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El contagio económico del ébola

El ébola, que se ha cobrado 1.145 vidas en varias partes de África, podría viajar más allá de las fronteras de esa región. Pero la crisis de Asia con el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés) en 2003 mostró lo que podría ocurrir si llega a suceder. Los cambios en el comportamiento hirieron el crecimiento y la productividad más que la enfermedad real.

El brote de SARS en Asia hace once años mató a más de 750 personas, pero tuvo un efecto económico desproporcionado. China, Singapur y Taiwán vieron vaciarse restaurantes y hoteles, y caer los flujos turísticos. Hong Kong sufrió dos trimestres de caídas intertrimestrales en su PIB y las ventas minoristas cayeron un 6% interanual en el mismo período, según CLSA.

Sin embargo, el efecto fue relativamente breve. Tras seis meses de agitación, la mayoría de los indicadores económicos volvían a subir.

Los países pobres, en los que estas afecciones arraigan, están más conectados con el mundo que hace 11 años

Las consecuencias del ébola podrían ser más profundas. A diferencia del SARS, que se propaga a través de partículas por el aire, el ébola parece infectar a través del contacto directo con fluidos corporales. Las características horribles de la enfermedad –incluyendo hemorragia externa– pueden hacer que el riesgo percibido sea mayor que el peligro real.

Los países pobres, en los que este tipo de enfermedades suelen arraigar, también están más conectados con el resto del mundo que hace 11 años. Las exportaciones mundiales de bienes y servicios han aumentado 66% desde 2003, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo –pero se han más que duplicado desde y hacia países fuera de la OCDE–.

Tranquiliza el hecho de que las instituciones pueden manejar mejor los brotes hoy en día. El hecho de que el gobierno de China escondiera el SARS costó tiempo y vidas. Sin embargo, sus recientes brotes de gripe aviar se llevaron mejor. Es demasiado pronto para juzgar si el ébola será un problema global, pero en la lucha contra el miedo, unas instituciones saludables son una primera línea de defensa esencial.