Editorial

El peligro griego pierde fuelle

El alivio por el acuerdo provisional alcanzado el viernes entre Grecia y el Eurogrupo para prorrogar cuatro meses el rescate del país se ha hecho sentir en las bolsas de todo el mundo. Si el viernes la primera reacción vino de Wall Street, que registró alzas que permitieron a Standard & Poors cerrar en máximos históricos, ayer le tocó el turno a los parqués europeos. Pese a que Atenas debe aguardar todavía a que la troika dé su aprobación a la lista de reformas del Gobierno heleno, algo que hace augurar duras negociaciones, la desaparición de la incertidumbre que pesaba sobre los mercados ante la posibilidad de que se frustrase el acuerdo ha provocado un moderado optimismo. El Ibex 35 tanteó durante la jornada de ayer los 11.000 puntos por primera vez desde septiembre, pese a que no mantuvo esa cota al cierre, mientras que el resto de los principales parqués europeos acumulan ya unas ganancias que superan los dígitos. A la cabeza de todos los selectivos se sitúa el Dax alemán, que avanza imparable, aparentemente ajeno al conflicto griego y centrado en el programa de compra de deuda que pondrá en marcha la semana que viene el Banco Central Europeo (BCE). En cualquier caso, el respiro dado por el acuerdo del viernes no se ha hecho notar únicamente en la renta variable, sino también en la fija. La prima de riesgo española se aproximó ayer de nuevo a los 100 puntos básicos, mientras el bono portugués tocaba mínimos históricos.

La reacción optimista pero lejos de la euforia de los selectivos apunta a que el potencial desestabilizador que Atenas ha supuesto para la zona euro afortunadamente ha perdido fuelle. Por un lado, por la menor agresividad y prepotencia en el discurso del Gobierno de Alexis Tsipras, que poco a poco ha ido mudando hacia una postura más realista y pragmática. Buena parte de las dificultades que tiene el primer ministro griego para negociar la lista de reformas que debe implementar el país es la necesidad de mantener la unidad de su Ejecutivo, en el que algunos miembros acusan al ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis de haberse plegado a las exigencias de la troika. Por otro, por la inminencia de la puesta en marcha la próxima semana del programa de compra de deuda del BCE, un torpedo capaz de insuflar oxígeno a los mercados en los próximos meses. Pese a ello, no hay duda de que el problema griego debe ser resuelto cuanto antes para evitar una cronificación que no beneficiaría a nadie y que mantendría vivo el peligro de contagio político sobre las economías más vulnerables de la eurozona. En el caso de España, los analistas ven con recelo el papel que pueda jugar en el futuro mapa electoral una formación como Podemos.

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