Emmanuel Lulin, director general de ética de L’Oréal
“El que lleva las riendas tiene un deber de actuar éticamente”

“El que lleva las riendas tiene un deber de actuar éticamente”

La compañía L’Oréal, una de las principales firmas cosméticas del mundo, reconocida por marcas como Vichy, La Roche-Posay, Lancôme, Giorgio Armani o Ralph Lauren, cuenta con una larga trayectoria en materia de sostenibilidad. Desde 2013 ha consolidado sus acciones en un compromiso global para 2020 llamado Sharing Beauty with All (compartiendo la belleza con todos) fundamentado en cuatro pilares básicos: innovación, producción, consumo y desarrollo sostenibles. La compañía opera en 130 países, lo que para Emmanuel Lulin (París, 1960) plantea un desafío ético en cuanto a derechos humanos y en el control de proveedores.

 Pregunta. La crisis ha contribuido a la desconfianza hacia las empresas y se mira con lupa su comportamiento ético.

Respuesta. La vía ética de L’Oréal es muy antigua y desde hace ya varias décadas la dirección evocaba la ética en reuniones de la compañía. En 2007, el presidente de L’Oréal, Jean-Paul Agon, decidió estructurar e integrar la dirección de ética dentro del grupo. No obstante, ya contábamos con un código, cuya primera edición se remonta al año 2000. Realmente, pensamos que una compañía que cuenta con una cultura ética fuerte tiene más valor que una compañía que carece de ella.

La mejor forma de conseguir una compañía anticorrupción es desarrollar una cultura de la integridad”

P. ¿Basta con cumplir la ley?

R. La ética precede a la ley y la sigue. Precede a la ley porque muchas veces la ética se plantea cuando hay una insuficiencia en la aplicación del ordenamiento jurídico. El proceso ético de L’Oréal está más basado en los valores que en los fundamentos mismos del Derecho. Y hay una razón fundamental. Cuando se actúa solo en función de lo que establece la ley, externamente se está mandando un mensaje subliminal de falta de confianza. Mientras que un proceso basado en los valores se funda en la confianza más que en la desconfianza, que en definitiva tiende a favorecer y a animar a los colaboradores y a sus stakeholders a apoyarse en estos valores en la toma de decisiones.

P. ¿Cómo se organiza el control ético en la empresa?

R. Está dirigido por un director general de ética, que reporta directamente con el presidente y cuenta con un pequeño equipo. Nos apoyamos sobre un principio de dirección y una organización. El principio de dirección que tenemos en cuenta es que los jefes son jefes, el que lleva las riendas tiene un deber de actuar éticamente. En lo que se refiere a la organización, existe una red de directores de ética en cada país. Desarrollamos juntos acciones de formación muy concretas y acciones de comunicación, y trabajamos con herramientas que permiten medir nuestros riesgos y elaborar planes concretos para mejorar las cosas.

P. Ustedes han puesto en marcha un plan, Sharing Beauty with All, con objetivos ambiciosos en materia de sostenibilidad.

R. L’Oréal se ha implicado claramente en un programa de vigilancia exhaustiva de sus fuentes de aprovisionamiento de materias primas. Esto afecta a la mayor parte de las marcas del portfolio de L’Oréal sin que se haga una publicidad explícita al respecto. Las cosas ocurren detrás de la escena y así debe ser.

P. ¿Existe un control de los proveedores?

R. Tenemos un gran número de proveedores y desde 2000 se tomó la decisión de auditarlos a todos en base a unos altos estándares. Han sido auditados ya cerca de 5.000 proveedores de acuerdo con la norma SA 8000, muy exigente en materia de derechos humanos, higiene y seguridad, medio ambiente, diversidad y respeto a las convenciones fundamentales, en concreto de la OMT. Pero al mismo tiempo y paralelamente hemos considerado esencial auditarnos nosotros mismos, con los mismos estándares. No cabe duda que la forma que construimos la relación con los proveedores es una relación de alianza a largo plazo. Es una corresponsabilidad.

P. El plan prevé crear nada menos que 100.000 empleos.

R. Es empleo directo e indirecto. Tenemos confianza en que llegaremos. No deja de ser el desarrollo de nuestros propios negocios, pues tenemos como ambición y misión conquistar 1.000 millones de nuevos consumidores. Es una cuestión muy interesante desde el punto de vista ético, porque el caldo de cultivo para este objetivo son países muchos de ellos en desarrollo. Y aunque no siempre, existe un desafío en la garantía de los derechos humanos. También está el problema de la corrupción. En materia de corrupción, L’Oréal tiene una política simple pero no simplista: tolerancia cero. La mejor forma de conseguir una compañía anticorrupción es desarrollar una cultura de la integridad. Para la mayor parte de los conceptos existe una parte positiva. En lugar de hablar de la lucha contra la discriminación prefiero hablar de nuestro compromiso en materia de diversidad. En lugar de hablar de conflicto de interés prefiero hablar de lealtad, etc.

Juego limpio en la comunicación

La comunicación entre los cuadros y los colaboradores es fluida, asegura Emmanuel Lulin. “Es fundamental estar cercanos al terreno y es esencial en ese sentido que los colaboradores puedan expresarse directamente ante sus directivos de proximidad”. Pero si esta falla, existe una línea de alerta ética mundial operativa en más de 40 idiomas abierta 24 horas, todos los días del año.

“No se trata solo de empujar al colaborador a expresarse, sino que paralelamente se apela a los directivos para que sepan escuchar. Si alguien eleva una cuestión tiene que tener la seguridad de que esta cuestión será tratada y nunca será enterrada”, afirma.

Un elemento importante es también la claridad de las expectativas que el directivo tiene de los colaboradores. “Eso es juego limpio. Como jefe, tengo el deber de comunicar a mi colaborador lo que espero de él. Se trata de predicar con el ejemplo, es la mejor forma de autoridad. Todos estos elementos giran en torno a la noción misma de la confianza. Es uno de los elementos que configuran una cultura de integridad y esta asimismo conlleva confianza”, explica Lulin.

La compañía celebra cada año el Día de la Ética, que es, según el ejecutivo, un elemento de liderazgo y, al mismo tiempo, un día festivo. “Desde hace ya seis años organizamos un día de la ética en todo el mundo que da lugar a numerosas interacciones entre la dirección del grupo y los colaboradores. El presidente de L’Oréal, Jean-Paul Agon, está en contacto directo con los colaboradores del gru_po que pueden plantearle preguntas. En 2014 se le plantearon 3.900 preguntas, que respondió en directo y dando prioridad a las preguntas complejas, las verdaderas preguntas”, asevera. Ese mis_mo día, en 60 países, los presidentes en el país realizan este ejercicio ante sus colaboradores locales.

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