Tribuna

La apuesta por la FP dual, una necesidad

Los primeros indicios de optimismo macroeconómico empiezan a aparecer en el horizonte. Las últimas cifras publicadas y, sobre todo, las previsiones, nos permiten ilusionarnos y pensar que lo peor ha pasado. Pero esa esperanza no es suficiente. Hemos de ser capaces de conseguir que esos síntomas sean percibidos como realidades por los consumidores y que realmente empiecen a afrontar su futuro con mayor optimismo. Un futuro que, en términos prácticos y cuando se trata del consumidor, tiene su horizonte en el temido fin de mes y que, en el caso de los jóvenes, les lleva a plantearse si tienen que irse a otro país.

La crisis ha servido para reconducir muchos excesos, revisar algunos aspectos del capitalismo sin control y, quizá el aspecto más importante, para distinguir entre el crecimiento volátil de los mercados financieros y el crecimiento de la economía real. La que crea bienes y servicios y la que es capaz de generar el empleo necesario para recuperar algo que un 25 % de los españoles ha perdido, un trabajo.

En este contexto, la crisis debería haber servido también para dejar de idealizar la formación universitaria como el único camino para alcanzar el éxito, una formación que hasta hace poco era sinónimo de tener un empleo digno.

Hoy, la tasa de desempleo en España entre los jóvenes menores de 30 años es del 50%. Esta cifra basta para poner en evidencia que algo en nuestro sistema educativo debería haber cambiado hace tiempo. Entre las reformas necesarias está sin duda la de la Formación Profesional (FP).
En este sentido, estoy convencido de que la FP dual es un modelo que tiene muchísimas virtudes y que debe apoyarse con mayor decisión por parte de Administraciones y empresas. No solo prestigia un grado formativo que había caído en un cierto descrédito, sino que ayuda a encajar mejor las necesidades reales de trabajo con los perfiles que se desarrollan desde los institutos de FP.

En países como Alemania o Suiza, el sistema de FP dual lleva más de 100 años implantado como una de las fórmulas de éxito de integración de los jóvenes en el mundo laboral. En España prácticamente estamos empezando a implantar el modelo y, en mi opinión, considero que lo estamos haciendo de una manera muy lenta, sobre todo teniendo en cuenta que no sería necesario reinventar la rueda. Tanto Alemania como Suiza tienen un sistema que ha demostrado gran eficacia en su implantación. En un sistema eficiente de FP dual confluyen competencias de distintos ministerios (Educación y Trabajo), con competencias territoriales en distintos grados de transparencia administrativa. En tercer lugar intervienen las empresas que tomarán a su cargo una parte muy relevante de la formación de los alumnos.

En los países con larga tradición en la implantación de la FP existen órganos ejecutivos con la participación de una representación de los distintos implicados, que se ocupan de la validación curricular, tanto en el aula como en la empresa. Se encargan también del reconocimiento de las titulaciones, de modo que tengan validez oficial en cualquiera de los territorios que gocen de autonomía.

Por su parte, los sindicatos tienen el rol de evaluar la calidad de las prácticas de empresa y de que su remuneración responda a los términos y condiciones que establece el marco regulatorio, así como que no se conviertan en una suplantación de empleo irregular.

En Nestlé hemos emprendido este camino cerrando acuerdos de FP dual con Comunidades Autónomas en las que tenemos algunas de nuestras 11 fábricas y nuestra Oficina Central que, como parte de nuestro Programa de Apoyo al Empleo Juvenil, queremos seguir impulsando en el futuro y animando a nuestros proveedores a que hagan lo mismo.

Ofrecer a los jóvenes una primera experiencia laboral, prestigiar la Formación Profesional y ajustar la formación a las necesidades laborales reales son solo algunas de ventajas de la FP dual, que sin duda pueden tener un impacto no solo en el largo plazo, sino también de manera relativamente inmediata. No hay nada que pueda generar más optimismo para una sociedad que una juventud que confíe en que puede tener un futuro en el país que le ha visto nacer.

Laurent Dereux es directo general de Nestlé España

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