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Columna
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Bienvenidos a Alemania

La prosperidad económica en Alemania se pronuncia cada vez más con acento rumano, polaco e italiano. La mayor economía de Europa se ha convertido en un imán para los trabajadores bien formados de otros países de la UE.

La inmigración neta ha alcanzado su máximo en 20 años. Un flujo constante de trabajadores extranjeros es crucial para mitigar el rápido envejecimiento de la población del país, una amenaza clave para sus perspectivas de crecimiento.

La entrada anual en Alemania de inmigrantes permanentes casi se ha duplicado desde 2008. El país se ha convertido en el segundo destino más popular del mundo rico para los inmigrantes después de Estados Unidos, según muestran los datos de la OCDE. En 2015, la inmigración neta podría aumentar hasta en un 10%, calcula el think tank económico IAB. En el primer semestre de 2014, el 85% de los recién llegados provenían de otros países de la UE, en particular Polonia, Rumania, Bulgaria e Italia.

Sin los trabajadores que llegan desde el extranjero, el milagro económico alemán habría topado hace tiempo con una piedra en el camino. Casi el 60% de los 1,7 millones de nuevos puestos de trabajo creados desde 2010 han sido ocupados por extranjeros.

Perder un tercio de la fuerza laboral por el envejecimiento debilitaría el crecimiento y el sistema de seguridad social. Mantener la fuerza de trabajo requiere 400.000 inmigrantes al año.

Pero un mayor grado de movilidad laboral dentro de Europa no solo interesa a Alemania. También ayuda a estabilizar la zona euro. Los economistas han reconocido desde hace tiempo la movilidad laboral como uno de los ingredientes de una exitosa unión monetaria.

Un riesgo clave es una reacción política contra de los extranjeros. Hasta ahora, Alemania carece de un partido anti-inmigrantes significativo. Pero los votantes están divididos: los inmigrantes de la UE reciben una bienvenida más cálida que los de fuera.

Angela Merkel ha refutado las ideas británicas de limitar la libertad de movimiento de la unión. Para ella es tanto una cuestión de interés económico como de principios.

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