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El milagro alemán pierde fuerza

Alemania coquetea con una recesión que podría marcar el comienzo de una nueva era de crecimiento débil. Muchos de los catalizadores de sus estelares resultados de crecimiento en los últimos años están desapareciendo, y las políticas equivocadas añaden cargas.

Durante media década, la fortaleza de la economía alemana no ha dejado de sorprender. Se recuperó rápidamente tras la crisis bancaria de 2007. Ahora, el repunte ha parado. Sus think tanks económicos más importantes esperan un crecimiento del 1% en 2015.

La crisis de Ucrania, las sanciones contra Rusia y el lento crecimiento en el resto de la zona euro tienen parte de culpa. Pero no toda.

Un presupuesto equilibrado es el desacertado objetivo principal de la política de Angela Merkel

Las celebradas reformas del mercado laboral alemán de 2003 han seguido su curso. Recortar los beneficios a los desempleados de larga duración y hacer que los centros de trabajo fueran más eficientes vigorizó el mercado de trabajo. Pero mientras el número de nóminas sigue subiendo, los descensos en las cifras de desempleo se han esfumado. Al igual que sucedió en 2013, el país podría encontrarse en la situación paradójica de registrar un aumento de empleo y desempleo el año que viene. Esto pone de relieve los problemas del mercado laboral.

La persistente congelación de la inversión en el sector privado es otro problema. Además, la deprimente demografía frenará también el crecimiento. A muchos empleadores les resulta cada vez más difícil contratar trabajadores cualificados.

Angela Merkel no está abordando estos desafíos. En su lugar se ha embarcado en un retroceso parcial de las reformas anteriores. Los nuevos incentivos a la jubilación anticipada y unas prestaciones de pensiones más generosas para las madres harán subir los costes de la seguridad social. Una ley del salario mínimo mal diseñada pone a los empleos mal remunerados del este de Alemania en riesgo.

Un presupuesto equilibrado es el desacertado objetivo principal de su política. Eso será, de todos modos, más difícil de lograr en un entorno de bajo crecimiento. Sería mejor deshacerse de él de forma preventiva. Un programa de gasto en infraestructura pública y un freno a la expansión del estado del bienestar es lo que hace falta ahora.