El BCE prepara nuevas medidas

Hachazo de Draghi a la previsión de crecimiento

 El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi EFE

El BCE sigue preparado para actuar de forma contundente y extraordinaria y la realidad económica de la zona euro parece empujar a que lo hará en el primer trimestre de 2015. El consejo de gobierno de la institución no adoptó hoy nuevas medidas pero su presidente, Mario Draghi, sí reiteró la voluntad del BCE de dar respuestas ante la inquietante deriva que toma la evolución económica, incluso a pesar de la notable caída del precio del petróleo. De hecho, el BCE ha dado un tijeretazo a sus previsiones de crecimiento del PIB y de aumento de los precios, en especial de cara al próximo año.

Prevé ahora un aumento del PIB de la zona euro para este año del 0,8%, desde el 0,9% de su estimación anterior, del 1% en 2015, frente a un aumento previo del 1,6% y del 1,5% en 2016, cuatro décimas menos de lo estimado hasta ahora. En cuanto a los precios, Draghi dibujó un escenario en el que ahondan su descenso, un entorno de baja inflación por largo tiempo que aleja a la economía del objetivo de estabilidad de precios del mandato del BCE, que busca un objetivo en su crecimiento del 2%. En cambio, la institución prevé que crezcan este año una décima menos de lo esperado, el 0,5%, mientras que en 2015 aumentarán apenas el 0,7% (frente al 1,1%) y en 2016, el 1,3%, frente al 1,4%.

En noviembre, los precios crecieron en la zona euro tan solo el 0,3%, en parte a consecuencia de la caída del petróleo –que Draghi estimó en el 35% desde el mes de junio– y en parte también por el retroceso de los precios del sector servicios. “No toleraremos la prolongación de la inestabilidad de precios”, aseguró Draghi. Y es con este objetivo bajo el que el BCE está diseñando el boceto de cómo puede ser el quantitative easing a la europea con el que estimular la inflación.

El comunicado del BCE publicado ayer explica que la institución analizará tan pronto como a comienzos de año próximo el efecto de las últimas medidas aprobadas –compra de cédulas hipotecarias y de bonos de titulización de activos–, el aumento de su balance y la previsión sobre la evolución de los precios, para lo que seguirá muy atentamente la marcha del precio del petróleo.

Draghi recordó en rueda de prensa la disposición del BCE a adoptar nuevas medidas no convencionales si fuera necesario y reconoció que en la reunión de ayer se debatieron distintas fórmulas para la aplicación del QE, que incluyen la compra de un variado tipo de activos. A excepción del oro, sobre lo que fue tajante, y de activos en moneda extranjera, ya que su adquisición supondría interferir en el tipo de cambio, un objetivo que la institución no persigue, aclaró.

“Necesitamos ver el efecto de las medidas ya tomadas y estar preparados”, señaló Draghi. El QE está por tanto en el horizonte, aunque también quedó en evidencia las discrepacias que existen en el seno del BCE sobre su aplicación. Draghi reconoció que la postura sobre el aumento del balance hasta los niveles de principios de 2012 –y que supondría elevarlo en un billón de euros– no es unánime. No hizo falta mencionar a Alemania, puesto que es conocida la oposición del Bundesbank a las compras de deuda soberana.

Su presidente, Jens Weidmann, ya puntualizó recientemente que ese aumento del balance en un billón de euros no es un objetivo sino una guía, restando peso a la expectativa de que el BCE realice compras en el mercado por esa cuantía. Mario Draghi se encontrará por tanto con la negativa alemana a un QE por semejante cuantía y que incluya deuda soberana, pero advirtió también el consejo de gobierno del BCE puede tomar esa decisión no necesariamente por unanimidad. Basta que sea por mayoría.

Draghi hizo otras tantas puntualizaciones a los mensajes lanzados recientemente por el Bundesbank. Preguntado sobre si las compras de deuda soberana serían ilegales –un aspecto que Weidmann señaló en Madrid la pasada semana–, el presidente del BCE señaló que se realizarían dentro de un plan con el que buscar la estabilidad de precios, lo que sin duda está en el mandato de la institución. Quiso además marcar las diferencias entre el programa de compra OMT –anunciado en el verano de 2012, que no se llegó a activar y que aun así fue denunciado por Alemania como inconstitucional– y un eventual quantitative easing.

Draghi justificó el programa OMT –compra de deuda soberana con la condición de solicitar un rescate– por el momento de “crisis de confianza” que vivía la zona euro y en que “estaba concentrado en determinados países”. Y añadió que las políticas que se debaten ahora son para favorecer la estabilidad de precios. “Esto es pura política monetaria”, afirmó.

Si bien las palabras de Draghi señalan la voluntad mayoritaria del BCE de avanzar con las medidas de estímulo – quantitative easing mediante–, en su discurso también se aprecia que están abiertas múltiples opciones. Draghi señaló que la efectividad de ese QE y su efecto sobre la economía real dependerá de tres factores fundamentales, el tamaño, ritmo de aplicación y composición de los activos que se adquieran. Y reconoció que “los condicionantes iniciales son muy importantes”, en alusión a que la efectividad de la compra de deuda soberana de la zona euro –ahora con rentabilidades en mínimos históricos– podría ser inferior que la que en su día tuvieron las adquisiciones de deuda del Banco de Inglaterra o la Reserva Federal.

Y volvió a aludir a la necesidad de abordar reformas estructurales, de modo que el BCE no actúe en solitario. “No es cuestión de perder soberanía nacional sino de compartirla a nivel supranacional”, advirtió Draghi, en un mensaje hacia la resistencia francesa e italiana.