Nuevas inversiones para los patrimonios elevados

Gran fortuna busca empresa familiar

Gran fortuna busca empresa familiar

En el mundo hay 14 millones de grandes fortunas que disponen de un patrimonio aproximado de 40,7 billones de euros (unos 53 billones de dólares estadounidenses), según el Informe sobre riqueza mundial en 2014 de Capgemini. Por su parte, las empresas familiares generan nada menos que el 70% del PIB mundial.

Presentar los negocios familiares como una opción de inversión para las grandes fortunas es una idea que ni unos ni otros deberían desechar y que día a día podría ganar terreno en la economía mundial, según asegura el Estudio Global de la Empresa Familiar realizado por KPMG. Para elaborar este informe, los técnicos de esta consultoría se han entrevistado con inversores particulares, grandes patrimonios y directivos de empresas familiares de 29 países de todo el mundo, entre los que se encuentra también España. De las respuestas obtenidas se desprende que en la actualidad prácticamente seis de cada diez empresas familiares en el mundo (el 58%) está buscando opciones para financiar sus planes de inversión.

Sin embargo, los directivos de estos negocios de origen y propiedad familiar se quejan de que sus opciones de conseguir fondos mediante el capital privado son muy limitadas. Y la causa principal es que este tipo de financiación “suele exigir la venta de todo el negocio para maximizar el valor en caso de salida, y los socios suelen plantear su inversión con el objetivo, a largo plazo de asegurarse el cotrol total”. Ante este escenario, KPMG ha identificado con este estudio una vía infrautilizada hasta ahora para las inversiones, que no es otra que las grandes fortunas, muchas de las cuales nacieron precisamente de una empresa familiar.

Así, los resultados del informe aseguran que las principales prioridades de inversores con grandes patrimonios particulares coinciden plenamente con las de las empresas familiares.

En concreto, el 37% de los grandes propietarios señalan la revalorización del capital a largo plazo como el factor que determina sus operaciones, mientras que el 23% de los negocios familiares citan el retorno de la inversión en el largo plazo como su principal característica.

Además el 60% de este tipo de inversores apuesta por riesgos y retornos razonables en el largo plazo, otra característica que según KPMG encaja también perfectamente con la inversión en empresas de carácter familiar.

Es más, cuando las grandes fortunas optan por financiar este tipo de compañías –el 44% de ellas lo ha hecho ya en alguna ocasión– nueve de cada diez afirman que ha sido una experiencia positiva en comparación con el resto de sus inversiones.

En el caso de España, las grandes fortunas están más presentes en la financiación de las empresas familiares que en la media global del resto de países encuestados. Así, el 80% de las compañías de carácter familiar en España dice haber recibido fondos de grandes patrimonios.

En cualquier caso estas asociaciones podrían aumentar ya que “los inversores particulares con grandes patrimonios muestran interés por convertirse en fuente de financiación de negocios familiares, mediante capital o financiación subordinada, porque valoran la tradición y la confianza de estas compañías;que a su vez, valoran este recurso porque respetan la privacidad de la familia”, asegura Juan José Cano, socio responsable de Empresa Familiar de KPMG.

Miedo a los posibles conflictos entre parientes

Cuando se pregunta a los representantes de grandes fortunas por sus preferencias en el origen familiar o no de una empresa a la hora de invertir, el 39% optan porque sea un negocio familiar; el 25% porque no lo sea y al 36% les es indiferente. Sin embargo, la mayoría (el 56%) nunca ha invertido en un negocio familiar, según el estudio de KPMG.

¿Qué echa para atrás a este tipo de inversores? Las limitadas oportunidades que ofrecen estas compañías y la falta de viabilidad empresarial en muchos casos son los motivos –compartidos por los propios empresarios familiares– que frenan las inversiones de los grandes patrimonios en estas firmas.

Pero, sin duda, el miedo a los conflictos familiares y los desacuerdos entre los propios parientes que gestionan la empresa son las razones que más desincentivan a los inversores a la hora de entrar en un negocio familiar.

Así, la educación empresarial y una mayor comunicación entre posibles socios podrían salvar el primero de los problemas, según los expertos de KPMG. Por su parte, un buen diseño de la gobernanza interna de la empresa podría aliviar los recelos de las fortunas inversoras acerca de posibles conflictos familiares.

De esta forma, más del 70% de los encuestados creen importante la posibilidad de contar con un asiento en el consejo de administración de la compañía familiar en la que invertirán. Y la mitad valora la posibilidad de hacerse en un futuro con la mayoría de la empresa, algo que rechazan la mayoría de negocios familiares.