Extra Compromiso Empresarial

¿Quién rescata la obra social?

Las antiguas cajas de ahorros convierten en fundaciones sus actividades solidarias y recurren a la imaginación mientras llegan las aportaciones

¿Quién rescata la obra social?

Adiós a los tiempos en los que cualquier acto cultural, programa de ayuda a mayores o beca de estudios llevaba asociado el logo de alguna caja de ahorros, normalmente la local. El proceso de reestructuración del mapa financiero que transformó estas entidades, junto con la crisis económica, se llevó por delante sus potentes obras sociales, otrora su máximo orgullo.

Convertidas en bancos, con la clara excepción de la hoy Fundación Bancaria La Caixa, que ha mantenido intacta su apuesta económica, el resto de obras sociales o han desaparecido o han visto mermado su presupuesto en obra propia hasta la mínima expresión. De hecho, lo que en 2008 suponían más de 2.000 millones de euros, un montante que llegó a ser superior a lo destinado por el propio Estado a políticas sociales, en 2011 se quedó en 1.100 millones y hoy se ha reducido a los 647,7 millones de euros que, según datos de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), se dedicaron en 2013 (últimos datos disponibles).

Eso no solo significa un descenso vertiginoso, sino también una concentración peligrosa. Y es que la heredera de la obra social de La Caixa, con sus 500 millones de presupuesto, aporta el 77% del total. Esta fundación es la única que ha reiterado en los últimos años su disposición a blindar la continuidad del compromiso social de la entidad, “una de sus señas de identidad más singulares e irrenunciables desde su nacimiento en 1904”, asegura. Para este ejercicio ha anunciado que el desempleo, la lucha contra la exclusión o el acceso a la vivienda seguirán concentrando buena parte de los esfuerzos.

El objeto de las contribuciones también ha ido evolucionando en los últimos años y, según la CECA, en 2013 el área de acción social se mantiene como principal destino de la inversión, con un peso del 47,16%, mientras que en 2008 asistencia social y sanitaria suponía apenas el 38% del total. Cultura y patrimonio representan un 18,86% de la inversión actualmente.

En 2008 las entidades destinaban más de 2.000 millones de euros a su compromiso social, y hoy la contribución se reduce a 647 millones, 500 de los cuales los aporta La Caixa

Si nos centramos en cooperación al desarrollo, Chema Puchades, responsable técnico del departamento de cofinanciación de Manos Unidas, cree que en esta área “no podemos hablar de recortes, sino de desentendimiento” por parte de la mayoría de las cajas de ahorros y sus fundaciones afines, con excepción de La Caixa.

De hecho, los fondos obtenidos por Manos Unidas de esas entidades se han reducido hasta el 99% desde 2010. “Dicha falta de ayudas provoca un fuerte golpe a las poblaciones más desfavorecidas y en especial a los procesos de desarrollo y apoyo, los cuales necesitan de mucho tiempo y sobre todo continuidad para hacerlas salir de la pobreza en la que se encuentran”, recuerda Puchades. 

RECUPERAR EL APOYO

Para el tercer sector se ha perdido una de las fuentes para la acción social más importante, “que significaba el triple o el cuádruple de lo que se obtiene por la asignación del IRPF. Ese retorno a la sociedad que se recibía vía obra social debe recuperarse de alguna manera”, asegura Enrique Galván, director de la Federación de Organizaciones en favor de Personas con Discapacidad Intelectual.

“Las cajas de ahorros eran una fuente de ingresos privados estable para muchas organizaciones, sobre todo para las que realizan su trabajo en España y tenían un tamaño medio, con poca diversificación de las fuentes de financiación. El problema de la disminución, y en algunos casos desaparición, de la financiación de estas obras sociales ha agravado los recortes de las Administraciones públicas”, reflexiona Fernando Morón, director-gerente de la Asociación Española de Fundraising, entidad nacida precisamente para asesorar sobre la captación de fondos a ONG.

Morón, que es rotundo al afirmar que las fundaciones ligadas a los nuevos bancos no han tomado adecuadamente el relevo de las antiguas cajas, cree que las organizaciones sociales deben cambiar sus modelos de financiación acudiendo en mayor medida a las aportaciones privadas, bien a las empresas, bien de las personas, intentando que cada vez haya más colaboradores o donantes.

Juan Carlos López García, responsable de obra social de CECA, en cambio, sí cree que los bancos surgidos de las cajas han asumido esa contribución social mediante dos vías principales: aportando financiación a las fundaciones que, al ser accionistas de las entidades, cobran los dividendos como cualquier otro inversor. Y, al mismo tiempo, mediante sus políticas de responsabilidad social corporativa.

¿Y cómo se financian hoy las obras que han quedado? Según el experto de la CECA, se han introducido nuevas formas, “que incluyen la puesta en valor del patrimonio, ingresos derivados de la propia actividad o el establecimiento de colaboraciones y alianzas público-privadas”. De hecho, destaca que “el 12% de lo invertido en obra social en 2013 se consiguió con actividades propias, como la venta de entradas o el alquiler de espacios, mientras que en 2008, por este método solo se lograba el 6% de los ingresos”. Eran otros tiempos, ya que por entonces las cajas destinaban de media un 25% de sus beneficios a la sociedad.

CÓMO INGRESAR

Lo cierto es que éstas han tenido que echar mano de la imaginación; unas más y otras menos han encontrado fórmulas más o menos eficaces. Es el caso de las antiguas Obra Social Caja Madrid y Fundación Caja Madrid. De ellas lo único que queda tras el nacimiento de Bankia es la nueva Fundación Montemadrid, desde donde, según José Guirao, su director general, se ha buscado mantener las mismas líneas de trabajo anterior es, aunque fuese destinando menos fondos a ello.

En efecto, este año contarán con unos 30 millones de euros, cuando en sus tiempos de máximo esplendor (2007) llegaron a manejar 220 millones. Ahora los ingresos proceden fundamentalmente de los beneficios del Monte de Piedad, una clase de entidad que ya de por sí desempeña una importante labor social al conceder microcréditos prendarios (se ha de dejar como garantía una joya o alhaja) a personas con poco recursos.

En cuanto al crecimiento de ingresos, se espera, según Guirao, que provengan de la expansión del Monte y la explotación de los inmuebles y espacios de que disponen, y se están explorando otras vías como “el patrocinio para algunas de nuestras actividades y espacios, así como las líneas de financiación de la UE”.

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