En portada

De la costa al interior sin salir de la Península

Naturaleza, buen clima, una rica gastronomía... y a disfrutar de pueblo en pueblo

De la costa al interior sin salir de la Península

Son muchos los atractivos que colocan a España como el tercer país del mundo en número de entradas de turistas y segundo en ingresos, según los últimos datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT).

El año 2013 marcó el mejor registro histórico en nuestro país tanto por volumen de turistas internacionales, 60,6 millones, como por gasto, 59.082 millones de euros. Lo que supuso un incremento del 5,6% respecto a 2012, en el primer dato, y de un 9,6% en el segundo, en un año ya excepcional como fue 2012.

El sol y la playa son los puntos fuertes que atraen a los viajeros, pero España también tiene otras fortalezas que no solo se dan en nuestras costas e islas.

España tiene una variada riqueza cultural y es el segundo país del mundo que cuenta con más declaraciones de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco (un total de 42), una gastronomía envidiada y envidiable con numerosas distinciones internacionales, y tiene también una naturaleza privilegiada. Es el segundo país de Europa en superficie de espacios naturales, con 14 parques nacionales y 126 parques naturales.

Rutas con sol, buen clima y mejor gastronomía, naturaleza, deporte y ocio

Disfruta también de una amplia infraestructura hotelera, que nos coloca como el segundo país europeo en número de plazas hoteleras, con 3,2 millones, más del 50% de ellas de categoría superior (cuatro y cinco estrellas), y 15.000 establecimientos de turismo rural.

España es también uno de los países que más atrae a los practicantes del golf, esquí y deportes náuticos, incluido el submarinismo; a los que buscan un turismo de bienestar, con más de 120 estaciones termales, y empieza a posicionarse como un destino puntero para el turismo de compras, reuniones y congresos.

De costa a costa, sin contar las islas, o por pueblos del interior, estas son algunas opciones sin salir de la Península.

Un paseo por el románico a la vera del río

El famoso castillo de Aguilar de Campóo.
El famoso castillo de Aguilar de Campóo.

Un castillo románico del siglo XII  enclavado en la Peña Aguilón domina la localidad palentina de Aguilar de Campóo, famosa también o más por sus galletas. Aguilar es además un punto clave en la ruta del románico castellano-leonés. 

Entre sus rincones más sugestivos destacan la plaza de soportales, donde se ubica la colegiata de San Miguel, del siglo XIV; el monasterio de Santa María la Real, un templo  protogótico del siglo XI de gran belleza e incluido entre los más antiguos de España. Este edificio abandonado durante más de 150 años fue rehabilitado y hoy acoge el Museo del Románico.

Y, por último, la ermita de Santa Cecilia, con sus singulares capiteles tallados y ubicada a los pies del castillo.Aguilar, la ciudad-museo, tiene mucho para ver y disfrutar. A través de alguna de sus cinco puertas se accede a su laberíntico trazado medieval.

Su plaza Mayor, porticada y con hermosas galerías acristaladas, es de las más bellas de España. A ambos lados de la plaza asoman magníficas casonas blasonadas, con enormes balconadas apoyadas sobre soportales de piedra o madera. 

El paseo de la Cascajera, que recorre la ribera del Pisuerga y bordea la muralla medieval de la ciudad, resulta una delicia en cualquier época del año.

Un real sitio para ir de vacaciones como un príncipe

Vista del monasterio de El Escorial, en Madrid.
Vista del monasterio de El Escorial, en Madrid.

A tiro de piedra de Madrid, en medio de las sierras de Guadarrama y Gredos, al pueblo de El Escorial solo le separan 46 km de la capital, pero comparte con esta un aire majestuoso, muchos atractivos culturales y un rico pasado histórico, y además tiene una ventaja: en verano su clima es mucho más agradable y benigno.

Este pueblo es conocido sobre todo por el espectacular monasterio que mandó edificar Felipe II en 1563. El rey anhelaba aunar en un gran palacio el lujo y poderío de los Habsburgo y el recogimiento de un lugar que le permitiera dedicarse a la vida contemplativa y desarrollar su pasión por la ciencia y el arte. Tardó 21 años en ver su sueño realizado.

