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Pasión por invertir en activos reales

El interés de los inversores por activos físicos como los inmobiliarios y las infraestructuras está creciendo. En un mundo de bajos rendimientos, el anhelo de una mayor rentabilidad es comprensible. Pero las condiciones también podrían hacer que un exceso de entusiasmo llevara a una valoración errónea del riesgo.

Seis de cada 10 profesionales sénior de la inversión planean aumentar las asignaciones a activos reales, según mostró una encuesta reciente de BlackRock. El banco central de Noruega, que gestiona el fondo soberano del país –el más grande del mundo– aseguró en febrero que la institución debería reducir su cartera de renta fija en favor de los activos reales.

Los activos físicos ofrecen una prima de iliquidez que está fascinando en momentos en que los mercados de bonos ofrecen una rentabilidad más escasa. Una cartera de edificios podría producir una prima de alrededor de 250 puntos básicos sobre los bonos gubernamentales, predice a investigación de UBS Wealth Management.

Este tipo de activos, por lo general, no se mueven al unísono con los mercados financieros

Los activos reales tienen otras ventajas. Por lo general no se mueven al unísono con los mercados financieros. Y para aquellos dispuestos a inmovilizar su dinero por un tiempo, los activos tales como bienes inmuebles e infraestructuras pueden ser compatibles con flujos de caja predecibles con baja volatilidad. Esto es ideal para las aseguradoras de vida y los fondos de pensiones que tienen horizontes de inversión más a largo plazo.

Pero, ¿qué sucede cuando una horda de otros gestores de activos entran en estos mercados relativamente pequeños y poco líquidos? Es fácil que se produzcan cuellos de botella, cambiando la ventaja a los vendedores.

Es cierto que la necesidad de una infraestructura nueva y mejorada tanto en los mercados emergentes como en los desarrollados reunirá una parte del incremento de la demanda. Pero la participación gubernamental en algunos proyectos de infraestructuras contiene la volatilidad aunque trae riesgo regulatorio. Los proyectos de infraestructura tienden a ser complicados y a depender de la tecnología. Poner precio a los riesgos operativos y técnicos no es para principiantes. Un aumento sostenido de interés podría llevar a infravalorar algunos riesgos inherentes a los activos reales.

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