo 30 de junio vencimientos de pago con el FMI de 1.500 millones de euros. Y en julio y agosto, vencimientos con el BCE por un total de 6.700 millones. El acuerdo con la troika permitiría al Eurogrupo liberar parte del rescate pendiente: sin contar al FMI (16.000 millones en total) quedan 1.800 millones de euros en préstamos de la zona euro y 10.900 millones de euros previstos para la recapitalización de la banca, además de 1.900 millones de beneficios de los bancos centrales.

Berlín no cede

Atenas se muestra dispuesta a llegar a un acuerdo, pero la impaciencia de sus socios es cada vez más evidente y Berlín, lejos de ceder, redoblaba ayer la presión. “La sombra de una salida de Grecia del euro se está volviendo cada vez más perceptible”, señaló el vicecanciller del gobierno alemán, Sigmar Gabriel. El líder de los socialistas en el gobierno de coalición de Merkel se había mostrado hasta ahora duro con Atenas, pero descartaba la posibilidad de una expulsión del país de la Unión Monetaria (conocida por la expresión anglófona Grexit).

El giro de Gabriel hacia las posiciones más duras de otros miembros del gobierno alemán, como las del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, denota que conservadores y socialistas están dispuestos a cerrar filas para hacer frente a lo que consideran nuevos desafíos por parte de Atenas.

Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, han vuelto a reivindicar la reestructuración de la deuda griega, una demanda considerada tabú por Berlín y que el gobierno de Syriza parecía haber olvidado tras la llegada al poder. Tsipras ha vuelto a reclamar esa concesión de los acreedores ante el empeño de la troika, en particular del FMI, de imponer nuevos recortes en pensiones. El primer ministro griego necesita una contrapartida. Y la única concesión que previsiblemente podría apaciguar a sus diputados más rebeldes sería una promesa de reestructuración de la deuda que ponga fin a casi seis años consecutivos de austeridad y recesión que han reducido el PIB del país en un 25%.

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