Pero el monasterio de San Lorenzo de El Escorial es mucho más que su recinto monumental. Es patrimonio mundial no solo el templo sino también las construcciones adyacentes, como las casas de oficio, el casco antiguo, la Casa del Príncipe, el monte Abantos y el de la Herrería, donde se ubica.

En sus callejuelas abundan las galerías de arte y las tiendas de artesanía, restaurantes y locales de ocio, muchos de ellos emplazados en edificios históricos.

En lo más alto del Pirineo, entre rudas montañas

El puente romano en la navarra Isaba.
El puente romano en la navarra Isaba.

En Isaba, en pleno valle del Roncal, conocen muy bien su potencial turístico y cuidan su pueblo con esmero. Esta localidad pirenaica tiene una privilegiada situación geográfica a los pies del valle de Belagua, bañada por las aguas del Esca, rodeada de agrestes montañas y a 94 km de Pamplona.

Al llegar, casi a la entrada del pueblo, encontramos un dolmen del periodo Neolítico y descubrimos un pueblo de calles estrechas y cuidadosamente empedradas, a lo largo de las cuales se alzan sus casas señoriales de piedra y madera, con sus característicos tejados rojos empinados. Una edificación más práctica que caprichosa, ya que evita que en invierno la nieve se deposite en ellos.

En las fachadas llama la atención los balcones de madera adornados de tiestos y flores, sus cerraduras antiguas y sus llamativos picaportes. Destaca también el conjunto arquitectónico de la iglesia de San Cipriano, del siglo XVI, una fortaleza en toda regla.

La Casa de la Memoria nos recordará todo el pasado de esta localidad y nos descubrirá un gran número de rutas para practicar el senderismo, en verano, y el esquí de fondo en invierno. Cerca de Isaba se encuentra el monasterio de Leire, el castillo de Javier y las Foces de Lumbier y Arbayún.

Entre paredes verticales, en la cima de Arán

Casa Perú es famosa por su cocina aranesa.
Casa Perú es famosa por su cocina aranesa.

De este pueblo dicen que mira a su entorno desde arriba. Desde los 1.490 metros en el que se sitúa Babergue, en el valle de Arán, es el más alto de la zona y al que protege un bellísimo entorno de paredes verticales de piedra y verdes prados.

Desde la carretera que da acceso al pueblo se divisan los picos de Baqueira-Beret, que da nombre a la famosa estación de esquí.

Sus calles empedradas y sus casas de piedra de construcción típicamente aranesa le dan un agradable toque bucólico, donde el tiempo pasa lentamente. El pueblo cuenta con numerosos alojamientos, entre ellos casas rurales con encanto, y establecimientos para comer.

Uno de los más famosos es Casa Perú, imprescindible para degustar la cocina tradicional aranesa. Es famosa su tortilla, algunos de sus guisos como las albóndigas de ciervo y sus carnes a la parrilla.

Otro de los atractivos de Babergue es la casi visita obligada a la quesería del pueblo, la única en toda la zona, en la que se puede apreciar el proceso de elaboración de los quesos del Vallés. La preciosa iglesia de San Félix, un templo románico del siglo XIII, es la joya monumental del pueblo.

El último lugar donde se pone el sol en Europa

La bonita playa del Lago, en Muxía.
La bonita playa del Lago, en Muxía.

Leyendas, naufragios y todo tipo de desastres forman parte de la historia de Muxía, tanto como su mar salvaje y hermoso, sus furiosos vientos o su apreciado marisco.

Enclavada en plena Costa da Morte, llamada así por los numerosos siniestros que allí se han producido, Muxía es una accidentada franja costera con playas inmensas, como la del Lago, Carnota, O Rostro y Baldaio.

Esta localidad gallega, a cien kilómetros de La Coruña, es también una zona de abruptos acantilados, fuertes corrientes marítimas y él último lugar donde se pone el sol en Europa, en cabo Touriñán, un paraje que recuerda al navegante la bravura de su naturaleza.

El mar se impone y así lo recuerdan algunos de sus enclaves más famosos, como el Cementerio de los Ingleses, cerca de cabo Vilán, donde fueron enterrados los marinos del Serpent en 1890. Tal vez para pedir una tregua al cielo, esta es una costa salpicada de santuarios mágicos, como el de la Virgen da Barca, hoy en reconstrucción tras ser arrasado por un incendio en diciembre de 2013.

