Tribuna

La hora de los estadistas y las coaliciones

El pasado 9 de noviembre se cumplió el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín, hito que permitió la reunificación de Alemania y transiciones y revoluciones en Europa Oriental que derribaron las dictaduras comunistas.

Los estadistas deben reaccionar ante adversidades diseñando estrategias y construyendo coaliciones con sus socios. El panorama geopolítico y la disminución del crecimiento económico internacional ralentizan inevitablemente la extraordinaria recuperación de la economía española. Nos hallamos ante un estancamiento y deflación en la eurozona y las peores relaciones con Rusia desde el final de la Guerra Fría. La crisis amplifica la eficiencia de los mensajes demagógicos de extrema izquierda y derecha (Syriza, Podemos, Beppe Grillo, Frente Nacional, UKIP), partidos que además colaboran abiertamente con Rusia.

Pero el desafío de Syriza (los acreedores de Grecia aceptaron ya pérdidas sustanciales), las dificultades de Francia e Italia y la desaceleración del crecimiento mundial son adversidades que podemos superar. La clase política tradicional ha perdido popularidad por la dureza de los inevitables ajustes y por la cantidad de escándalos de corrupción. Pero el auge de los populismos también es fruto de una infravaloración de los extraordinarios resultados que hemos conseguido. España salió de la recesión en 2013, el paro disminuye y superamos a todas las economías importantes de la eurozona con un crecimiento del 1,6% en el tercer trimestre de 2014. Los inversores compran bonos a diez años españoles a intereses inferiores (1,42%) a los que cobran a Estados Unidos (1,64%) e Italia (1,65%). La prima de riesgo respecto al bono alemán ha disminuido desde los 649 puntos del verano de 2012 a los 112 actuales.

Este esfuerzo permitirá ahorrar 350 millones de euros en 2015 en la financiación de las comunidades autónomas y entes locales. En 2014 batimos el récord de llegada de turistas –63 millones–. Continúan aumentando nuestras exportaciones y registramos mensualmente superávits comerciales si excluimos energía. El descenso del precio del petróleo beneficiará a nuestras empresas y estimulará el consumo. Mario Draghi ha forjado gradualmente un consenso para desplegar la gran bazuca, que permitirá al BCE y bancos centrales de los Estados de la eurozona comprar bonos y activos por valor de un billón de euros.

El actual PSOE, IU y los antecesores de Podemos (15-M) deseaban y se equivocaron en 2012 cuando pronosticaron un rescate y la llegada de los hombres de negro de la troika. Los comunistas y antisistema cambian de nombre pero recurren a la mentira, el catastrofismo y aprovechan las crisis para forjar narrativas falsas. Siempre necesitan un chivo expiatorio para justificar su existencia, sea Estados Unidos, el sistema financiero o, en su versión actual, la UE. Podemos estar orgullosos de no haber caído en la xenofobia a pesar de la crisis. España ha recibido de la UE desde 1986 120.000 millones de euros, cantidad equivalente a la que obtuvo toda Europa Occidental bajo el Plan Marshall y cercana al presupuesto anual de la UE. Seguimos siendo un receptor neto, y en la perspectiva 2007-2013, el segundo Estado que recibe más fondos estructurales de la UE. Mientras sirva para ganar votos, el actual PSOE compite en antieuropeísmo con IU y Podemos

¿Qué podemos hacer para superar estas adversidades? Liderar con una estrategia con tres componentes. El primero consiste en desarrollar una política energética inteligente con nuestros socios europeos y Estados Unidos. Gracias al gas de esquisto, Estados Unidos se ha convertido en el primer productor mundial de gas natural y el presidente Obama ha flexibilizado los criterios para exportar gas natural y petróleo. La construcción de más plantas de regasificación de gas natural licuado en Europa permitirá a Estados Unidos exportar gas natural a Europa, liberándonos de los chantajes de Putin. España desempeña un papel clave al contar con 7 de las 21 plantas de regasificación europeas. El Gobierno apuesta acertadamente por construir un gasoducto apoyado por la UE (Midcat) que exportaría por el Mediterráneo el gas procedente del norte de África. Necesitamos asimismo más plantas de almacenamiento de gas y construir y ampliar gasoductos y oleoductos procedentes del mar Caspio que eviten cruzar Rusia. La interconexión de nuestras redes eléctricas impediría la pérdida de la energía generada por las fuentes renovables en Alemania y España en momentos de baja demanda. Muchos de estos proyectos se pueden financiar con los 62.000 millones de euros en préstamos que se prevé consiga el plan Juncker, otra buena herramienta de la denostada UE.

La segunda vertiente radica en un mayor progreso hacia la unión fiscal y bancaria. La armonización de los tipos del impuesto de sociedades y otros tributos (renta, impuestos especiales, IVA) evitará la competencia desleal entre los Estados de la UE. Sería deseable una mayor colaboración entre el BCE, la Autoridad Bancaria Europea y el Banco de Pagos Internacionales para fijar criterios únicos sobre las reservas de capital que deben mantener los bancos. Necesitamos en tercer lugar resultados tangibles para frenar la ola de euroescepticismo. El plan Juncker financiará la construcción y mejora de infraestructuras de transporte y energéticas transeuropeas con 62.000 millones de euros procedentes de la emisión de bonos por parte del BEI y puede generar más de un millón de empleos en tres años. Europa, por fin, cuenta con un pequeño plan Marshall. Aprovechémoslo.

Alexandre Muns es Profesor de EAE Business School