Vicente Dalmau, presidente de Marqués de Murrieta

“Cuando me hice cargo de Murrieta, nadie creía en mí”

"Nuestro proyecto es único en España. Lo rentabilizaremos porque tiene alma”

"El 70% de nuestro vino se vende fuera, en 96 países"

“Cuando me hice cargo de Murrieta, nadie creía en mí”

Acaba de finalizar la obra de reconstrucción del castillo de Ygay, que alberga Marqués de Murrieta, bodega que nació hace 160 años en La Rioja y que desde hace más de dos décadas pertenece a su familia, desde 1983, cuando su padre la adquirió. Vicente Dalmau, madrileño, de 44 años, conde de Creixell, tuvo que hacerse cargo de la empresa repentinamente tras el fallecimiento de su progenitor. Viste impecable, le da importancia a la imagen, y en ese deseo puede concebirse la restauración del histórico castillo, que acogerá un museo donde se mostrará la historia de la bodega: los tinos originales de fermentación de 1852, fotografías, maquinaria antigua y una colección de 70.000 botellas.

Nueve años de obras son muchos. ¿Con qué finalidad llevaron a cabo la reforma?

La envergadura de la obra se debe a que queríamos hacer un gran proyecto de enoturismo, ya que durante muchos años ha estado cerrada a las visitas. Queríamos algo que fuera muy atractivo: un edificio para atender a las visitas, una tienda de vinos, jardines, y toda la rehabilitación exterior de los edificios se ha realizado a mano, con canteros gallegos. Se ha rehabilitado un patrimonio histórico, ya que los primeros vinos que se elaboraron en la bodega datan de 1852. Y tenemos la responsabilidad de mantener todo este legado. Hemos cambiado todo para que todo siguiera igual.

También albergará un museo.

Con la historia del nacimiento de Marqués de Murrieta, que se debe a la figura de un emprendedor [se refiere a Luciano de Murrieta, militar de profesión] que en Londres, donde la familia tenía negocios financieros, se da cuenta de que existen vinos de calidad. Pasó tres años viajando a Burdeos en busca de técnicas de elaboración de vino. De vuelta a España, comienza a producir con técnicas francesas, y ahí se inicia una nueva era en Rioja, más moderna. Todo esto se va a plasmar en el museo. El 70% de nuestro vino se vende fuera, en 96 países, y queremos que nuestros clientes puedan visitar la bodega. Tenemos un proyecto gastronómico muy interesante, con comedores privados para clientes.

Usted tuvo que tomar las riendas de la bodega muy joven.

Tenía 25 años cuando mi padre falleció, pero ya llevaba varios años trabajando con él, y lo compaginaba con mis estudios de Derecho y Económicas en la Universidad de Navarra. Mi padre me inculcó su misma dedicación, y los años a su lado sirvieron para poder liderar la empresa. Han pasado 18 años y se han alcanzado las metas propuestas.

¿La gente creyó en usted o tuvo que ganarse la confianza del mercado?

Cuando empecé a dirigir la bodega, la gente pensaba que la vendía o la hundía. Murrieta era una pieza clave en el sector vinícola, nadie creía en mí, ya que con 25 años todavía no estaba formado. He tenido que aprender sobre la marcha.

El negocio del vino es oficio, ¿cómo se aprende?

Se requiere dedicación, preparación, constancia y mucha entrega. Muchos han entrado en este negocio sin entender el mundo del vino; se creían que podían entrar como quien lo hace en cualquier otro sector, y no es así, es diferente. Todas las inversiones que aquí se hacen han de ser a largo plazo.

“Cuando me hice cargo de Murrieta, nadie creía en mí”

¿Cuántos años se requieren?

En nuestro caso, buscamos los terrenos, han de pasar 10 años antes de que la uva entre en un vino de Murrieta y luego hay que hacer el vino. Hablamos de entre 15 o 20 años. He aprendido que si no tienes claro el concepto de largo plazo, no se logrará nada, al menos como nosotros entendemos que ha de ser el mundo del vino. Hay que tener un viñedo bien formado y saber que por mucho que seas el presidente, el que manda es el vino.

¿Cómo se logra mantener el consenso en una familia empresarial?

Una familia que se dedique al vino debe tener un sentimiento especial, ya que es un concepto de vida. Se requiere de inversiones tremendas, los costes del inmovilizado son importantes. Tenemos 12 millones de botellas dentro, de 2009 hasta aquí, más los grandes reservas. Si se analiza todo, es difícilmente entendible si no se tiene ese concepto de vida, unido al prestigio de una marca, al empeño de hacer las cosas bien.

Habrá recibido ofertas...

Continuamente, ya que se trata de una bodega muy atractiva, con posicionamiento y patrimonio, pero siempre tenemos la misma respuesta. Tengo tres hermanas, de las cuales solo Cristina trabaja en la bodega, y mi madre, y todos estamos de acuerdo en que la bodega seguirá en la familia. Mis sobrinos ya observan, les gusta, llevan el sello grabado.

También es propietario de la bodega gallega Pazo de Barrantes. Ahora que hay tantas bodegas disponibles, ¿no han pensado en comprar o entrar en otras denominaciones de origen?

Comenzamos también a modernizar la bodega gallega. Tenemos un pazo que data de 1511 y hacemos el albariño más caro del mercado, pero el mercado nos lo reconoce. Ahora, si mañana aparece algo interesante en La Rioja, solo en esta zona, podríamos estudiarlo.

¿Por qué solo en La Rioja?

Porque creo en el posicionamiento internacional. Los vinos se venden ahora sobre todo fuera de España, y Rioja es la denominación de origen más reconocida.

Han invertido 12 millones en las obras de reconstrucción del castillo de Ygay en plena crisis, ¿no les va mal?

El sector vive una crisis profundísima, pero las empresas tienen que invertir para el futuro. Es tremendo que las grandes empresas tengan que cerrar el grifo para realizar inversiones y que se haya impuesto la austeridad total. El consumo interno ha caído a niveles dramáticos, pero menos mal que habíamos trabajado previamente la expansión exterior. La razón de este esfuerzo de inversión es por el deseo familiar de mantener ese legado. Es un proyecto único en España y lo rentabilizaremos porque se nota que tiene alma, historia, es auténtico.

¿Y una vez finalizado este proyecto se siente satisfecho?

Empezamos otro. Pensaba que tras nueve años de obras iba a disfrutar, pero me he embarcado en una nueva zona productiva de fermentación, una sala de crianza. Estará acabada en 2018; vamos a modernizar toda la producción. Estamos entre las mejores bodegas del mundo y creo que se debe a que hemos sabido rejuvenecer nuestra bodega.

¿Es rentable?

Absolutamente, de qué iba a comer. No somos una bodega grande. De finca Ygay tenemos 300 hectáreas de viñedo, es de las más grandes que poseemos, aunque la cantidad de vino es limitada.