Muy cerca y casi pegada al mar está la piedra de Abalar, que según cuentan son los restos de la barca de piedra en la que llegó la Virgen a estas costas y testigos mudos de ritos paganos celtas.

Calas escondidas para huir del turismo masivo

Piscina natural en una playa de Calella.
Piscina natural en una playa de Calella.

Playas de roca y arena gruesa y aguas cristalinas bañan Calella de Palafrugell, a unos 30 kilómetros de Gerona. Este antiguo pueblo de pescadores ha logrado sobrevivir al turismo masivo de otros lugares de la Costa Brava.

En este precioso pueblo se respira tranquilidad y calma, como la que planea sobre las barcas de colores que se esparcen sobre playas y calas en espera de que suba la marea para salir de pesca.

El Carrer de Les Voltes, en primera línea de mar, es su calle más famosa, con sus casas del siglo XIX y sus arcadas porticadas.

Desde Calella es típico recorrer el Camíns de Ronda hasta Llafranc y Tamriu, otros dos pueblos costeros, que ofrecen una panorámica excepcional de la costa. Muy cerca está Cap Roig, ideal para largos paseos o excursiones en bicicleta. Es famoso, entre otras cosas, por su jardín botánico y sus festivales musicales de verano.

Entre ellos, el encuentro anual de habaneras, que el próximo 2 de agosto celebrará su edición número 30, en la playa de Port Bo.

El jardín destaca por sus terrazas naturales que descienden desde el castillo, en la cima, hasta el borde del mar.

Entre ‘pintxos’, viejos balleneros y olas de tubo

La ida y venida de barcos anima el puerto viejo.
La ida y venida de barcos anima el puerto viejo.

Temperaturas suaves, olor a mar en cada una de sus calles y una calma solo interrumpida por el ajetreo de la llegada o salida de los barcos de pesca caracterizan a la pintoresca villa vizcaína de Bermeo.

Enclavada en la comarca de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, la historia de Bermeo está unida al océano desde siempre.

Antiguamente, la captura de ballenas le dio fama, hoy la pesca de la anchoa y del verdel, sobre todo en primavera, da vida a este animado pueblo. La cofradía de pescadores, los muelles, los barcos y las casas del puerto viejo reflejan su estrecha relación con el mar.

Bermeo cuenta con atractivos turísticos tanto por mar como por tierra, para los amantes del senderismo y de la cultura de los pintxos.

En barco se puede acceder y recorrer la isla de Izaro, las cuevas de Ogoño o Mundaka, al norte, conocida entre los surfistas por su fantástica ola izquierda con forma de tubo, considerada una de las mejores de Europa, pudiendo alcanzar entre 3 y 4 metros de altura y unos 400 metros de recorrido.

La ermita de San Juan de Gaztelugatxe, el cabo Machichaco y la isla de Akatz impresionan por su belleza. El Museo del Pescador y el ballenero Aita Guria, visitable hasta el 14 de septiembre, son otros puntos de interés.

Un rincón salvaje con el mar y el viento a favor

El viento favorece los deportes náuticos.
El viento favorece los deportes náuticos.

Antaño fue refugio de piratas y puerto fronterizo, hoy Tarifa sigue siendo el punto de Europa más cercano a África, pero se ha convertido en uno de los lugares favoritos de los amantes de los deportes que necesitan las olas y el viento como aliados. Es también un abrigo para bohemios, románticos y rebeldes con o sin causa.

A merced del viento de Levante, la localidad gaditana es un lugar de culto para los aficionados al windsurf, kitesurf, flysurf, buceo o snorkel. Playa Chica, Los Lances y Valdevaqueros o la fantástica playa de Bolonia, un arenal salvaje, son algunas de sus playas más impresionantes en sus más de 35 kilómetros de costa. El Cañuelo, Los Alemanes o Atlanterra, continuación de la espectacular Zahara, no le defraudarán.

Déjese atrapar por las estrechas calles del casco histórico, bulliciosas y llenas de fábulas; recorra los vestigios prehistóricos, fenicios o árabes y sucumba a sus parques naturales como el de Los Alcornocales, el del Estrecho o de Los Lances –área de migración de aves en el Estrecho– o la Duna de Bolonia, con más de 30 metros de altura en el istmo de Punta Camarinal. Y, sobre todo, disfrute de su luz.