Tribuna

Medio millón de minuto para cultivar el talento

Comienza un nuevo año y con él nacen o resucitan buenos propósitos en todos los ámbitos de nuestra vida: dejar de fumar, adelgazar, encontrar un empleo, cambiar el que tenemos, aprender inglés, etcétera. Objetivos costosos que muchas veces ponemos en manos de gurús y que abandonamos a la primera dificultad, dejando un poso de frustración y desencanto con nosotros mismos.

Frente a este planteamiento, me gustaría proponer una idea sencilla, la de que cada persona se cultive a sí misma, con la llaneza, la atención, la paciencia y el cariño que la tarea del campo requiere. Recientemente, escuché al gran filósofo sevillano Emilio Lledó señalar que la palabra cultura viene de cultivar y creo que es algo que deberíamos tener en mente para intentar crecer, mejorar, evolucionar y ofrecer la mejor versión de nosotros mismos.

El nuevo año nos brinda a cada uno de nosotros más de 500.000 minutos, que bien aprovechados uno a uno para cultivar nuestro talento, nos pueden llevar a alcanzar una espléndida cosecha y un estadio diferente. No se trata de poner en manos de otras personas lo que somos y lo que hacemos, sino de ser honestos con nosotros mismos y hacernos responsables de nuestra vida. No todo será fácil ni saldrá como esperábamos, pero si nos hemos cultivado, si sentimos interiormente que hemos crecido, el tiempo y el esfuerzo dedicado a la tarea habrán merecido la pena.

Contar con personas honestas, responsables y dispuestas a dar lo mejor de sí mismas es además una necesidad más patente que nunca en la sociedad y en todas las organizaciones. Es posible desarrollar capacidades y acciones excelentes y novedosas a nivel individual, pero también en nuestra colaboración con las personas más cercanas, en entornos como la familia o los amigos, y en la aportación a grandes colectivos.

En el mundo complejo y cambiante en el que vivimos, las personas son una de las principales ventajas competitivas en las organizaciones. Nos enfrentamos a novedosos problemas y retos incomparables que se suceden a una velocidad trepidante, que requieren toda nuestra atención y las mejores capacidades disponibles. Las empresas necesitan contar con personas comprometidas, motivadas, abiertas a los cambios y con capacidad de aprender y, además, deben impulsar el desarrollo de todo su potencial.

Cada vez son más las empresas que trabajan en la evolución de sus profesionales como un paso fundamental para la transformación del conjunto de su organización. Intentan poner a disposición de sus trabajadores las herramientas necesarias para ayudarles a avanzar en los cuatro pilares del talento: el conocimiento, mediante la formación y experiencias profesionales retadoras y enriquecedoras; la acción, fomentando la innovación, la creatividad, la iniciativa, la excelencia en el desempeño; las relaciones sociales, mejorando la forma de interactuar con colaboradores, iguales, subordinados, jefes o clientes; y los valores y actitudes individuales, fomentando y valorando la integridad, humildad, equilibrio emocional, ética …

Para ello, las compañías han de hacer que cada profesional se plantee qué aporta y qué podría aportar, que se cultive y que cultive a otros. Que se pregunte ¿colaboro lo suficiente, sumo, resto, multiplico, divido?, con el fin de vencer las obstrucciones por parte de quien no quiere evolucionar.

Las organizaciones también pueden crear un entorno organizativo que permita la creación, comunicación y transmisión de conocimientos y experiencias, activando tres palancas clave: el compromiso de las personas, la colaboración entre ellas y el desarrollo de los profesionales.

Las empresas que sean capaces de potenciar su talento, ayudando a evolucionar a las personas que lo ostentan, e impulsar la gestión de la inteligencia colectiva, que surge de la colaboración entre sus profesionales, conseguirán desarrollar nuevas y mejores ideas de negocio, que les permitirán avanzar y ser sostenibles en el tiempo.

A través de las nuevas herramientas tecnológicas, las compañías son capaces de mejorar la escucha interna y con ella su actuación, generando espacios de reflexión y de aprovechamiento de esa inteligencia colectiva. Existen, por ejemplo, plataformas colaborativas que permiten que cada profesional participe aportando sus ideas u opiniones y las dé a conocer a los demás, de forma que puedan comentarlas y valorarlas. Estas herramientas facilitan una participación organizada, guiada hacia objetivos concretos y en la que las nuevas ideas y propuestas pueden ser monitorizadas.

En definitiva, tanto individualmente como en cada una de nuestras organizaciones contamos actualmente con el mayor número de recursos accesibles para desarrollar las capacidades propias y ayudar a otros a crecer, pensar en alternativas, ser creativos, flexibles a los cambios e innovar. No pensemos en el largo plazo, sino en aprovechar cada uno de los minutos que nos ofrece el nuevo año para cultivar nuestro talento. Si logramos hacerlo, entonces, la cosecha 2015 será excelente.

Mario Kogan es director de gestión del talento de Indra.