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Italia, atrapada entre dos teorías

¿Qué está yendo mal en Italia? Depende a quién se pregunte. Nadie pondría en duda que algo no ha funcionado en la tercera mayor economía de la zona de la moneda única. No se ha recuperado de la recesión de 2009, y la ya alta proporción de las deudas soberanas y el PIB ha seguido aumentando. La muestra más reciente de los problemas es que no cumplirá con el objetivo fiscal exigido por la Unión Europea de este año. Matteo Renzi, el primer ministro, parece estar luchando por encontrar una solución, y podría tener que rogar un alivio en los objetivos para 2015.

Las autoridades de Bruselas, Frankfurt y Berlín no están dispuestas a ser compasivas. Para la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, y para el consenso político alemán, los problemas de Italia son institucionales. El gobierno es demasiado obstructivo, el sistema educativo demasiado débil, el derecho laboral demasiado rígido.

Matteo Renzi podría tener que rogar a la Unión Europea un alivio de los objetivos para 2015

Para quienes opinan desde una postura más keynesiana, sean cuales sean los problemas a largo plazo de Italia, en este momento hay una escasez de gasto en el sector privado, que solo el gobierno puede aliviar. Endeudamiento y gasto, aseguran, es el camino a seguir. Estos tienden a culpar a la falta de recuperación de Italia en los años de déficits fiscales muy modestos y creen que las constantes críticas desde el norte retrasan las reformas manteniendo a los italianos deprimidos.

Ambas escuelas de pensamiento tienen parte de razón. Una combinación atrevida –importantes cambios institucionales y un aumento temporal sustancial del déficit fiscal– podría ser lo que necesita Italia. Renzi podría aprobar un plan de este tipo y, a juzgar por su discurso a los banqueros centrales del fin de semana, parece que el presidente del BCE, Mario Draghi, está de acuerdo.

Los políticos alemanes han sido hostiles, en parte debido a que no confían en los compromisos italianos para cambiar las cosas. Dado que Alemania es a la vez el líder intelectual y el mayor acreedor de la zona euro, le toca a Renzi demostrar que puede marcar una ruptura sustancial con la historia.