Afecta al 30% de los pacientes ingresados en la UCI

Pronóstico grave en las infecciones hospitalarias

Alcanza los 3.200 fallecidos, el triple de las víctimas por tráfico

Cuesta a la sanidad 730 millones de euros al año

Pronóstico grave en las infecciones hospitalarias

Son casi tres veces más que las víctimas anuales en carreteras, pero nadie habla de estos casos. Sin embargo, el número es suficientemente grande para impresionar. 3.200 muertos al año en España por infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, las adquiridas en hospitales y otros centros de salud. Son datos de un estudio y plan de lucha presentado ayer en IESE por la Fundación Tecnología y Salud, ligada a la patronal Fenin (Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria).

Uno de cada 15 pacientes hospitalizados en España padece una de estas infecciones. “Se trata de un problema nuclear en la seguridad del paciente. Su influencia en mayores tasas de mortalidad y costes del sistema sanitario deben hacer que su abordaje sea un elemento fundamental para cualquier profesional y gestor del sistema sanitario”, se concluye en este documento. Un problema más agudo, si cabe, en las unidades de cuidados intensivos: el 30% de los pacientes ingresados en la UCI adquiere un infección.

La cifra de 3.200 defunciones proviene de una estimación sobre las tasas de afectados en España. “Nos hemos basado en un riesgo de probabilidad de muerte. Hemos publicado la hipótesis más conservadora. No es un dato para generar alarma”, asegura Eduard Portella, presidente de Antares Consulting y coordinador del estudio, en el que han contribuido 28 expertos y gerentes hospitalarios, ocho sociedades científicas y las compañías 3M, Hartmann, Hospira, BD, Werfen Grupo y Dräger Medical. “Hay que hacer muchos esfuerzos para conseguir una sensibilización acorde a la magnitud del problema”, opina Portella.

“No dice mucho en favor de los profesionales”

El plan presentado ayer incorpora 43 iniciativas para mejorar la situación de las infecciones nocosomiales, dentro de diferentes lineas estratégicas como monitorizar estos casos, incentivar a los profesionales, aplicar buenas prácticas, implantar la cultura de la seguridad en los hospitales, realizar prácticas o incorporar tecnologías.

“No es admisible la situación. Las sociedades científicas ya nos lo vienen advirtiendo. No puede ser que se tenga que decir a los sanitarios que se laven las manos. Pero seguimos diciéndolo cada día porque hay personal que no lo hace”, critica César Pascual, director gerente del Hospital Marqués de Valdecilla en Santander y uno de los ponentes del estudio. “Esta situación no dicen mucho en favor de los profesionales ni del sistema sanitario. Estamos provocando problemas de salud en vez de mejorarlos”, se queja. “Muchos casos son evitables porque los centros son el foco. Es ya una cuestión ética”, exige y pide que se genere una cultura de seguridad que actualmente no existe en estos ámbitos laborales.

Para Josu Rodríguez, gerente adjunto de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, los cuidados de las enfermeras son cruciales, pero todos los profesionales deben estar implicados, “desde el celador hasta el cirujano”. Además, advierte de que los pacientes cada vez presentan más demandas por estos asuntos y recomienda que los ciudadanos puedan conocer las tasas de infección de cada hospital.

Estas infecciones adquiridas en un centro de salud se denominan técnicamente como nosocomiales, y el 56% de ellas son evitables, según el Estudio Nacional de Efectos Adversos ligados a la Hospitalización, del Ministerio de Sanidad. Otros informes anuales, como el Epine (Estudio de Prevalencia de las Infecciones Nosocomiales en España), resalta que afecta al 5,6% de los pacientes, una patología que repuntó en 2014 tras el mínimo alcanzado en 2013 desde el inicio de la serie histórica que comenzó en 1990.

Un paciente con estas infecciones multiplica entre cinco y diez el riesgo de morir, se señala en el informe de la Fundación Tecnología y Salud, y su impacto social es muy elevado, afectando a la salud de las personas, sus familiares, demandas a los profesionales, costes globales de la atención sanitaria, la utilización poco eficiente de recursos, y “en última instancia, de una manera más o menos directa, repercute económicamente”, se apunta.

De hecho, se estima que esta afección tiene un coste directo de 730 millones de euros y un millón en cada hospital de gran tamaño. Si un paciente en España permanece 6,6 días de media de estancia en un hospital, por culpa de las infecciones nosocomiales se suman 5,1 adicionales, lo que provoca más gastos y listas de espera en el uso de esas camas.

A eso hay que sumarles costes indirectos e intangibles “como el sufrimiento de los pacientes, el dolor, la discapacidad y la reducción en la calidad de vida, así como el daño psicológico provocado al paciente, que influye también en las familias”, destacan el estudio. “Tenemos un modelo de hospital cada vez con más intervenciones, por tanto hay más riesgos. Tendremos más dificultades en el futuro si no atacamos el problema”, cree Portella.

Los principales factores de riesgo son la intubación (35% de los casos), los catéteres vasculares y urinarios. Los patógenos más habituales que provocan estas infecciones son las bacterias como escherichia coli (en el 15,2% de los casos), estafilococo áureo, pseudomonas aeruginosa, que en algunos casos se muestran muy resistentes ante el tratamiento con antibióticos. En las terapias, habitualmente se utilizan antimicrobianos como amoxicilina, levofloxacino, piperacilina o meropenem.

El informe achaca a variadas causas el escaso control de estas afecciones. Por ejemplo, se destaca la escasa formación en la cultura de este riesgo, la supervisión ineficaz, la implicación poco activa de las direcciones de los hospitales y de las autoridades sanitarias, la mínima sensibilización, la sobrecarga de trabajo de los profesionales y una higiene de manos ineficiente.

En España existen algunas iniciativas para combatir las infecciones nocosomiales, pero fundamentalmente por impulsos aislados de comunidades autónomas. El País Vasco, por ejemplo, cuenta con el pionero Programa Inoz desde 1990, y en Cataluña la iniciativa se denomina Vincat. A nivel nacional, existen proyectos como Bacterimia Zero y Neumonía Zero. Pero en el plan presentado ayer se lamenta el escaso control que existe sobre qué está ocurriendo en los hospitales. “Si no hay vigilancia no se pueden saber las causas ni las consecuencias”, lamenta José Luis Gómez, presidente de la Fundación Tecnología y Salud. “Una parte fundamental es inculcar esta cultura de la calidad, del control de los procesos. ¿Para cuantos gestores este tema es una prioridad?”, se cuestiona.

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