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El BCE pierde la fe de los inversores

La fe de los inversores en la capacidad del Banco Central Europeo de cumplir su mandato sobre la estabilidad de precios cae rápido –y con razón–. Un petróleo más barato fue en gran parte responsable de la disminución anual del 0,2% en los precios al consumidor para diciembre publicados por la oficina de estadísticas de la Unión Europea. Aun así, el BCE difícilmente puede quedar libre de su responsabilidad por una distancia tan grande a su objetivo de mantener la inflación “por debajo pero cerca” del 2%.

La disminución de la confianza de los inversores en la capacidad del BCE para cumplir su misión es otra señal de peligro que ha sido intermitente durante algún tiempo. El banco central también puede centrarse en el medio plazo, en lugar de dejarse llevar por las cifras mensuales. Pero su propio medidor preferido de las previsiones a cinco años dentro de cinco años, ha tenido una trayectoria descendente durante cinco meses. Alcanzó un mínimo histórico del 1,58% el 6 de enero. Las expectativas de inflación nunca cayeron a dichos mínimos, ni siquiera en pleno apogeo de la crisis financiera, la última vez que los precios al consumidor cayeron anualmente.

La menor confianza de los inversores en el banco central ha sido una señal de peligro intermitente

No se puede acusar al banco central de inacción. Ha reducido su política de tipos de interés a casi cero y ha tomado medidas para mejorar el flujo de crédito. Pero el afán del presidente, Mario Draghi, de construir un consenso para la acción le ha impedido actuar a tiempo para contrarrestar la amenaza de deflación. Y principalmente ha improvisado medidas de compromiso, en vez de lanzar la flexibilización cuantitativa, que está ahora un paso más cerca.

Draghi aseguró en una entrevista con un diario en Año Nuevo que el riesgo de que el BCE no cumpliera con su mandato de estabilidad de precios era mayor ahora que hace seis meses. La realidad es que el BCE ya ha fracasado y debe tomar medidas contundentes, sin demora.