Editorial

La zona euro debe refinar su estrategia

Seis años después del derrumbe de Lehman Brothers, que contagió la crisis financiera a Europa, la zona euro parece a punto de volver a la casilla de salida, con un crecimiento del 0% en el segundo trimestre que anticipa una temida tercera recesión. Con ese negro panorama en ciernes, los ministros de Economía de la zona euro se reunieron ayer en Luxemburgo para analizar, entre otras cosas, cómo evitar la nueva recaída. En ese foro sigue habiendo posturas inmovilistas, como las de su propio presidente, el holandés Jeroen Dijsselbloem, que insistentemente niega hasta el riesgo de recesión. Pero el dato positivo es que la mayoría de los ministros acepta ya que la estrategia seguida hasta ahora para combatir la crisis está agotada y necesita una revisión.

Los partidarios del cambio, entre los que figura el ministro español Luis de Guindos, consideran con razón que Europa ha carecido hasta ahora de una visión global de la solución de la crisis, ensimismada como estaba en la necesidad de acelerar la consolidación presupuestaria. Durante esa fase se han descuidado otras variables como la alarmante caída de la inversión (20% en relación con el periodo anterior de la crisis), el imparable descenso de la inflación o el récord endémico en las tasas de paro. Solo las sucesivas intervenciones del Banco Central Europeo han impedido un deterioro aún mayor. Pero el margen del BCE se agota, como advirtió en agosto su presidente, Mario Draghi. Y solo una ofensiva conjunta, que combine tipos de interés bajos, reformas estructurales y políticas expansivas en los países que puedan permitírselo puede sacar a la zona euro del atolladero. A nivel europeo, Bruselas debe poner en marcha cuanto antes el plan de inversión anunciado por el futuro presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, para que su propuesta de 300.000 millones de euros sirvan de catalizador para movilizar capital privado.

Tras la reunión de ayer, la nueva estrategia europea, más refinada y calibrada, podría abrirse paso definitivamente en la cumbre de la zona euro que se celebrará el próximo día 24. Pero el éxito de esa cita depende, como tantas veces, de un acuerdo entre Berlín y París que no parece fácil. Francia ha decidido forzar la negociación saltándose de manera unilateral los objetivos de déficit pactados para 2015. El desafío coloca a Bruselas en la difícil tesitura de aplicar a rajatabla el Pacto de Estabilidad o admitir que la coyuntura económica (baja inflación, estancamiento) aconseja prolongar los plazos de ajuste. De momento, Alemania ha pedido que se apliquen las normas sin trato especial a ningún país. Pero todo indica, y así debería ser, que se puede llegar a una fórmula de compromiso que permita a Francia aplazar a 2016 o 2017 el objetivo del 3% de déficit a cambio de un plan de reformas estructurales (en pensiones, parece la más urgente).