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Columna
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Los bancos centrales llaman al problema

Es un lugar común para los banqueros centrales protestar contra las violentas oscilaciones de precios, pero en estos días están preocupados porque los mercados están demasiado calmados. El presidente de la Fed de Nueva York, William Dudley, el miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo Ignazio Visco, y el vicegobernador Banco de Inglaterra Charlie Bean han expresado recientemente su inquietud por una volatilidad muy baja. Hacen bien en preocuparse, pero a la hora de echar la culpa, las autoridades deben mirarse en el espejo.

Casi seis años de dinero barato de los bancos centrales han impulsado los precios de cierta gama de activos y progresivamente disminuido los giros del mercado. A su vez, unas condiciones reales más tranquilas han deprimido las expectativas de cómo se moverán los precios en el futuro. Quienes participan en el mercado ahora cuentan con unos precios tan plácidos que muchas cifras de la volatilidad que se espera en títulos, bonos o divisas están por debajo de la media registrada en los cuatro años previos a la crisis financiera.

El dinero barato han impulsado los precios de cierta gama de activos y reducido los giros del mercado

Cuanto menos temen los inversores los retrocesos agudos, más se fijan en la caza de unas mejores rentabilidades. Esto se traduce en una demanda de deuda con más riesgo y menos líquida, alimenta el apetito por la renta variable con valoraciones cada vez más ricas y tienta a los inversores a utilizar el dinero para apostar, según señala el último Informe de Estabilidad Financiera del BCE.

En las circunstancias actuales, con tantas apuestas por el mismo resultado, los pequeños contratiempos podrían convertirse rápidamente en derrotas. Y cualquier sacudida a la baja en los precios sería más pronunciada, ya que la regulación y otros factores han reducido la liquidez del mercado.

El problema es que los bancos centrales están perpetuando esta situación. Es poco útil decir a los inversores que tengan cuidado con la baja volatilidad mientras sus políticas la promueven.

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