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La maldición de los recursos

La caída de los mercados mundiales de materias primas pone de relieve la naturaleza polifacética de la maldición de los recursos. Para sobrevivir al movimiento de los precios del petróleo y los minerales, algunas naciones tendrán que cambiar sus economías. Una vez más, el mundo recibirá un aviso de que depender de los despojos de la tierra impide el pensamiento estratégico a largo plazo, reduce la brecha entre el buen y el mal gobierno y enturbia a e los votantes sobre quién es el responsable.

El colapso esta vez no se limita al petróleo. Los precios del cobre se redujeron en un 21% durante el año pasado. Y el índice Core Commodity CRB Thomson Reuters se ha contraído casi un cuarto. BHP Billiton advirtió el martes que es probable que el precio del mineral de hierro caiga a corto plazo debido a la creciente oferta. Como resultado, las economías dependientes de los recursos de todo el mundo se enfrentan a una fuerte caída en sus ingresos de exportación y tendrán que reorientar sus esfuerzos productivos para favorecer a los sectores menos afectados.

En un extremo, el petróleo representaba el 90% de las exportaciones de Venezuela, por lo que la reducción del precio a la mitad ha destrozado el presupuesto y la balanza de pagos del país. El presidente Nicolás Maduro, que complica aún más la tasa de cambio vigente del bolívar al no abolir un subsidio a los combustibles, no está logrando aliviar el problema. Por otra parte, la economía sigue en recesión y con más de 40 millones de dólares en petróleo vendido ya a futuro a China no quedan muchas opciones más de financiación.

El mundo recibirá un aviso de que depender de los despojos de la tierra impide el pensamiento estratégico a largo plazo

En comparación, mientras que el petróleo y el gas también representaban el 95% de las exportaciones de Nigeria, la corrupción había limitado la producción y la inversión extranjera, incluso con los precios del petróleo a más de 100 dólares. Nigeria se ha visto obligado a recortar su presupuesto, pero incluso el plan revisado en diciembre, basado en un petróleo de 65 dólares por barril, puede ser demasiado expansivo y el ministro de Hacienda recientemente ha hablado de duplicar la tasa de impuestos sobre las ventas al 10%.

Sin embargo, el presupuesto de diciembre todavía pronostica un crecimiento del 5,5% de Nigeria para 2015, mientras que la revisión de enero del FMI prevé una expansión media del 5% en 2015 y 2016, lo que indica que la economía no petrolera sigue siendo robusta.

Una exposición a las materias primas de base más amplia y un fondo sustancial de reservas pueden limitar el daño causado por las oscilaciones del precio de mercado. Chile, por ejemplo, fue capaz de capear la recesión de 2009 del cobre empleando su Fondo de Patrimonio. Esta vez, con la importación de la mayor parte de su petróleo, Chile se beneficiará de la caída de precios, incluso con los problemas del cobre.

Colombia, aunque depende más de la energía que Chile, también parece capaz de capear el temporal, con un foro de Corficolombiana en diciembre que estima un deterioro fiscal de apenas el 0,4% de la producción nacional, fácilmente cubierto por financiación, pese a contar con un déficit en cuenta corriente del 4,4% del PIB en el primer semestre de 2014 y con un descenso en la tasa de cambio del dólar de un 23% desde junio.

Por último, Ghana ha visto el cedi caer alrededor del 27% frente al dólar en el último año y ha incurrido en un déficit de pagos de un 10% del PIB en 2014, según el FMI. Dado que el presupuesto del país de 2015 se fijó en base a una fórmula predeterminada de 99 dólares el barril, está actualmente en fase de revisión y el país está pidiendo ayuda al FMI.

Varias lecciones se pueden extraer de la respuesta a la caída de los precios del petróleo. Contar con muchos recursos alimenta la dependencia. Los gobiernos tienen la tentación de desviar los ingresos hacia sus propias arcas y aumentar el gasto en consecuencia. De esta manera, es difícil para la población que vota determinar si los desastres económicos son resultados de malas políticas o de los cambios de precios.

Los fondos de estabilización pueden ayudar, pero las soluciones principales son un esfuerzo continuo para desarrollar los sectores económicos que no dependen de los recursos y un control estricto del apalancamiento a todos los niveles en los buenos tiempos, para preservar la flexibilidad en la financiación cuando los tiempos se ponen difíciles.

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