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Una sucesión a destiempo

Christophe de Margerie era un líder carismático y extravagante al que será difícil reemplazar. Sin embargo, la contenida respuesta de los mercados financieros a su muerte en un accidente de avión en Moscú parece indicar que Total, el grupo petrolero francés que dirigió y presidió, puede hacer frente a la tragedia.

La cúpula tendrá que encontrar un sucesor a toda prisa. Una buena idea sería dividir los puestos de presidente y consejero delegado.

A De Margerie le gustaba decir que él escogió Total hace 40 años al salir de la escuela de negocios porque era la empresa más cercana a su casa parisina. Pero la carrera en la que se embarcó entonces, en la división de exploración y producción, era cualquier cosa menos local. Se convirtió en el responsable de la unidad en 1999, y en consejero delegado de Total en 2007, sumando el título presidente en 2010.

De sus años en Oriente Medio mantuvo un mantra que se convirtió en una obsesión: ir a buscar el petróleo donde está. Eso implicaba grandes inversiones con riesgos elevados y por las que se esperaban grandes recompensas, con incansables viajes alrededor del mundo y un interminable cortejo de regímenes que gobiernan países ricos en recursos. La cúspide de la estrategia fueron los años 2010 a 2012, cuando los precios del petróleo se mantuvieron estables en el rango de 100-120 dólares y parecían justificar la búsqueda del siguiente campo colosal.

Luego vino la gran corrección. El beneficio neto cayó casi un 20% en 2013 y los decepcionantes resultados de la gran exploración cambiaron el énfasis hacia la reducción de costes y la eliminación de activos. Total seguía deseoso de buscar nuevos campos.

Para cubrir el puesto de consejero delegado, a la compañía no le faltan posibles candidatos que la conozcan bien. Por otra parte, nombrar a un presidente con cierta talla internacional conciliaría las necesidades actuales de la empresa con los cánones de gobierno corporativo. Puede que hagan falta dos sucesores para ocupar el lugar de De Margerie.