Tribuna

Los bancos somos todos

Cada vez está más cerca el momento en que los bancos españoles empiecen a cobrar intereses a sus clientes simplemente por tener depositado dinero en sus cuentas. En Suiza ya está ocurriendo para clientes con grandes patrimonios y en Dinamarca lo ha empezado a aplicar uno de los bancos comerciales para toda su clientela. Es cuestión de tiempo que llegue a los bancos de la zona euro en general y de España en particular. Por mucho que nos extrañe que pueda ocurrir algo así, se trata de una de las consecuencias que supone la política monetaria del BCE al abaratar el crédito y animar a los bancos a prestar más ante la alternativa de tener que pagar intereses si tienen el dinero parado en el BCE. Esto implica indirectamente que los bancos no necesitan los depósitos de sus clientes y, por tanto, no los van a remunerar.

Muchas voces han aplaudido la posibilidad de que las medidas del BCE hagan que entre dinero en la economía real. Pero, ojo, porque esto también puede traer algunos efectos colaterales: (i) puede aumentar el uso del efectivo, el famoso Colchón Bank, y crecer correlativamente la economía sumergida, basada habitualmente en pagos en metálico; (ii) pueden volver a darse casos de inversores conservadores que se metan en inversiones de riesgo solamente porque no quieran verse penalizados por tener el dinero en cuentas o en depósitos; (iii) puede transmitirse a las generaciones venideras la idea de que lo bueno es consumir, que ahorrar es algo malo, algo que no solo no se premia sino que incluso se penaliza.

La realidad es que los bancos no prestan más porque no pueden, no porque no quieran. Porque después de las malas experiencias pasadas, ahora deben ser más cuidadosos y menos alegres. Porque piensan que tener unas reservas importantes y sólidas es algo positivo, que les ayudará si vuelven venir mal dadas, o si aumentan los requisitos regulatorios, o que les vendrá bien para afrontar posibles resultados negativos en sus actuales pleitos y en los nuevos que les siguen entrando día tras día por todos los frentes.

En España existe la tendencia a hablar de “los bancos” como si fueran algo ajeno, unos entes maléficos e incontrolables que quieren amargarnos la vida. Es cierto que ha habido casos de malas prácticas y que aquellos que las han cometido deben pagar por ello. Pero los bancos son imprescindibles para la sociedad y para la economía. Y deben hacer su trabajo sin presiones, sin que se les empuje a prestar más de lo que crean que pueden prestar. Si les va mal a los bancos nos va mal a todos. Entre Santander, BBVA y Caixabank suman 4 millones de accionistas y casi 200 millones de clientes. Bankia suma todavía más accionistas, porque el 70% de su capital está en manos del Estado, así que somos más de 45 millones de españoles a los que nos debería preocupar su resultado.

Cuando se desestima una demanda contra un banco y no hay condena en costas la sentencia lo suele justificar indicando que el caso presentaba dudas de hecho o de derecho, aunque muchas veces la razón real es que el juez piensa que los bancos tienen mucho dinero y se pueden pagar sus abogados. La realidad es que los que pagan esa factura no son “los bancos” en abstracto, los que pagan son sus millones de accionistas. E igual que condenas en costas perdonadas frente a demandas temerarias, hay también demandas estimadas sin apenas fundamento, o como he visto en alguna sentencia reciente, con el fundamento de que los bancos son los culpables de la crisis económica y deben pagar por ella.

Atención con esa deriva porque cuando quiebra una entidad financiera lo pagan sus miles de accionistas y normalmente también los contribuyentes, es decir, que lo acabamos pagando entre todos.

Lo que tenemos que intentar es que los bancos funcionen bien, que sean ágiles, eficientes, justos y prudentes. Y nada de pensar que “los bancos” tienen mucho dinero y pueden pagarlo todo. Su capacidad es limitada, como desgraciadamente se ha podido comprobar en los últimos años demasiadas veces. Así que a todos nos interesa que les vaya bien aunque solo sea porque la realidad, nos guste más o menos, es que “los bancos” somos todos.

 

Jorge Capell es socio de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira

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