El Foco

Consumidores, beneficios y demanda

Las noticias económicas se han convertido, y muy especialmente desde el estallido de la crisis económica, en un punto de referencia obligado para profesionales y empresarios, y me atrevería a decir que para el público en general. Rara es la tertulia, reunión de amigos o simple conversación que surge de manera espontánea, donde no se hable de economía, de crisis, de los precios de las cosas, del sector inmobiliario, tarifas de servicios, impuestos, subvenciones, de lo mal que va el negocio, de ¿cuándo creéis que va a cambiar esto? Y cómo no, se habla de que algunos dicen que la crisis se terminó… ¿¡Ah! Pues no lo veo…

Existe la impresión de que tras la crisis se ha procedido a ajustar especialmente el gasto salarial

Quizás hasta el estallido de la crisis y la acomodación a una economía especialmente dura, las conversaciones sobre estas materias eran menos habituales que en la actualidad y cuando se reunían profesionales y ahorradores se trataba más bien el tema de cómo iba a evolucionar esta compañía o aquella otra, o qué sucedería con los dividendos y si se vislumbraba alguna esperanza de una buena ampliación de capital.

Existe la impresión de que tras la crisis se ha procedido a ajustar determinadas partidas de gasto, especialmente, el más fácil: el salarial y en ciertos niveles, no en todos y en cambio hay determinadas partidas de la cuenta de resultados y del balance que no se han visto muy afectadas.

Sabido es que el riesgo debe tener su premio. Que el empresario que arriesga su patrimonio o que se ve en la obligación de tener que asumir créditos, que deberá devolver, necesita una compensación. El accionista que invierte en una compañía lo hace para obtener un dividendo, su parte del beneficio. Y todos ellos arriesgan, no se acomodan a ceder su dinero a un banco o en una inversión de renta fija sin apenas riesgo.Pero hay quien se plantea hasta dónde ha de llegar dicho beneficio. Buena pregunta.

Cada vez que las grandes compañías presentan sus cuentas, los inversores permanecen expectantes y aplauden los grandes resultados.

Los beneficios consolidan la solvencia de las empresas y muy especialmente los de las entidades de crédito, donde esto es sinónimo de garantía.

Sin embargo algunos piensan que si el banco obtiene esas elevadas cifras de beneficio, bien podría pagar mejor el ahorro o cobrar menos por el crédito.

Si una compañía de seguros va en la misma línea por qué no rebajar un poco la prima que está cobrando por los seguros concertados con ella. Y en donde tengo asegurados mi coche o mi moto ¿por qué no me cobran menos?

Al fin y al cabo disminuir la tasa final de beneficio de una mutua, por poner un ejemplo, tendría un beneficio directo para los mutualistas y en cambio muchos de los gastos en los que incurren las entidades, como por ejemplo patrocinar ciertos eventos, no se entiende muy bien… Preferiría que ajustasen más sus tarifas. Y qué sucede con la factura del teléfono, del gas y de la electricidad. El consumidor paga buenas cantidades por estos servicios y las compañías se presentan con importantes beneficios, en la mayor parte de los casos.

Se sustituye desempleo por trabajos que se remuneran poco más que lo que hace esta prestación

Y qué decir de las plantillas de trabajadores que ven sus sueldos congelados o en disminución en base a una estricta política económica y laboral. Ellos tienen que hacer frente a una hipoteca, pagan el teléfono y el resto de servicios y son los más castigados.

Parece que debería producirse también un ajuste en estos conceptos y que habría que trabajar en una línea de tomar buena nota de estas circunstancias.

No se trata de entrar en un debate sobre la economía socialista ni marxista ni capitalista. Se trata más bien de ir hacia una economía al servicio de todos. Con un sacrificio compartido y beneficios económicos y sociales acordes con los tiempos que corren y con las competencias, responsabilidades y aportaciones de cada uno.

La demanda interna descansa en gran medida en el dinero que va a parar mes tras mes a los trabajadores y rentistas y todos ellos constituyen el motor de la producción y el empleo. Y sobre este último, hay que decir que la sensación en el ambiente es que se crea empleo pero de dudosa calidad. Se sustituye paro por empleo que se remunera poco más que lo que hace el paro. Se multiplican los salarios bajos y los empleos inestables, lo que no ayuda a los trabajadores a asumir ningún tipo de riesgo, dada la precariedad de su futuro. Esto se traduce en falta de alegría en el consumo. Y ahí está una de las claves de nuestra situación, sin olvidar que dependemos de la economía exterior en gran medida, tanto que cualquier alteración de las cuentas de nuestros vecinos o de Estados Unidos, por poner un ejemplo, sin olvidar a los países emergentes y Japón, supone una convulsión en la prima de riesgo de nuestra desorbitada deuda y un impacto negativo sobre nuestra economía.

Se puede tener noticia en los medios de comunicación de que la financiación de la deuda cada día es más barata. Cierto. El problema reside en que cada día tenemos más y más deuda. Todo lo que producimos equivale a nuestra deuda, de momento, porque va a continuar creciendo. El mensaje que llega es: seguid trabajando que en el Estado nos seguimos endeudando. Ya lo pagará alguien…

Por ello hay que hablar de una política económica de dudosa eficacia, de efectos muy reducidos y muy centrada en la política y poco en la economía. Hay que atajar la deuda eliminando entre otros gastos, las duplicidades y despilfarros en las Autonomías y en el Estado central.

Cuando el entorno internacional que nos afecta modifique su signo nuevamente recaeremos en nuestra crisis, de la que no hemos salido todavía. Potenciemos la demanda interna entre otras medidas acomodando tarifas y precios a los consumidores finales. Modernicemos nuestro importantísimo sector turístico, revitalicemos nuestra industria y preparémonos para el cambio de tipos de interés que se va a producir en Estados Unidos y que va a impactar fuertemente sobre Europa.

Cecilio Moral es catedrático de Economía Financiera  y director del Máster en Finanzas de Icade.