Cinco apuntes sobre la deflación

1.-No hay una definición precisa de qué es la deflación, más allá de “un periodo prolongado de caídas de precios generalizadas”. La recesión son dos trimestres de crecimiento del PIB negativo, pero la deflación no está tan clara. Pero, por resumir, una caída puntual no es deflación, ni una caída prolongada pero muy condicionada por una partida concreta, tampoco. España suma seis meses de caídas de precios (más otros seis cercanos al cero) y con más de la mitad de las partidas en rojo, pero no sabemos si es deflación.

2.- ¿Buena o mala? Depende para quién, lógicamente. Que bajen los precios puede parecer bueno, y puede ser bueno para los que hacemos la compra, llenamos el depósito, etcétera. Pero además de esto, tenemos que pagar las deudas, deudas que no se ajustan por la inflación. Es decir, la deflación eleva el valor relativo de los salarios, pero también de las deudas. Si, con el tiempo, la deflación se traslada a los ingresos (como sucede con la inflación), la capacidad para pagar deudas es menor.

3.- España debe más o menos el 100% de su PIB y ha crecido alrededor del 1,5% este año ajustando la inflación; en euros el PIB solo habría crecido el 0,5% (en números aproximados). En otras palabras, la capacidad del país para pagar deudas apenas ha mejorado. Y sucede lo mismo al contrario; tradicionalmente la alta inflación ha sido un mecanismo usado en países muy endeudados para reducir de forma natural el peso de la deuda. Para un país como España, endeudado al 100% del PIB, una variación en la inflación del -1% al +3% reduciría la carga de la deuda pública en un 4%, reducción equivalente a un recorte de 40.000 millones de gasto público.

4.- Más allá de una hoja Excel de macroeconomía, la deflación sí puede tener efectos en el “mundo real”. Aunque, en este caso, lo relevante son las expectativas. Si los consumidores y las empresas prevén que los precios bajen en el próximo año, gastarán menos e invertirán menos. Optarán por ahorrar o, en el caso de países muy endeudados como España, por reducir deudas… Un flaco favor al crecimiento económico y a la propia evolución de la inflación/deflación que puede generar un círculo vicioso, que se agrava cuando empresas o particulares, ante la caída de ingresos y el aumento de valor relativo de las deudas, tienen que vender activos de forma forzosa.

5.- El círculo vicioso deflacionista fue apuntado por Irving Fisher en los años 30. Fue uno de los más grandes economistas de todos los tiempos, si bien su reputación en aquella época se vio minada por decir, justo antes del crash de 1929, que los precios de la bolsa habían alcanzado una “meseta permanentemente alta”. La deflación de deudas ha sido el campo principal en el que ha trabajado el ex presidente de la Fed Ben Bernanke, lo que ayuda a explicar el diferente enfoque de la Fed y el BCE tras la crisis.

6.- En resumen, la deflación es buena para los acreedores y mala para los deudores. Y España es deudora. La diferencia entre una deflación mala pero relativamente benigna y una deflación destructiva es la medida en que la bajada de precios se traslade a las expectativas de empresas y consumidores.

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