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La ambigüedad constructiva del BCE

El Banco Central Europeo es responsable de la estabilidad tanto de la moneda única como de los bancos más grandes de la zona euro. Los dos objetivos no están perfectamente alineados, como está poniendo de manifiesto la disputa sobre Grecia.

Por un lado está el Mecanismo Único de Supervisión, que asumió formalmente la regulación bancaria en noviembre. En enero, recomendó que los bancos griegos deberían limitar su exposición a activos ilíquidos, incluyendo la deuda a corto plazo de su propio estado. Ahora quiere convertirlo en una restricción jurídicamente vinculante.

Por otro lado está el Consejo de Gobierno del Banco Central, responsable de la política monetaria y que, como resultado, trata con los países miembros con problemas y los recalcitrantes. El Consejo prohibió recientemente a los bancos griegos utilizar la liquidez de emergencia para aumentar sus tenencias de letras del Tesoro griego a partir del 18 de febrero. Pero se ha retrasado la aprobación de una propuesta aparentemente similar del mecanismo de supervisión.

Los reguladores tendrían que ser capaces de exigir un sacrificio a corto plazo por el bien de la estabilidad financiera

Hay dos interpretaciones para la demora. Una es básicamente técnica. Puede que simplemente quieran aclarar la propuesta para delimitar las funciones de supervisión y monetaria del BCE. La otra es más política. Los miembros del Consejo son dolorosamente conscientes de la delicada situación de las negociaciones entre el Estado griego y sus acreedores sobre un nuevo apoyo. Cualquier cosa que incluso sugiera un endurecimiento del tono en el BCE podría afectar a las conversaciones.

Si hay una anulación política, podría haber un problema. Se supone que los reguladores deben ser apolíticos. Tendrían que ser capaces de exigir el sacrificio de un cierto crecimiento económico a corto plazo por el bien de la estabilidad financiera.

Pero, en realidad, un Consejo de Gobierno que quiere ayudar a mantener a Grecia de forma segura dentro de la zona euro también está sirviendo a la estabilidad financiera. Los controles de capital en Grecia o una salida del país de la moneda única desestabilizarían casi seguro el sistema bancario, muy posiblemente hasta el punto del colapso total. En la lucha contra tal calamidad, una pérdida de independencia del mecanismo parece un daño colateral soportable.

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