Están presentes en organizaciones como el BBVA y FCC

Ponga un noble en el consejo

A todos ellos les respalda una trayectoria profesional marcada por el éxito

Ponga un noble en el consejo

La historia se remonta a la década de los años veinte, con el crecimiento de los bancos en España. Es en esa época cuando los nobles, que son los que disponen de posibles, comienzan a hacer inversiones y entrar a formar parte de los órganos de decisión de las entidades financieras. Más tarde, con la Guerra Civil, esta tendencia se fue diluyendo y en los años sesenta y setenta, cuando la capacidad económica de la agricultura en España pierde fuerza (la mayoría eran terratenientes), los nobles van disminuyendo su capacidad para influir en el mundo empresarial.

Todo esto lo recuerda Diego del Alcázar, presidente de IE Business School, grande de España, marqués de la Romana desde 1996 y consejero de Técnicas Reunidas, quien asegura que si está presente en el máximo órgano de decisión de la empresa es por su valía profesional y no por su título nobiliario. De hecho advierte de que tiene “cinco hermanos con título nobiliario y ninguno de ellos está en ningún consejo de administración, lo que cuenta en estos momentos es el prestigio profesional”.

Lo cierto es que hoy día, la nobleza en España se sienta en los consejos de administración. Al menos 19 compañías cotizadas tienen en sus máximos órganos de representación a profesionales que a su vez cuentan con un título nobiliario. Es el caso de BBVA, que tiene al abogado del Estado José Maldonado Ramos, conde de Galiana, título concedido por el pretendiente carlista Carlos VII en 1879 y que él ostenta desde 1993. Al consejo de la misma entidad financiera también pertenece Ramón Bustamante de la Mora, marqués de Villatorre y vizconde de Cabañas, ambos concedidos por Carlos IIen 1673.

“Es el prestigio profesional lo que cuenta”, dice Diego del Alcázar

O el del economista, ingeniero y exministro de Agricultura Jaime Lamo de Espinosa, marqués, desde 1987, de Mirasol, título concedido por Carlos II en 1689, que pertenece al consejo de Mutua Madrileña. O el caso del abogado y técnico comercial del Estado Carlos Espinosa de los Monteros, marqués de Valtierra desde 1985, que hasta 2009 fue presidente de Mercedes-Benz en España y que actualmente ejerce como Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España y es consejero de Acciona y de Inditex. El consejo que cuenta con más nobles en su asientos es FCC, con cinco: Esther Koplowitz, marquesa de Casa Peñalver; Alicia Alcocer Koplowitz, marquesa de Campo Florido; Carmen Alcocer Koplowitz; condesa de Peñalver; Fernando Falcó, marqués de Cubas, y Marcelino Oreja, marqués de Oreja.

A todos ellos les respalda una trayectoria profesional. “A mí es el Instituto de Empresa lo que me ha llevado a estar en un consejo de administración. Cuando se forma el capitalismo en España se escogía a los que tenían fortuna, pero ahora se elige a los que tienen trayectoria profesional”, afirma Diego del Alcázar, que ostenta un título concedido a su familia en 1739 por Felipe V, además de ser grande de España, máxima dignidad de la nobleza española en la jerarquía nobiliaria, situada inmediatamente después de la familia real.

En los consejos de administración de las empresas españolas hay otros dos ejecutivos con rango de grandeza de España. Se trata del consejero de Telefónica Fernando Almansa, cuya familia recibió de manos de Carlos III en 1773 el vizcondado del Castillo de Almansa, título que ostenta desde 1979. Es abogado de profesión, ha desarrollado carrera diplomática en Bruselas, México o Moscú y fue jefe de la Casa Real con el rey Juan Carlos. Quien es dos veces grande de España es José María Castillejo, presidente y fundador de Zinkia, la productora de Pocoyó, que además cuenta con tres títulos nobiliarios en su haber: es conde de Floridablanca, marqués de Aldama y conde de Armildez de Toledo.

“Muchos nobles aportan relaciones y visión de negocio”, dice José Medina

Entre tener un noble o no tenerlo en el consejo, José Medina, presidente para España y Portugal de la firma de búsqueda de directivos y de consejeros independientes Odgers Berndtson, lo tiene claro: es mejor tenerlo. “Conozco a muchos nobles, marqueses, condes y grandes de España que son consejeros muy sólidos y profesionales”, advierte Medina, que opina que, además de cumplir con lo que se busca en un profesional que ocupe un cargo de esta relevancia, son importantes las relaciones que puedan aportar, además del negocio que genere.

“Ha de ser un conseguidor, debe hacer lobby, aunque en España esta palabra sea gris, pero además ha de aportar una visión estratégica sobre el presente y el futuro del negocio”, agrega este consultor, que afirma que conoce a muchos nobles que aportan ambas cosas, además de una experiencia de éxito contrastada en cuanto a su pasado y carrera profesional. Aquí pasa como en todo, añade Carlos Alemany, presidente de la empresa de búsqueda y valoración de ejecutivos y consejeros Alemany & Partners, hay gente que aporta valor y otros que no. Y recomienda no fiarse de apellidos ni impresionarse por títulos nobiliarios, sino por el expediente profesional. “Por ello se debe profesionalizar aún más la búsqueda de consejeros y no que se haga en función de las amistades”, explica.

Porque el consejero, independientemente de si tiene rango nobiliario o no, debe tener actitud, esto es, servir al puesto “y no servirse del cargo, pero además ha de tener compromiso con su cometido, con el proyecto y con la empresa. Por último, afirma Medina, ha de tener dedicación, “tiene que responder a lo que se espera de él”. Y lo que se desea, en la mayoría de los casos, es que genere negocio. Esto no significa que fichar a un consejero sea como contratar a un director comercial. “Hay que tener mucho cuidado con aquel que dice que cuenta con una cartera de clientes, ese no aportará nada, porque lo que debe generar son nuevos clientes”, explica.

La moda ahora es el político

Los nobles están siendo desplazados de los consejos de administración por destacados miembros de la clase política. Ahora la moda es sentar en el máximo órgano de supervisión a algún expolítico, “alguien que tenga buenas relaciones, que se maneje bien con el poder”, afirma Carlos Alemany, responsable de la firma de selección de alta dirección Alemany & Partners. “Los políticos son los nuevos nobles en los consejos debido a su red de contactos”.

Esta tendencia de echar mano de la nobleza para abrir mercados y generar nuevos negocios, asegura Alemany, surgió en España entre la década de los sesenta y los setenta. “Cuando empezaron a llegar las multinacionales estadounidenses a España, como Ford. Se buscaba que en los consejos hubiera gente con buenas relaciones con el establishment de la época, y eso solo podían tenerlo quienes tenían apellidos ilustres”, explica Alemany, que no cree que nadie se sintiera impresionado por el título nobiliario, sino por las relaciones que tenían. “Y esto continúa a día de hoy, pero lo verdaderamente importante dentro de un consejo es que todos los miembros aporten valor, y esto algunas veces sucede y otras no”, insiste.